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Carlos Bianchi asumió la difícil tarea de intentar repetir su ciclos exitosos en Boca, una apuesta en la que tiene más para perder que para ganar. Sin embargo, el Virrey no es un hombre que se achique ante los desafíos. Para volver a conseguir los logros deberá aferrarse a su manual de management que tanto éxito le dio en sus dos ciclos anteriores como DT del conjunto de la Ribera.
Aquí un raconto de las claves que utilizó Bianchi para ser el DT más exitoso del fútbol argentino.
Antes de desambarcar por primera vez en 1998, la frase con la que se identificaba al vestuario xeneize era con la definición de Diego Latorre: "Boca es un cabaret".
Lo primero que hizo el Virrey fue asumir el rol de autoridad y construir una identidad grupal, marginando a varios futbolistas que eran protagonistas del ciclo anterior conducido por el Bambino Veira. Así se fueron del club Claudio Paul Caniggia, Néstor Fabbri y el propio Latorre, entre otros.

"Manejar grupos argentinos es bastante difícil. Cuando empecé a dirigir en la Argentina estaba preocupado, porque el argentino cuestiona todo", ejemplificó Bianchi durante una charla ante empresarios en 2008.
En otra entrevista, Bianchi apunta cuáles son fueron los problemas que le tocó enfrentar al frente de un equipo: "En uno de los países en que trabajé, los jugadores creían que "se las sabían todas y para mí, como técnico, se me hacía muy difícil formar un buen equipo". El peso del palmarés y trayectoria hoy juegan en favor del DT: es difícil que algún futbolista se anime a contradecirlo.
"Si los obreros se relajan es porque el patrón se relajó. El que dirige es el que tiene que ir adelante. Yo conocí un presidente de un laboratorio que llegaba a las 7, porque los empleados llegaban a las 8." Con esta definición, publicada en un artículo de LA NACION en 2003 describe cuál es el rol que debe asumir la persona que conduce al equipo.
En otra entrevista de cuando era DT lo ejemplifica así: " Hace un tiempo atrás yo tenía arreglado un viaje al Sur, pero preferí quedarme en la concentración con mis jugadores; el domingo teníamos que jugar contra San Lorenzo y, pocos días antes, nos habían ganado; el partido era muy importante por la revancha y por la posición en la tabla, por lo que no me sentí cómodo estando en otro lugar que junto a mi equipo. Este tipo de actitudes, más allá del aporte concreto –que en este caso no significó nada espectacular ya que empatamos–, hace sentir al jugador respaldado cuando te ve al lado suyo".
"Lo imprescindible en un grupo es que tenga actitud positiva. Hay que hacerle comprender al grupo que todos son importantes. Cuando les hacemos sentir a todos que son valiosos, ahí se obtienen los resultados. Hay privilegiados, pero son pocos, tal vez el que hace los goles o el que los evita, pero es fundamental que todos sientan que no hay tratos diferentes, desde el pibe que acaba de ascender al plantel superior a la estrella mejor paga". Con esa definición, Bianchi describe cuál es su táctica para mantener motivado a sus dirigidos.
La importancia de que todos los futbolistas lo ejemplifica con otra anécdota: "Lo más importante es tener gente inteligente, y este concepto abarca a todos los demás, porque el tipo inteligente piensa siempre primero en el grupo antes que en él. Ser inteligente es dejar de lado el ego personal, es dar el ejemplo y respetar a todos por igual. Es ser el primero en empezar a trabajar y el último en irse".
"Cuando Bianchi habla todos se callan" sentenció hace poco Riquelme. Esa admiración no es una conducta que sea fácil de conseguir. Quizás una de las razones para ganarse el respeto de sus jugadores sea la comunicación que entabla con ellos.
Aquí algunas frases del Virrey que ejemplifican este concepto:
Una de las mayores cualidades que se le atribuyen al Virrey es explotar al máximo las cualidades de sus jugadores. Esta es la versión del entrenador de su función: "Para que el jugador rinda hasta su máximo potencial tiene que creer en sí mismo, tiene que generar ese fuego sagrado. Mi tarea es convencerlo de que puede, pero para ello tengo que mostrarle el camino; tengo que decirles cómo quiero que juegue el equipo y qué tiene que hacer cada uno en la cancha; y si no me entienden, tendré que insistir hasta que lo comprendan, ya que mi responsabilidad no termina en las primeras explicaciones".

"El solo hecho de ser profesionales nos tiene que alcanzar para motivarnos. Pero cuando le hablamos a nuestra gente tenemos que utilizar las palabras justas y tomar conciencia de que nuestros nervios y responsabilidades se contagian. Hay veces en que hay adrenalina suficiente y no hace falta motivar", explica en otra entrevista que dio tras sus logros en Boca.
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