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En los últimos dos años, la vida como director técnico de Sergio Batista estuvo muy ligada a los seleccionados argentinos. En ese lapso condujo a tres equipos de diferentes categorías, en dos de los cuales obtuvo resultados opuestos: conquistó la medalla dorada con el Sub 23 (se permiten tres mayores) en los Juegos Olímpicos de Pekín y no alcanzó ninguna de las cuatro plazas clasificatorias para el Mundial Sub 20 en el Sudamericano de Venezuela 2009. Ahora transmite un entusiasmo desbordante por estar al frente del seleccionado mayor, aun a costa de la desprolijidad que rodea su situación.
Puesto al frente del equipo, Batista enseguida se diferenció futbolísticamente de Maradona, que no salió bien parado del Mundial. Fortaleció la zona que el ex N° 10 descuidó: el medio campo. Buscó una formación más cosida y no tan fracturada como la que estuvo en Alemania. Convocó a volantes que le hicieran llegar la pelota a Messi, como ocurre en Barcelona. En Dublín aparecieron Gago y Banega por delante de Mascherano. Más control y conducción de la pelota, aunque se resigne profundidad.
Barcelona y España están de moda y Batista quiere mirarse en ese espejo, siempre con la idea de satisfacer a Messi para que alcance con la camiseta argentina el nivel que tiene con la blaugrana. La intención es buena, pero de dificilísma concreción. El estilo de Barcelona y España es una suma de años con un funcionamiento, talento individual, criterio colectivo y egos controlados. Batista lo admitió en una entrevista con la agencia EFE: "La manera de jugar de España es buena, muy buena. Me encanta como juega. Tiene grandes futbolistas, pero lo que hay que copiar es el proyecto".
Batista tiene antecedentes de su apuesta por la elaboración y la tenencia de la pelota. Sería injusto acusarlo de esnobista. En los Juegos Olímpicos, donde el potencial del plantel de la Argentina era superior al del resto de los países, ubicó a Gago y Riquelme. También tiene preferencia por los laterales con salida y proyección.
Del festejo en Pekín pasó a la decepción del Sub 20, con una generación de jugadores discreta, que se devaluó más por las ausencias de Pastore, Piatti y Di Santo. El Checho no encontró una formación estable a lo largo de todo el Sudamericano. No dio con los volantes con juego que le dieran una identidad al equipo.
Para enfrentar a España, ante la ausencia del lesionado Gago, se abre la puerta para la reaparición de Cambiasso, un volante con mucho oficio y ubicación. Batista también desempolvaría el puesto de enganche con la inclusión de D’Alessandro, que nunca fue tenido en cuenta por Maradona. El Checho parece estar convencido de una idea y un estilo de juego que el martes será examinada por un rival que en estos momento es el maestro en la materia.



