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BARCELONA (DPA).- El húngaro Ladislao Kubala, mítico ex futbolista de Barcelona en la década del cincuenta, falleció ayer en la clínica del Pilar de la capital catalana, a los 74 años. Unico futbolista que integró tres selecciones, dedicó su vida al deporte que amó y que sólo pudo truncar una complicación pulmonar.
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Nacido en Budapest el 10 de junio de 1927, Kubala se crió en el seno de una familia de origen eslovaco y desde muy pequeño se destacó como un gran jugador de fútbol.
Su figura empezó a surgir con fuerza en el conjunto de Ganz, en el que brilló en 1945. Su talento no pasó inadvertido y debutó muy joven en el seleccionado de su país natal. Sólo había jugado seis partidos cuando se mudó a la ciudad eslovaca de Bratislava. Allí fue tentado para jugar por el equipo nacional de Checoslovaquia y lo hizo en once partidos.
Kubala regresó a Hungría, pero tuvo que huir del país tras el ascenso al poder de los comunistas y se refugió en Austria. "Nunca me interesó la política. Simplemente, noté que en Hungría no podía vivir", dijo el jugador tras abandonar su patria vestido con un uniforme del ejército soviético.
Mientras, en Italia, Torino y Pro Patria intentaron contratar sus servicios, pero el delantero tenía que cumplir un año de sanción por problemas burocráticos con la federación de su país. Ello motivó que entre 1949 y 1950 formara parte de Hungaria, el equipo de los exiliados que no podían jugar oficialmente.
Uno de los grandes mitos de Barcelona (probablemente el mayor, después de Kubala), Josep Samitier, lo vio lucirse en Sarriá y se empeñó en que el húngaro se incorporara al equipo catalán. Cuando el régimen franquista le concedió la condición de refugiado político, Kubala obtuvo la nacionalidad española el 1° de junio de 1950, aunque desde el 29 de abril ya formaba parte del club.
Su fortaleza física y su calidad técnica llevaron a Barcelona a vivir una de las mejores épocas de su historia. Kubala no tardó en convertirse en una estrella y marcó 243 goles en los 329 partidos que jugó en los once años que defendió la camiseta barcelonista. También defendió los colores nacionales de España, lo que lo convirtió en el primer jugador (hasta hoy, el único) que jugó en tres conjuntos nacionales distintos, aunque jamás llegó a participar de una Copa del Mundo.
La gloria de su paso por Barcelona quedó reflejada en los innumerables logros del conjunto, mientras que su figura era contrapunto ideal de las discusiones que lo medían con Alfredo Di Stéfano, símbolo de Real Madrid.
Con Kubala, Barcelona ganó cuatro campeonatos locales (1952, 1953, 1959 y 1960), cinco copas de España (1951, 1952, 1953, 1957 y 1959), dos copas de Ferias (1958 y 1960) y alcanzó una final de la Copa Europea de Clubes Campeones (1961). Después, el jugador sumaría otra copa de España, en 1963, con Español, equipo que lo cobijó tras su paso por Barsa.
Cuando abandonó la práctica activa, en 1962, dirigió al club que lo consagró, pero un año después fue destituido. Entonces, volvió a jugar. Lo hizo en Español, donde simultáneamente también fue DT, función a la que, desde 1965, se dedicó con exclusividad. Pasó por Córdoba, Murcia, Elche y Málaga, además de varios seleccionados: España, entre 1969 y 1980; Arabia Saudita y Paraguay, de la que se retiró en 1995 tras un período poco feliz.
Su filosofía como entrenador era clara: "A los cuatro minutos de juego, ya sé cómo se mueven los adversarios. Y sobre eso les doy las instrucciones a los míos", solía argumentar.
El 12 de febrero último fue internado con una progresiva enfermedad cerebral y permaneció hasta ayer en la clínica del Pilar.


