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DALLAS (enviado especial).- Los abrazos con sus compañeros parecían no terminar más. Lo besaban los argentinos, lo saludaban los austríacos. Messi corrió esta tarde a festejar el segundo gol que marcó en tiempo extra y pareció fundirse en un abrazo con los miles de argentinos que llenaron el Dallas Stadium, donde siguió alimentando su propia leyenda. Máximo goleador en la historia de los mundiales y también en esta edición de la copa. Tenía en su zurda la clasificación a la próxima fase.
Habían pasado varios minutos desde el pitazo final y el capitán seguía ahí, en el césped. Feliz, saludando a su familia, que lo celebró desde uno de los palcos. Caminó hacia los cuatro costados. Antes de meterse en el túnel saludó a José Pekerman y a Maxi Rodríguez, a los alemanes Klopp y Müller. “Estoy muy feliz. Fue un triunfo muy sufrido, duro, trabajado. Espero que nos dé tranquilidad para lo que viene. Es un Mundial muy igualado. Estamos felices por la clasificación”, dijo apenas dejó el campo de juego.
Entre los récords y los rumores, Messi se apoyó en sus compañeros de selección. Ellos se lo retribuyeron en la semana de las versiones infundadas sobre la salud de su padre. Lisandro Martínez se fundió en un abrazo emocionante al término del partido. Le habló al oído. En la zona mixta del estadio, LA NACION le preguntó al defensor del Manchester United qué le manifestó: “Le dije que disfrute, que no piense en lo que había pasado”. Y reveló una frase que se hizo fuerte en el grupo en los días previos para sostener al capitán: “No hay que dejarlo caer nunca, más en estos momentos. Leo tiene que estar aca disfrutando”.
Messi elige los momentos. Aunque todavía a mamá Celia le quedaban dos días para parir a su tercer hijo varón en el hospital Italiano de Rosario, Leo llegó al mundo cuando Argentina celebraba el primer aniversario de “la mano de Dios” y del “Gol del Siglo”. La misma tarde en que se recordaban los 40 años de los dos goles de Maradona a los ingleses en México 86, Messi armó su propia historia con otros dos tantos que también quedarán en la historia grande del fútbol argentino.
Con el doblete ante Austria se transformó en el máximo goleador en la historia de los mundiales. El martes ya había alcanzado al alemán Miroslav Klose; y en la tarde de Dallas llegó a los 18 tantos para coronarse como el único rey. Cuando le preguntaron sobre su nuevo récord, eligió, una vez más despojarse del traje de estrella: “No recuerdo si tengo un gol favorito. Estoy cansado, me cuesta pensar. Disfruto este momento y tengo ganas de volver con mis compañeros”.
Sobre el desarrollo del partido, fue analítico: “Dentro de nuestros planes estaba conseguir las dos victorias. Hoy hubo mucha intensidad. Por momentos, nos costó tener la posesión. No nos hicieron daño, pero fue un partido muy trabado e intenso. Había que jugar muy rápido. Lo importante era la clasificación. Somos Argentina y siempre vamos a buscar los partidos ante cualquier rival. Hay que demostrarlo dentro de la cancha”.
El capitán se fue de último del vestuario. Respondió a todos los periodistas llegados de todas partes del mundo. Cuando le insistieron sobre su récord, otra vez eligió enfocar la respuesta en lo colectivo: “Todos los vivimos como algo especial. Todo el plantel lo vive así, ahora y durante toda nuestra etapa, cuando nos juntamos para competencias o amistosos. Disfruta de competir, entrenar y darle alegrías a la gente. Intentaremos seguir estando en esta dinámica, en esta sintonía. Es pasito a pasito, esto es largo y difícil. Yo disfruto cada momento dentro de la cancha. Estaba con bronca porque erré el penal. Lo pateé muy mal, pero pudimos revertir la situación”.
A los 7 minutos del primer tiempo Messi llegó a otra marca, pero no de las buenas. Se acomodó para patear el penal que le habían cometido a Lautaro Martínez. El arquero Alexander Schlager le adivinó el palo y el capitán abrió de más el pie y la pelota se fue afuera. El fastidio de Messi siguió por varios minutos, mirando al cielo, al piso y maldiciendo por la situación fallada. Fue el tercer penal que falla en los mundiales: nadie erró tantos.
“Que de la mano de Leo Messi”, se levantó enseguida el estadio como una muestra de fidelidad y apoyo hacia el gran capitán. Desde el penal errado Argentina perdió la posesión con la que había iniciado el encuentro. Austria emparejó el juego y llevó peligro al área de Dibu Martínez con dos tiros libres.
A los 18 armó una gran jugada en combinación con Lautaro, eludió a un defensor en una baldosa y definió con el arquero encima, que volvió a taparle el gol. A diferencia del primer partido, el capitán estuvo impreciso en un par de pases, especialmente después del penal errado. Una laguna en la que también entró el equipo.

A los 38 llegó la mejor jugada colectiva del partido. Centro atrás desde la izquierda de Facundo Medina, Thiago Almada que la dejó pasar y Messi ingresó de frente a la historia: definición y 1-0 para sellar la clasificación a la siguiente ronda de su sexto Mundial, otro récord que rompió hace tan solo cinco días. Lo gritó con el alma, “vamos hijos de puta” descargó antes de sonreir. Puños arriba, mirada al cielo. Abrazos con cada uno de sus amigos y compañeros.
En la patada que le dio Alaba antes de terminar el primer tiempo, el propio Messi eligió pararse rápido para que el árbitro le perdonara la tarjeta amarilla a la figura austríaca.
En la segunda etapa el capitán reguló el partido, como lo hizo la selección de Scaloni. Administró energías y se quedó los noventa minutos en la cancha. En el primer encuentro frente a Argelia fue reemplazado faltando diez minutos. Atrás quedó aquella Copa América de hace dos años en la que padeció molestias físicas que incluso lo sacaron antes de tiempo en la final frente a Colombia.
El goleador de esta copa. El máximo anotador en la historia de los Mundiales. El jugador de las 201 presencias con la selección argentina. El que se aseguró el pase de ronda en su sexto torneo consecutivo.
En dos días, Messi volverá a cumplir años concentrado en un Mundial. Ya sopló las velitas en cuatro copas del mundo (Alemania, Sudáfrica, Brasil y Rusia) junto a sus amigos de la selección. Esos que lo acompañaron en su camino hacia la cima y lo sostienen en lo más alto. Esos que siguen viendo de cerca como su amigo y compañero sigue cimentando el mito de las próximas décadas.

Fue también el fin de la semana de los rumores. Esos que dominaron la escena en la concentración en Kansas City. Las versiones que surgieron en grupos de Wathsapp en Rosario y Buenos Aires se esparcieron a tal velocidad que la familia decidió emitir un comunicado para contar que Jorge, el padre del capitán, estaba atravesando una situación de salud, pero totalmente alejada de lo que llegó a circular.
A Messi le molestó. Él mismo había contado tras sus tres goles en el debut que había largado unas lágrimas por un problema ajeno a lo deportivo. Y les agradeció a sus compañeros, con quienes compartió amargos momentos en la selección y también de los otros, como la gloria eterna en Qatar.

Scaloni se refirió a cómo llevó el capitán el tema en la intimidad de la concentración. En la conferencia de prensa del domingo, día del padre. “El grupo es el que saca adelante las situaciones, sean buenas o malas. Siempre es mejor compartir las situaciones buenas o malas con los amigos. Eso es lo que todos sentimos. Él [por Messi] también lo siente”.
El imponente Dallas Stadium, uno de los mejores del mundo, se vistió casi por completo de celeste y blanco. Más del 90 por ciento de las 70.000 localidades estuvieron completas por hinchas de la selección. La mitad eran argentinos, pero también se mezclaron mexicanos, estadounidenses, chinos, indios... La locura por ver al mito viviente hizo que se pagaran entradas de hasta 10.000 dólares.


