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No hizo falta mucho más, al menos en lo referido a las lesiones sufridas por los jugadores en Corea-Japón 2002. ¿No era el fútbol un deporte de choque? Sí, claro. ¿Y entonces? Entonces habrá que explicar por qué, esta vez, el torneo registró su récord de lesiones en jugadas sin contacto: 26% del total, según la FIFA, comparado con el 14% registrado en otros 12 torneos. En cifras más concretas, 158 jugadores lesionados sin el menor roce en los primeros 60 partidos, sin dejar de lado -claro está- las habituales consecuencias del contacto con rivales durante los partidos, que en lesiones se llevó más del 30% del total.
Atando cabos, apareció la punta del ovillo: con agotadores calendarios previos, entre torneos de liga, copa y compromisos de sus selecciones, los principales jugadores llegaron al torneo con más de 70 partidos sobre sus espaldas. Tarde pero seguro (en los albores de las semifinales), la FIFA tuvo que reconocer que "los jugadores profesionales están jugando demasiados partidos". Entre 80 y 90 por temporada, según Jiri Dvorak, médico de la Federación Internacional. Demasiado tarde para lágrimas: ya lloriqueaba, por estar fuera de la competencia, la mayor parte de los equipos favoritos que, según los propios médicos de los planteles, había aterrizado en Japón con averías en piezas clave como Zinedine Zidane (Francia), Juan Sebastián Verón (Argentina), Francesco Totti (Italia), David Trezeguet (Francia) y Michael Owen (Inglaterra). Todos jugadores de apretadas agendas previas al torneo, que no tuvieron tiempo de recuperar fuerzas, descansar y ponerse en forma.
Hablaron en Japón las voces de la experiencia. A Franz Beckenbauer se le ocurrió que ponerse la camiseta apurando el reloj biológico es meterse en camisa de once varas, y aseguró que el rápido e inesperado check-out de Francia se debió, simplemente, "a la fatiga". Siguieron las firmas: el médico francés Jean-Marcel Ferret arremetió indirectamente contra la FIFA en la revista Quotidien du medicine: "Es la salud de los jugadores la que está en riesgo. Necesitan parar porque continuar así significa destruirlos. Las degeneraciones biológicas son evidentes, como las deficiencias musculares y la hiperoxigenación celular".
En contraposición, se argumentó que los coreanos llegaron al cuarto puesto vivitos y coleando por haber estado a salvo de calendarios acelerados. En palabras de Michel Platini: "Fue un torneo en el que la fortaleza física triunfó sobre la habilidad técnica y en el que los equipos defensivos superan a los que buscan los goles".
¿Sangraba por la herida? No tanto.
"No está científicamente establecido el número de partidos que determina una sobrecarga capaz de provocar lesiones, pero se piensa que 90 es un número excesivo -explica el doctor Miguel A. Khoury, deportólogo, director del Centro Cleveland Sport, y médico del plantel de Racing-. En el balance de este Mundial, las lesiones por partido arrojan datos similares a otras veces, pero lo que llama la atención es el número de lesiones sin contacto, que están más relacionadas con el nivel de fatiga con el que llega un jugador a un torneo de esa envergadura."
Que faltaba adrenalina, que estaban parados, que les pesaban las piernas. No debe haber imaginado el bioquímico japonés J. Takamine (en 1906 acuñó el término adrenalina), que en un Mundial de fútbol disputado en su tierra natal la hormona de sus desvelos estaría protagonizando los comentarios de aficionados y entendidos. Pero así fue. Claro que, en el campo de la medicina deportiva, hoy se sabe mucho más que en 1906. Entre otras cosas, que la causa más frecuente de lesión articular es el sobreuso.
"La fatiga del jugador está directamente relacionada con el número de lesiones", afirma Khoury.
Coincide el doctor Héctor Kunik, ex presidente de la Asociación Metropolitana de Medicina del Deporte (Ammdep), y fellow del American College of Sports Medicine: "El tiempo de exposición al deporte es directamente proporcional al número de lesiones, y a la severidad de las mismas. Las lesiones microtraumáticas son una consecuencia del abuso, de la sobrecarga de la actividad muscular y articular, y de los ejercicios que por ser desmedidos precipitan situaciones inflamatorias o degenerativas".
En Europa, "se estima que las lesiones vinculadas con el fútbol constituyen entre el 50 y el 60% del total de las lesiones deportivas", agrega. Por otra parte, un puñado de estudios publicados por el American Journal of Sports Medicine, órgano oficial de la American Orthopaedic Society for Sports Medicine, confirma cuáles son los daños que habitualmente que complican: uno de los trabajos, publicado en septiembre de 2000, sobre 398 jugadores indica que "el trauma es la causa del 81.5% de las lesiones y el sobreuso ocasiona el 18.5%. Predominan los desgarros (30%), y las fracturas (16%). El 24% de las lesiones ocurre en jugadores que habían sufrido daños previos".
Dos puntos clave entran en juego a la hora del análisis: la reserva energética y la sobreexigencia. "Para rendir a la máxima intensidad se usa el glucógeno (un tipo de azúcar), almacenado en el músculo entrenado. La intensidad del juego provoca que el contenido del glucógeno se reduzca alrededor del 50% en el entretiempo de un partido, mientras su recuperación completa no lleva menos de 48 horas", dice el doctor Guillermo Díaz Colodrero, de Cleveland Sport. Por otra parte, si un músculo fatigado se fuerza demasiado, se crea el terreno propicio para las lesiones.
Entonces, el maldito muslo de Zidane, debería haber sido tratado con más cuidado, dicen los franceses. El hombre había jugado la final de la Liga de Campeones el 15 de mayo, y de ahí derechito a Japón. Ergo: no hay muslo que aguante... y quedó fuera del partido inicial de Francia ante Senegal. Zafó Beckham, en cambio, que se recuperó a tiempo de una fractura previa en el metatarso izquierdo. Pero siguieron las firmas de los que sucumbían sin roces: Bélgica diezmada por las lesiones, la conflictiva cadera de Fredrik Ljunberg ("Si hubiera jugado menos partidos, habría estado en mejor condición", aseguró el jugador sueco), y Ronaldo, que traía una pesada carga. A José Luis Runco, el médico de Brasil, el débil aductor de la pierna izquierda de Ronaldo le quitó el sueño durante toda la Copa. Debilidad atribuida al "cansancio muscular" en parte propio de la seguidilla de lesiones que el jugador brasileño acumula desde 1998.
En un Mundial con poco brillo, dice D´Hooghe, "la fatiga del jugador es un factor a tomar en cuenta". Al fin y al cabo, "eso afectó el atractivo de la Copa", reconoció. En un balance sensato, "todo esto conduce a la necesidad de que los médicos de los equipos desarrollen estrategias preventivas para mantener el riesgo de una competencia en sus niveles mínimos. Hay que aplicar, durante la competencia, una acción que favorezca la detención del agravamiento de la lesión o la patología asociada con la actividad y garantizar que la poscompetencia incluya el descanso y la rehabilitación para aquellos deportistas que lo necesiten", afirma Kunik.
Pero en la práctica, y a juzgar por los resultados de Corea-Japón 2002, parece que la cosa no es tan simple. Sería meter la pata obviar que, cuando de mundiales de fútbol se trata, a veces el panorama se complica por culpa del vil metal. A Ferret, médico del seleccionado francés desde 1993 ahora muy enojado con la FIFA, le parece que "jugar roto no hace bien al juego. Y el juego malo no se vende bien". Habría que sacar cuentas.

