Pausa de hidratación en el Mundial: entre la codicia económica y el riesgo de desvirtuar el fútbol
Las interrupciones de tres minutos que representan un negocio publicitario para las cadenas televisivas y la FIFA son cuestionadas por hinchas y entrenadores
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“Buuuuuuu...” Así reaccionaron este sábado los hinchas neerlandeses cuando el árbitro Michael Oliver pitó a los 22 minutos del primer tiempo y mandó a los jugadores a un costado. El fuerte repudio se debía a que el hydration break se interponía con el arrollamiento que Países Bajos estaba haciendo de Suecia. Un 2-0 con dominio absoluto y ataques masivos. Los simpatizantes, en este caso los de la selección de Ronald Koeman, se rebelaban ante este nuevo escenario: ¿Con qué derecho cortan el espectáculo? ¿Y si cuando se reanuda cambia la inercia?, como de hecho ocurrió con una mejoría de Suecia, que igual no le sirvió para descontar. Lo de los hinchas neerlandeses no fue una excepción, es una queja tiene eco en otros estadios.
No hace falta que finalice el Mundial para anticipar que por primera vez en los casi 100 años de antigüedad de esta competencia se incorporó una expresión nueva, “pausa de hidratación”, que en cada tiempo de todos los partidos tiene una mención asegurada, incluso por encima de la palabra ancestral del fútbol, que no es otra que “gol”. Esta innovación es más disruptiva que los retoques reglamentarios implementados, y también contradictoria con el espíritu de agilizar y darle continuidad al juego.
Como lo sabe hasta el más distraído, entre el minuto 22 y 23 de cada período, el árbitro interrumpe el partido durante tres minutos para que los jugadores se refresquen, bajen las pulsaciones y se junten con el director técnico para recibir indicaciones, revisar consignas y realizar ajustes. La finalidad es supuestamente “humanitaria”: atenuar el efecto de las altas temperaturas y humedad sobre los físicos. Sin embargo, en los más de 30 partidos disputados, ningún protagonista agradeció el intervalo por sentirse al borde del desfallecimiento. Si bien varios encuentros se disputaron bajo un clima cálido, ninguno soportó temperaturas extremas, superior a los 35 grados. Con un detalle que no es menor: las estructuras de la mayoría de los estadios, con cubiertas superiores y sistemas de refrigeración, hacen mucho más amigable el clima.
Así, se pasó a hablar de partidos troceados en “cuatro cuartos”, referencia ineludible a la NBA, uno de los tres deportes rey en los Estados Unidos. En la era de la atención fragmentada, el fútbol también se consume en capítulos con separadores para hacer o mirar otra cosa. El nuevo tiempo muerto del fútbol tiene un reverso monetarista: las transmisiones televisivas dejan de emitir imágenes de los cónclaves entre los entrenadores y sus jugadores para pasar tandas publicitarias que engordan el negocio. Esos espacios de tres minutos son de sumo interés para los anunciantes porque les asegura una visualización mayor que durante los 15 tradicionales del entretiempo. El televidente se levanta menos del sillón para ir al baño o la heladera.
Según Mario Díaz Granados, analista colombiano de negocios y actualidad empresarial, en cada pausa los canales transmiten entre cuatro y ocho avisos. Si se contabilizan los 104 cotejos del Mundial, se podría llegar a un máximo 1664 publicidades que antes no tenían pantalla. El segundo se cobra más caro y las ganancias extras para cada canal pueden oscilar entre los 50 y 100 millones de dólares. Por ejemplo, en cada uno de los intervalos de Países Bajos-Suecia, TyC Sports despachó cuatro avisos: dos de casas de apuestas, uno de cerveza y otro de hamburguesas. ¿Hay alguna señal televisiva que no se plegó a este filón? Sí, Telemundo, que tiene sede en Miami, deja las cámaras activas sobre la cancha durante el refresco.
“Farsa”
— Tendencias Deportes (@TendenciasDepor) June 13, 2026
Por este video que revela lo que REALMENTE sucede en la PAUSA DE HIDRATACIÓN, en donde los jugadores NO SE HIDRATAN, sino que solamente se quedan parados esperando A QUE TERMINEN LAS PUBLICIDADES para reanudar el partido.pic.twitter.com/GbsbDsgHJS
No se evitó algún grotesco: en el partido inaugural entre México y Sudáfrica, el árbitro Wilton Sampaio tuvo que hacer esperar a los jugadores porque la cadena FOX estaba emitiendo un corte comercial. Igual no alcanzó: cuando la retransmisión regresó, el encuentro ya se había reanudado, por lo cual los televidentes se perdieron algunos segundos de juego.
Esto aumenta la facturación de los canales y a la FIFA le permite incrementar lo que cobra por la venta de los derechos televisivos. Un win/win. Se estima que entre este Mundial y el de Qatar, el negocio de los derechos de transmisión de la FIFA creció entre un 20 y 30 por ciento. Eso sí, la FIFA siempre se encarga de comunicar que parte de sus ganancias se derrama en las federaciones asociadas para el desarrollo del fútbol base y la construcción de infraestructuras.
La pausa de hidratación no es una novedad para los televidentes argentinos. La Conmebol ya la aplica en las copas Libertadores y Sudamericana, aunque con un criterio más deportivo-periodístico: no se va a una tanda publicitaria, sino que alternadamente se coloca un micrófono aéreo para captar la charla de los entrenadores con sus jugadores. Eduardo Coudet fue uno de los primeros en querer censurar esa intromisión auditiva, pero después la terminó aceptando.
Hasta aquí, el aspecto comercial y económico de la pausa hidratación. Quedan las consecuencias deportivas. Buena parte de la comunidad futbolística no le dio precisamente una bienvenida. Uno de los más tajantes fue Jürgen Klopp, en su función de comentarista en la cadena alemana ZDF: “El fútbol está siendo secuestrado por ejecutivos atrincherados en oficinas con aire acondicionado. Es un descanso comercial muy peligroso para el espíritu del juego. Se presentan como un escudo para el bienestar de los jugadores, una noble espada contra el calor, y no es más que una jaula de oro. ¿A quién sirve realmente la Copa del Mundo? ¿A los aficionados? ¿A los jugadores? ¿O a los los publicitarios? Un partido del Mundial debería fluir como un río".
Lionel Scaloni puso un reparo: “Si tenés inercia positiva, esa pausa te corta un poco”. Néstor Lorenzo, director técnico de Colombia, se explayó: “Cuando las temperaturas suben por encima de los 35 grados, como nos ocurrió en la Copa América de los Estados Unidos, una pausa de hidratación es buena y correcta, justamente para que el jugador reponga energías. Cuando esas interrupciones son de tres, cuatro minutos, me parece que ya se pierde un poquito la esencia de lo que es una rehidratación y se pasa a otro tema. Estoy viendo que en el comienzo de las pausas se mostraba al técnico conversando con los jugadores, ahora se utilizan para pasar publicidad. Tienen otro sentido. Me pregunto si se piensa en el bienestar de los jugadores o en otras cuestiones”.
Marcelo Bielsa, que ya tuvo fuertes choques con la organización de los Estados Unidos durante la Copa América 2024, prefirió ser elíptico, dejó una crítica encubierta: “Los motivos [de la pausa de hidratación] son muy claros, no es necesario que yo agregue opiniones que son unánimes”. Didier Deschamps fue más explícito: “Está bien para que las cadenas de televisión tengan una pausa publicitaria. Pero esos tres minutos cambian por completo el fútbol. Da igual el equipo. Si está pasando por un buen momento, tres minutos lo cortan todo”.

En cambio, Alexi Lalas, excapitán de la selección de los Estados Unidos y ahora comentarista en Fox, hizo una invitación a abrir las mentes y adaptarse a la nueva actualidad. La batalla entre conservadores y reformistas. “Sí, cambia cómo se juega, pero también lo hicieron los cambios durante los partidos [a partir del Mundial 1970], los tres puntos por victoria, el VAR, etcétera. Evolucionar y adaptarse. Habrá una generación cuya versión del juego incluirá cuartos”, expresó Lalas.
Este frenazo a los desarrollos va en sentido contrario a las modificaciones para darle continuidad al juego. Ahora el reloj de los árbitros apura a los arqueros, a los que hacen los saques laterales, a los que salen tras ser sustituidos. Hasta que llega la pausa de hidratación y el fútbol entra en la dimensión de dos velocidades opuestas.
Según las métricas (peligro esperado, xT) de la empresa especializada Driblab, citada por el diario El País, en 44 de las 56 (78,6%) pausas de hidratación de los primeros 28 partidos del Mundial hubo cambios de la tendencia existente tras reanudarse el encuentro. Según el relevamiento, el perjuicio es mayor para los equipos que llevan la iniciativa y controlan la posesión. Ese estilo de desgaste del rival se ve interrumpido y le da a este la posibilidad de reponer energías para seguir aguantando. O sea que entre los beneficiados no estaría la selección argentina, si bien venció a Argelia con con un porcentaje de posesión inferior al habitual.
La pausa de hidratación, que hasta este Mundial se aplicaba en circunstancias especiales, pasó a ser una rutina que por ahora provoca más rechazo que aceptación. En un Mundial en el que en todas las canchas se estira la “o” para gritar una buena cantidad de goles (más de tres por partido de promedio), el buuuuu resuena a modo de protesta.
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