La deuda de Gustavo Alfaro: Boca gana, pero todavía no supera la inmadurez colectiva

Alfaro no logra que Boca mantenga el ritmo en los partidos
Alfaro no logra que Boca mantenga el ritmo en los partidos Crédito: @BocaJrsOficial
Franco Tossi
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19 de agosto de 2019  • 23:58

El papelón de la eliminación reciente ante Almagro, por la Copa Argentina, no solo generó ruido en los hinchas y los dirigentes: también fue una fuerte señal que merodeó en la cabeza de Gustavo Alfaro, incluso en los días posteriores. El análisis de aquella jornada no había ido a fondo: "Cada vez que venimos bien, recibimos un golpe", declaró al borde de una resignación momentánea. Sin embargo, tras el triunfo ante Aldosivi en la Bombonera, por la Superliga, aún con el 2-0, se terminó de convencer de que a su Boca le está faltando algo esencial para que un puñado de buenas intenciones le de solidez como equipo: madurez.

"Como equipo no estamos maduros", analizó casi a modo de autocrítica, con una sinceridad que hace pensar que las charlas profundas con su plantel serán una constante. Porque se trata de un concepto que quiere impregnar desde el primer día de su ciclo y sobre todo apuntando a los duelos decisivos que se vienen por la Copa Libertadores, pero que -evidentemente- todavía no puede lograr.

¿Cuál es la cuestión? Al equipo le cuesta mucho mantener el ritmo o hacer más extensas esas buenas intenciones futbolísticas que muestra en determinadas etapas de los partidos. Es así como, en repetidas ocasiones, mostró una cara en el primer tiempo y otra en el segundo: arranca dormido, pero después encuentra una reacción y puede definir un partido; o pone velocidad de quinta desde el vestuario, pero se queda sin nafta en la recta final. Casualmente, lo primero sucedía mucho en el semestre pasado, mientras que lo segundo está sucediendo por estos días.

Fueron escasos los encuentros en los que Boca, con Alfaro, tuvo 90 minutos que rozaron lo perfecto. En la cúspide, la goleada ante San Lorenzo (3-0), hace más de cinco meses. Apenas por debajo, la muy buena labor en la revancha de los octavos de final de la Libertadores ante Athletico Paranaense (2-0), hace tres semanas. Quizás, se puede agregar tímidamente el reciente éxito en Paraná, ante Patronato (2-0), en el que disputó 45 minutos iniciales excelentes, pero volvió a aminorar la marcha como acostumbra, pese a no complicarse en el trámite.

Entonces, la falta de madurez es una realidad. Apenas asumió la dirección técnica, el rafaelino de 57 años fue claro con una de las tantas cosas que quería: "La posibilidad que te da este club es la de abrir el ropero y tener a disposición la vestimenta para la ocasión. A veces el partido te va a pedir tenencia, a veces presión, en otras te va a obligar a ser vertical. Hay circunstancias que te ponen el contraataque como otra opción. Hay circunstancias y formas. Por eso este plantel tiene que tener como virtud saber adaptarse a las cosas que pide cada momento del partido. Necesitamos esa claridad conceptual", había dicho en su primera entrevista.

No obstante, hasta acá eso no se ve: hay una estructura colectiva mejor armada que con los anteriores entrenadores, pero sigue faltando esa picardía de entender por dónde pasan las cosas y cómo se debe reaccionar ante determinadas adversidades: a Boca le dominan grandes fracciones de los encuentros, desde equipos fuertes hasta algunos muy inferiores, sin importar el contexto. Y lo lastiman, pero ahí está la figura siempre segura de Esteban Andrada: 19 vallas invictas en los 30 partidos oficiales que jugó con el actual técnico.

"Es algo que está en mi columna del debe. Todo equipo tiene su maduración. Es un aprendizaje, a veces, doloroso, como el del otro día. Esas experiencias duras, si sos maduro, no las pasás. Madurez es saber esperar, trabajar los partidos, manejar los tiempos. Y no es lo mismo que la experiencia, que es sacarle provecho a situaciones que pasaron en el pasado", sentenció el domingo.

Y cerró el concepto con un ejemplo: "Almagro nos hizo un gol casi sin atacar, esa fue la picardía. No nos pueden agarrar con los dos zagueros abiertos estando en un club como Boca, en la que defender bien es defender con calidad, con los defensores adelantados y con espacios porque los rivales te juegan al contragolpe. Hay que estar atento a esas cuestiones. No somos maduros como debiéramos".

Siete meses lleva Alfaro en Boca sin poder ganar esta batalla. Pero la presión aumenta en la previa del choque con Liga de Quito, en Ecuador, por la ida de los cuartos de final de la Libertadores, la obsesión xeneize: apenas cinco encuentros lo separan de la gloria continental. ¿Será tiempo suficiente para que sus jugadores crezcan en ese déficit en el que están inmersos, teniendo en cuenta que el trayecto sin poder revertirlo es mucho más prolongado y que los partidos que se avecinan serán más exigentes que los encarados hasta aquí?

No parece un tema más. Sobre todo, en un certamen semejante. Si no se lo tiene incorporado, los adversarios lo pueden aprovechar. Y Boca lo sabe bien, que convivió con la inmadurez ante River, el año pasado: entre la Bombonera y el Santiago Bernabéu no pudo sostener las tres ventajas de un gol que tuvo en 124 minutos (desde el gol de Ramón Ábila en la ida hasta la paridad de Lucas Pratto en Madrid), tampoco supo sobreponerse a la desventaja en España y hasta le hicieron un gol amateur en la Ribera que hoy sigue siendo motivo de cargadas: sacando del medio campo tras el festejo mencionado de Wanchope. Alfaro no estuvo a cargo en esos momentos duros, pero sí muchos jugadores actuales pasaron por aquello.

Como bien reconoció el DT, la responsabilidad también es suya. Deberá hacer mucho énfasis para que en la Copa se vea un Boca más "inteligente", que no repita errores del pasado y no desacelere más hasta transformarse en un equipo más sólido.

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