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"Tranquilidad, muchachos: los punteros somos nosotros." La frase del entrenador, envuelta en un vestuario abatido, apagado, se oye fuerte. Va directo al corazón. Miguel Angel Russo sintió el golpe. Los jugadores, flacos de fútbol y de entrega por vez primera en el certamen, sufrieron el impacto. Se nota en sus caras, en sus miradas. "Fue el peor partido, pero mejoramos en el segundo tiempo", dice Santiago Hirsig. "Cometimos demasiados errores, pero no vamos a tomar esta derrota como una tragedia", cuenta Gastón Aguirre. La breve charla entre Russo y los soldados busca efecto: se perdió, sí; se jugó mal, también. Pero arriba, en lo alto, sigue el Ciclón. Y pasado mañana, en casa, frente a Gimnasia (LP), continúa el camino... por encima de todos.
Sale Russo y charla con los periodistas en medio del desorden. Pide tranquilidad, como siempre. ?Ni tan alto ayer ni tan bajo hoy: hay que buscar el equilibrio?, lanza una sentencia que es fiel a su modo de desenvolverse en el medio. Sin embargo, se siente incómodo: sabe que el Ciclón falló, literalmente. Si no era una expresión vistosa en los últimos dos partidos, con sufridas victorias frente a Vélez y ante San Martín, de Tucumán, esto, aquí, ahora, no lo esperaba nadie con acento azulgrana. Se cortó una serie de seis triunfos seguidos. Agustín Orion interrumpió su racha sin goles en contra: fueron 399 minutos imbatible. Iban 398, pero al minuto se transformó San Lorenzo. Se descontroló tácticamente. Por eso, Russo habla poco y reconforta mucho: hay vida después de Racing, dice, mientras sobrevuelan los fantasmas del seleccionado, seguramente, por su cuerpo.
Un jugador toma la palabra en el sorpresivo silencio del vestuario. ?No podemos volver a jugar así: tenemos que demostrar por qué somos los mejores? , grita. El plantel, entonces, se pone de pie: el dolor es grande, pero la confianza no fue lanzada al olvido. No hay lesionados, no hay suspendidos: todos quieren estar contra Gimnasia. Para Boca falta una eternidad ; el domingo que vendrá. La estación de Avellaneda fue un toque de atención del que Russo tomó nota. Hay dolor, hay sorpresa. Se esperaba alguna derrota más en la marcha por el Apertura... pero no ahora. No se buscan excusas, a pesar de que hasta el ritmo físico del Ciclón pareció infinitamente menor frente a la joven Academia. Hay, eso sí, necesidad de desquite. Y en las palabras privadas, las del DT y las de un referente, puede estar el secreto de los días por venir.
