La ecuación Alfaro. Para el DT, Boca está lejos en el juego, pero va recuperando el carácter

Gustavo Alfaro da pasos hacia adelante (desde los resultados) en Boca
Gustavo Alfaro da pasos hacia adelante (desde los resultados) en Boca Crédito: Marcelo Aguilar
Franco Tossi
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18 de mayo de 2019  • 22:01

La sonrisa de Gustavo Alfaro se potencia a medida que pasan los triunfos. "Soy un convencido de que lo único que hace crecer a un equipo es la confianza. Y la confianza te la dan los resultados. Nada más", es su frase habitual. Desde esa base parte el entrenador para darle forma y recuperar a este Boca que viene de varios golpes duros e imborrables. Trata de hacerse amigo del éxito, da pequeños pasos en busca de algo grande. Y una clara idea de juego, eso que tanto le está costando producir, la promete para el próximo semestre, con la ayuda del mercado de pases.

Estos meses le están sirviendo para evaluar qué es lo que tiene en su nueva casa. Qué es utilizable y qué puestos hay que reforzar, teniendo en cuenta también que algunos nombres importantes para su estructura pueden llegar a irse, como es el caso de Nahitan Nandez. Alfaro hoy prioriza otras cosas antes que la elaboración, también influido por algunas bajas importantes por lesión, e -incluso- que la táctica: "Yo le digo a mis jugadores que lo más importante es la actitud. No el correr y meter, sino en confiar en que lo que tenés, te alcanza. Y que tu destino está en tus manos".

El triunfo por penales en la eliminatoria de cuartos de final de la Copa de la Superliga ante Vélez, que lo depositó en la semifinal ante Argentinos (la ida es hoy, en La Paternal), es un paso adelante más en busca de su objetivo: "Tratamos de armar el equipo más competitivo posible, tratando de ver cómo podemos potenciar nuestras virtudes y cómo condicionar las del rival. Y, después, hay que saber ganar los partidos o, por lo menos, no perderlos", aseguró. Entonces, más allá del desequilibrio o las genialidades que puedan hacer los futbolistas de jerarquía con los que cuenta, está el traslado de la actitud y la inteligencia. Eso, para "volver a ser Boca".

El camino va rumbeado. Porque sus números como entrenador de Boca son indiscutidos. Ya lleva dirigidos 24 encuentros oficiales, de los cuales se impuso en 14 oportunidades, igualó en ocho y solo salió derrotado en dos (ante Atlético Tucumán, en la Bombonera, y Athlético Paranaense, en Curitiba, por la Copa Libertadores). Y dentro de esas estadísticas hay que sumar que consiguió la Supercopa Argentina ante Rosario Central y que fue el vencedor en los dos mano a mano que disputó en la nueva competición nacional. Además, sus hombres ganaron dos series por penales y reavivaron el fuego de las viejas épocas gloriosas: "Como los triunfos que teníamos con Bianchi", sostienen ilusionados los cercanos al plantel.

La gran deuda, está claro, es el juego. A lo largo de su ciclo se recuerda un solo encuentro en el que Boca haya deleitado con su juego: el 3-0 al San Lorenzo de Jorge Almirón. Exceptuando aquello, existieron pequeños ratos de buen fútbol en la primera mitad de su etapa en Boca: los jugadores se juntaban y movían con criterio la pelota, ya sea para empezar un ataque o bien para cuidarla ante un trámite complicado.

Apenas se puso el traje de técnico de Boca, el rafaelino de 56 años notó que una de las falencias que había en el plantel era la falta de un volante por izquierda de oficio. A la par, vio que Emanuel Reynoso era el único que podía disimular esa falta, pero así y todo no le cerraba del todo la idea de darle la titularidad. Sin embargo, el cordobés fue demostrándole en los entrenamientos y en los partidos que tenía mucho fútbol guardado y necesitaba destaparse con continuidad. Y hoy lo extrañan: hace semanas está fuera por un esguince en la rodilla derecha (hasta el semestre próximo no regresa) y el equipo, más allá del desequilibrio de los delanteros, no logra suplantarlo.

"Lamentablemente Reynoso está lesionado y no tengo en el recambio a un jugador que me saque la pelota limpia en la mitad de la cancha", explicó el jueves Alfaro. ¿Por qué? El técnico entendió que era un jugador al que había que cederle libertad de movimientos partiendo desde esa franja izquierda. Y así llegó a transformarse en el volante imprescindible, sin dejar de lado los lucimientos constantes del arquero Esteban Andrada.

Por eso es que hoy Boca se dedica a sobrevivir, más que nunca, con las herramientas propuestas por el DT: "Si jugás bien, mejor. Así tenés más posibilidades de conseguir buenos resultados. Pero si hay algo que yo quise trasladarle a este plantel, primero, es la recuperación de la vocación ganadora".

Alfaro no le puede todavía dar el juego que quiere a Boca, pero está con la fortuna que todo equipo debe tener para ser exitoso y sus jugadores entienden su mensaje motivador, en medio de un calendario que recién le dará algo de respiro luego de la ida ante el Bicho. "Acá no hay que tirar la toalla, aunque nos quede solo la piel. El mío es un equipo que está convencido de eso. No somos lo estético o lo fluido que quisiéramos, pero es Boca... Es Boca recuperando su espíritu. Y cada partido es una oportunidad para ratificarlo".

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