

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
Disputas de poder; diferentes intereses. Todo esto comenzó a emerger en la interna de la barra brava de Boca desde que José Barritta, El Abuelo, quedó al margen del liderazgo de la hinchada xeneize. Hasta entonces había unanimidad de criterio y la voz del número uno de la Ribera era indiscutible.
Todo cambió después del trágico 30 de abril de 1994, cuando, tras una derrota de local ante River, por 2 a 0, la hinchada de Boca mató a Walter Vallejos y Angel Delgado en una emboscada a los simpatizantes riverplatenses.
Ya no cabe duda de que las barras bravas funcionan como las típicas mafias, en las que la violencia, la extorsión y otras características condenables aceitan el engranaje del gran negocio. Como tales, sus miembros deben ir ganándose un lugar a través de sus actos. Todo esto es aplicable a la "Nº 12", la hinchada de Boca.
Con El Abuelo fuera de carrera -salió de la cárcel a fines del año último, la voz de mando quedó en poder de Santiago Lancry, El Cabezón, uno de los que se salvó de ir tras las rejas después de aquella emboscada. Fue el único peso pesado de la Vieja Guardia de la hinchada de Boca que salió indemne de la situación.
Claro, los más jóvenes, aquellos que esperaron durante años la posibilidad de ascender escalafones en la profesión de la violencia y de la impunidad, no se quedaron de brazos cruzados y formaron una nueva fuerza de choque, mucho menos organizada pero mucho más violenta de la que pretendía Lancry por aquellos días. La palabra del Cabezón era respetada como en su momento lo fue la del Abuelo, pero al parecer ya no.
Rafael Di Zeo -El Rafa-, su hermano Fernando -Barbeta-, Silvio Serra -Silvio- y Armando Pereyra -El Oso- son los cabecillas de esta nueva camada de violentos. Fueron los mismos que protagonizaron los incidentes de anteayer por la mañana, cuando en la Bombonera agredieron salvajemente con golpes, palos y elementos punzantes a sus pares de Chacarita.
Lancry no participó de los hechos, porque estuvo en desacuerdo con el plan del otro grupo, por lo que se desprende que son muchas las posibilidades de que se trató de una emboscada.
Una versión indica que se trató de una venganza. El rumor dice que en un desfile de carnaval, una comparsa de San Martín, donde había barrabravas de Chacarita, habría golpeado duramente a la llamada Banda de Lomas, de Boca, que formaba parte de la murga de la Ribera.
Después de lo sucedido, anteayer por la tarde, cuando el mundo futbolístico todavía no había podido digerir las imágenes que disparaban sin cesar las pantallas de los televisores, Lancry llamó a una reunión de urgencia a los que participaron de la agresión. La cita fue en su casa, en Quilmes.
Allí, El Cabezón tomó la voz de mando y, según se supo, expulsó de la barra brava de Boca a siete integrantes que participaron en los incidentes. Sin embargo, para que las aguas no se agiten demasiado, hoy fue a visitarlos a la comisaría 24, donde estaban declarando. El dilema es qué pasará cuando Boca juegue de local o salga de la Capital Federal. Allí se sabrá cómo sigue esta historia.
Lancry llega a la Bombonera para ver a Boca con su Ford Mondeo bordó; paciente, espera en el estacionamiento las entradas para la hinchada. Una vez que los tickets fueron distribuidos sube y ocupa las dos plateas altas que, según su abono anual, le pertenecen. Nunca se separa de su teléfono celular, que utiliza incansablemente durante los partidos. El resto toma posiciones en la popular local, que da a Casa Amarilla, y hace su trabajo. Además de los nombrados anteriormente, también están los barrabravas conocidos como Bebote -tampoco deja su celular y de noche viste saco y corbata-, El Cordobés y Curly -tiene una agencia de seguridad para espectáculos deportivos-.
Así se manejaba la familia de Boca hasta anteayer. De aquí en más no se sabe cómo terminará esta lucha por el poder. Y es muy peligroso.

