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No se despide solamente el futbolista que más partidos jugó, más goles hizo y más títulos ganó con la selección. También se irá el jugador que atravesó generaciones enteras, al que muchos de los que hoy lo acompañan conocieron primero desde una pantalla, después desde una foto pedida con timidez en Ezeiza y mucho más tarde en el mismo vestuario. Lionel Messi estuvo tanto tiempo en Argentina que varios crecieron mientras él construía su leyenda. Algunos ni siquiera habían nacido cuando empezó. Otros iban al jardín, al colegio o recién aprendían a jugar a la pelota. Casi todos, de una manera u otra, fueron primero admiradores antes que compañeros. Y varios de ellos estarán este martes a su lado en una noche que también marcará el final de una etapa para todos.
Para los más jóvenes, prácticamente no hubo una selección sin Messi. Cuando jugó su primer Mundial, en Alemania 2006, Gianluca Prestianni tenía apenas cuatro meses y Franco Mastantuono y Leonel Flores todavía no habían llegado al mundo. Cuatro años después, cuando Diego Maradona le dio la camiseta número 10 en Sudáfrica, ellos seguían siendo chicos. Y cuando Argentina volvió a jugar una final del mundo en 2014, varios de los que hoy forman parte del recambio todavía iban a la escuela primaria.

Para muchos de ellos, Messi ya era una estrella cuando empezaron a verlo jugar. Primero, el 10 de Barcelona y de la selección. Después, el capitán. El que llevó a Argentina a la cima, el que quedó a un paso en Brasil, el que soportó derrotas y críticas, el que anunció que se iba después de perder otra definición contra Chile y el que finalmente volvió para ganarlo todo.
Aquella renuncia de 2016 también mostró lo que Messi ya representaba para los que venían detrás. Enzo Fernández tenía 15 años, jugaba en las inferiores de River y escribió una carta en Facebook para pedirle que no dejara la selección. Tiempo después contó otra historia que resume bien ese vínculo: cuando era chico miraba su edad, calculaba cuánto podía quedarle de carrera y hacía cuentas para saber si alguna vez podían coincidir. Le alcanzó. No solo compartieron selección: terminaron siendo campeones del mundo juntos.

Ni siquiera compartir vestuario con él cambió del todo esa relación. Enzo contó alguna vez que le daba vergüenza pedirle una camiseta. Julián Alvarez reconoció algo parecido: Messi había sido su ídolo desde chico y, durante la Copa América 2011, fue con su papá César y sus hermanos Rafael y Agustín hasta un hotel de Córdoba, donde lo esperaron durante horas para conseguir una foto con él.
Durante años, para muchos de ellos Messi estaba muy lejos. Del otro lado del televisor, en una camiseta, en una figurita o en un video. Después empezó a estar un poco más cerca. Ezeiza fue muchas veces el lugar de esos primeros cruces. Los juveniles que coincidían con la Mayor aprovechaban cualquier oportunidad para ver una práctica, acercarse y llevarse una foto. Pasó con Santiago Simón, Ezequiel Fernández, Matías Soulé, Mastantuono y otros jóvenes que después llegaron a la selección.

Soulé recuerda especialmente la primera vez que lo tuvo enfrente. Tenía 17 años y ni siquiera había debutado. “Estaba todo nervioso, era un sueño conocerlo”, contó. Después, recordó que llegó a decirle a su familia que no quería lavarse la mano con la que había saludado a Messi. Agustín Giay vivió una situación similar. “Le dije: ‘hola, Leo’ y después no me salían las palabras. No podía creer lo que me estaba pasando”, contó.
Mastantuono tuvo su propia historia un año más tarde. Estaba con la Sub 20 cuando Messi llegó al predio y se quedó mirando desde afuera un amistoso contra Uzbekistán. Mastantuono hizo un gol y después consiguió la foto. La publicó con una frase simple: “El mejor de todos”. Luego recordó que, la primera vez que llegó a la selección, pensaba en encontrárselo: “Siempre fue mi inspiración. Era un imán de querer mirarlo, de querer ver qué hace”. Incluso reveló que de chico le mandaba mensajes por Instagram, aunque Messi nunca se los contestaba.

El paso del tiempo también se ve en historias como la de Valentín Gómez. Nació el 26 de junio de 2003. El día que cumplió 13 años vio a Messi jugar la final de la Copa América Centenario contra Chile, fallar su penal en la definición y anunciar luego que dejaba la selección. Exactamente dos años más tarde, en su cumpleaños número 15, volvió a verlo frente a Nigeria en el Mundial de Rusia. Messi marcó el primer gol y Argentina ganó sobre el final para meterse en octavos. Gómez todavía era juvenil de Vélez. Hoy integra la misma selección.
Nico Paz también siguió a Messi desde chico. Contó que era su ídolo y que veía todos sus partidos. Durante mucho tiempo llegó incluso a pensar que quizá no alcanzaría a jugar con él. Por eso, cuando Scaloni lo llamó para debutar y le dijo “jugás arriba, con Messi”, se quedó sin palabras. “Pensaba que estaba soñando”, recordó. Unos minutos después terminó dándole una asistencia. Incluso hoy mira videos suyos antes de jugar los partidos.

Mientras ellos crecían, Messi también empezó a cambiar su historia con la selección. La Copa América de 2021 en el Maracaná le dio su primer gran título. Después llegó la Finalissima frente a Italia y, finalmente, Qatar. Siete goles, tres asistencias, dos tantos en la final contra Francia y el título que le faltaba. Para entonces, varios de los más jóvenes de esta nueva camada recién empezaban sus carreras o daban sus primeros pasos en las selecciones juveniles.
Después llegaron otra Copa América, otro Mundial y más récords. Messi superó los 100 goles, se convirtió en el jugador con más presencias de la historia de la selección y jugó seis Copas del Mundo. Y alrededor suyo también fueron cambiando los nombres. Muchos de aquellos chicos estarán ahora a su lado en el último partido.

Este martes se terminará también eso. No solo una carrera extraordinaria, sino un vínculo de más de 20 años entre Messi y sus compañeros. Algunos llegaron a tiempo para compartir mucho con él; otros, apenas unas pocas convocatorias. Todos estarán en su despedida. Después ya no tendrán cerca al ídolo que siguieron desde chicos. Les quedará su legado y el desafío de continuar sin él.




