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Lionel Messi se despidió de la selección argentina como el máximo goleador de su historia. Desde su debut en la mayor, en 2005, convirtió 118 goles y los hizo de todas las formas posibles: de zurda, de derecha, de cabeza, de penal, de tiro libre... Salvo olímpico, hubo de todo.
Muchos quedaron para siempre en el recuerdo por la belleza, el rival o el contexto. Otros, menos presentes en la memoria colectiva, también estuvieron a la altura de sus mejores obras.
Elegir apenas diez supone dejar afuera una enorme cantidad de golazos. Pero la idea no es establecer una verdad definitiva, sino recordarlo a través de algunas de sus mejores definiciones, con el número de su camiseta como excusa y también como calificación para su fenomenal etapa en la selección.

Con cinco goles en 90 minutos, Messi convirtió un amistoso intrascendente en un partido histórico. El cuarto reunió muchas de sus mejores cualidades: viveza, potrero, magia y ese enorme idilio con la red. Aprovechó una distracción de la defensa, que creyó que el juego estaba detenido, encaró hacia el arco y, con un freno, hizo pasar de largo a un defensor y al arquero antes de definir con el arco libre.
Esa tarde hizo tres, y dos fueron golazos. El primero, tras una pared con Sergio Agüero, fue el más lindo: Messi inició la jugada, recibió la devolución de taco en la medialuna y definió fuerte, junto al palo. Después llegó otro con su sello: diagonal de derecha a izquierda y toque sutil por encima del arquero.
Messi marcó 11 goles de tiro libre durante toda su etapa en la selección. La mayoría fueron muy buenos, pero algunos estuvieron un escalón por encima. Este fue uno de ellos: en San Juan, desde casi 25 metros, superó una barrera de siete hombres y la clavó exactamente en la unión del palo y el travesaño.
Brasil, fase de grupos. Argentina buscaba la clasificación a octavos de final y el partido parecía encaminado al empate. Hasta que Messi guardó una genialidad para el final. A los 90 minutos, recibió cerca del vértice del área, abrió el pie y la clavó en el ángulo para el 1-0. La estirada del arquero hizo todavía más espectacular la definición. Uno de sus mejores goles en Mundiales.
La selección no mostró su mejor versión en el Mundial, sufrió de más ante rivales menores y varias veces caminó por la cornisa. Pero casi siempre encontró en Messi una salida. Ante Cabo Verde, además de la asistencia a Cuti Romero para el 3-2, marcó un gol de otro planeta para abrir el partido: bajó la pelota con la cara externa del botín izquierdo y, casi sin ángulo, definió con el mismo pie para vencer a Vozinha.
Uno de esos goles que valen tanto por la definición como por el momento. Argentina venía golpeada y necesitaba ganarle a Nigeria para avanzar a octavos de final. Terminó 2-1, con el gol de Marcos Rojo sobre el cierre, pero Messi había abierto el partido con una acción fenomenal: amortiguó la pelota en dos tiempos en el aire, en una maniobra difícil de explicar, y definió de derecha, al palo cambiado.
La Roja venía de ser campeona del mundo en Sudáfrica y se llevó una goleada 4-1 en el Monumental. Messi marcó uno de esos golazos con los que deslumbraba en Barcelona: se metió en el área, llegó casi hasta la línea de fondo y, ante la salida del arquero Pepe Reina, metió el pie bien abajo para empalar la pelota casi en paralelo a la línea de fondo.
Otro de tiro libre, pero posiblemente el más impresionante de todos. Porque fue en una Copa América y porque rompió todos los pronósticos. La falta parecía para un diestro, pero Messi se hizo cargo. En vez de buscar el palo derecho del arquero, le pegó al izquierdo, con una parábola perfecta por encima de la barrera. El arquero Brad Guzan estaba ahí, pero no pudo hacer nada. Hasta el propio Messi quedó sorprendido al verla entrar.
Para muchos, el primer gran golazo de Messi en la selección. Y no podía ser en un escenario mejor: recibió de Carlos Tevez entrando al área por derecha y aprovechó que la pelota venía picando para sacar una emboquillada increíble por encima de Guillermo Ochoa. La pelota cruzó toda el área en diagonal y cayó detrás del arquero mexicano, que retrocedió, voló y llegó a rozarla, pero no pudo evitar el gol. Fue el 1-0 del 3-0 en semifinales.
No podía faltar un gol ante el rival de toda la vida. Y menos uno de semejante factura, en un triunfo 4-3 que se definió a falta de seis minutos. Messi marcó un hat-trick y el último grito fue para ponerlo en un cuadro: arrancó en mitad de cancha, avanzó unos 25 metros con la pelota y, antes de llegar a la medialuna, sacó un zurdazo impresionante que se clavó junto al ángulo derecho de Rafael Cabral. Fue en el MetLife de Nueva Jersey, el mismo escenario de la final del último Mundial, donde Messi no pudo coronar, pero dejó años atrás un golazo para la historia.




