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RAFAELA.- Piernas por el aire, la pelota con destino incierto y mucha, mucha voluntad. En un partido de vuelo bajo, con la garra como principal virtud, Atlético de Rafaela y Quilmes empataron sin goles, en esta ciudad.
En ese contexto, el equipo del Sur dejó una mejor imagen, con la positiva receta que expuso en el año último y que lo ubicó como una de las gratas revelaciones: orden, solidaridad y convicción grupal. Apenas con eso, más la convicción del contraataque como estandarte, Quilmes fue algo más. Eso sí, tiene una cuenta pendiente con la historia: nunca ganó en esta ciudad.
Rafaela fue otra vez una decepción. Hace 13 partidos que no gana en primera: la última vez fue por 4 a 0, frente a Gimnasia, en su estadio, por la sexta fecha del Apertura último. Pasó hace mucho tiempo. Y el conjunto local repitió los mismos errores que mostró en 2003.
Con Osvaldo Piazza como DT, Rafaela intenta ser más ofensivo, pero equivoca el camino y se confunde en la mediocridad. La apuesta aérea fue el único argumento, pero los centros a Miliki Jiménez y a Gonzalo Del Bono jamás encontraron destino cierto. Y los pelotazos sólo hicieron agigantar la seguridad de la última línea de Quilmes, sobre todo de los zagueros Herbella y Alayes.
Meléndez controló el juego en la mitad de la cancha y Garnier, un ejemplo como volante de ida y venida, motivó a todo el equipo. Pero el mejor juego de Quilmes carecía de profundidad, ya que el debutante chileno Arturo Norambuena no tuvo una buena tarde y Ceballos expuso apenas voluntad.
Tuvo una ocasión Garnier, pero el remate finalizó desviado. Césaro, volante de Rafaela, casi grita para el conjunto local. No había muchas emociones, ya que Rafaela atacaba sin sorpresas y Quilmes se defendía con orden y apostaba en forma esporádica por el contraataque.
En el segundo tiempo, Rafaela presionó más, pero no mejor. Y Quilmes, con más espacios, tuvo las mejores ocasiones de peligro, pero las desperdició porque no tuvo una buena tarde para la puntería.
No cambió mucho el desarrollo, pero la pelota voló menos por el aire, mejor tratada por ambos equipos. Quilmes tenía mejores argumentos, porque aún con intermitencias, Benítez se puso la camiseta de conductor. Braña lo acompañaba con fervor; y de todos, Garnier siempre era el mejor preparado para correr y jugar.
Y Quilmes tuvo la ocasión más clara, que finalizó en el travesaño: Ceballos, con la pelota en su poder y campo por recorrer, enfrentó al arquero Angel Comizzo (no jugará la próxima fecha frente a Arsenal, porque llegó a las cinco amonestaciones) y remató con suavidad. Pero la pelota, tras tocar en el travesaño, salió por arriba.
Rafaela, con la pelota, no podía, porque no tenía ideas ni juego. Di Lorenzo, más útil para correr que para jugar y Hugo Barrientos, sin vuelo creativo, no le dieron oxígeno ganador al equipo, que finalizó en la intrascendencia, con una apuesta repetida por el pelotazo. El ingreso de Federico García le cambió en parte la cara a Rafaela, que igual siempre confundió el último pase.
En Quilmes se destacó Jorge Campos, que ingresó por Benítez. Con el argumento de entender el concepto del juego, buscó la mejor vía, pero el conjunto cervecero tampoco tuvo fuerza en los últimos metros. Su mejor juego finalizó en tímidos intentos.
Por eso lamentó Rafaela el empate. Porque sigue sin éxitos y su futuro es sombrío. No tiene individualidades para mejorar su tibieza y depende demasiado de la garra y el corazón. Y con eso sólo no basta.
Lo de Quilmes fue mejor. Porque repitió los sólidos argumentos de la última campaña, con el orden como bandera, y con eso le alcanza para sobrevivir con la frente alta en la primera división. Le falta gol, es cierto. Pero tiene variantes que invitan a ilusionarse.


