Ventaja River: venció 2 a 0 a Boca y se ilusiona con la final de la Copa Libertadores

El festejo de Nacho Fernández
El festejo de Nacho Fernández Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi
Claudio Mauri
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1 de octubre de 2019  • 23:00

La alegría y la satisfacción de River son grandes por el 2-0, pero aunque parezca increíble se le filtró un lamento porque la diferencia pudo ser mayor. El campeón de la Copa Libertadores impuso condiciones y Boca se quedó en un aspirante desbordado, más de un par de escalones por debajo.

El primer gol de River: Borré, de penal

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Una serie que se sigue imaginando abierta pudo estar cerca de tener sentencia en el Monumental. Quedan 90 minutos en la Bombonera tras un primer capítulo muy favorable a River. Andrada esta vez no alcanzó para clausurar su arco, pero sí para que Boca no se llevara una derrota poco menos que definitiva.

El gol que falló Nicolás Capaldo en el cierre del primer tiempo

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Un equipo especialista en cerrar su arco, en orillar los 1000 minutos sin recibir un gol, antes de los 10 minutos se vio en desventaja. Nada menos que por una semifinal de la Copa Libertadores y en el Monumental. River, tan frustrado ofensivamente contra Boca por Superliga, encontraba tempranamente la llave del tesoro. Un hallazgo rival que Boca discutió mucho, porque el foul de Mas a Borré dentro del área llegó por intermediación del VAR, cuando a aquel ataque local le había sucedido una réplica que por poco no aprovechó Ábila. El juego siguió casi dos minutos, hasta que con la primera interrupción, el novel árbitro Claus fue a revisar la acción al monitor. Penal bien sancionado, aunque haya desquiciado a casi todo Boca, y Borré, con una serena ejecución, le dio un golpe de escena a un superclásico que empezaba emotivo y también sacudido por las ráfagas de viento que cruzaban la cancha.

Si el plan de Boca era agruparse en su campo y especular con la ansiedad local, ya no tenía mucho sentido. Necesitaba animarse un poco más, y para eso lo tenía a Reynoso en lugar de De Rossi y a Ábila por Hurtado en comparación con el precavido planteo de su anterior visita.

Algunas imprecisiones redundaron en un desarrollo más movido, la pelota estaba viva, se arriesgaba, aunque la ejecución de los movimientos no fuera muy acertada. El gol había provocado un sacudón y una subida de la tensión nerviosa.

Casi gol en contra de Boca

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El 1-0 no le cambió a River la partitura habitual: salida rápida, asociaciones en campo adversario y ambición ofensiva. El déficit estaba en los últimos 25 metros, fallaba en un pase o se apuraba. Pero todos se animaban, ninguno más que Casco, que arranca como N° 3 e incursiona como N° 10 con una zurda que no tiene nada que envidiarle a la de un talentoso. Si en vez de 31 años tuviera algo más de 20 lo compraría un grande de Europa.

En desventaja, a Boca se le movió el piso, como si no estuviera acostumbrado a situaciones de ese tipo. En el primer tiempo, salvo Weingandt, los otros tres defensores fueron amonestados, todo un síntoma del arduo trabajo que tuvieron, sobre todo los centrales López (cometió una mano segundos después de recibir la primera amarilla) e Izquierdoz, que sacaron mucho en la cueva y debieron cubrir a los costados.

Ni Reynoso ni MacAllister agarraban la pelota, que era más propiedad de Nacho Fernández, Palacios, Casco y De la Cruz. Soldano, otra vez sacrificado a ser un falso N° 8, se veía superado cuando por ese lado se juntaban Nacho Fernández y Casco. Enzo Pérez resolvía a un toque, más rápido de lo que podían sumar Marcone y Capaldo, muy pendientes de la destrucción.

En River estaba extrañamente impreciso Martínez Quarta, comprometió varias salidas. Si Boca pensaba en golpear de contraataque, la situación más clara en el primer tiempo la tuvo por esa vía: una pérdida de De la Cruz derivó en una larga habilitación a Ábila, que aguantó muy bien a Casco y puso de cara al gol a Capaldo, que definió a las nubes, como si se le hubiera venido encima la trascendencia del momento y de lo que estaba en juego.

Segundo gol de River

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En cuanto River empezó a ajustar intensidad y precisión, Boca ya no fue el compacto bloque de los últimos meses. Eso fue más notorio en la segunda etapa. River se acercó bastante a su mejor versión y Boca padeció. Entre los palos y Andrada se fue demorando el segundo gol, que llegó tras una estupenda doble pared entre Nacho Fernández y Suárez. Como en el Santiago Bernabéu, Nacho apareció para encontrarse con la asistencia desde la derecha. Un golazo

Alfaro fue sacando todos los hombres de ataque que tenía en el banco y reemplazando a los que habían pasado de puntas de pie, sin casi notarse (Soldano, Reynoso y MacAllister). Con un par de arranques Salvio hizo más que el resto.

El fútbol no se lleva muy bien con la lógica, pero en esta primera semifinal quedó plasmado que River es un proyecto sostenido, reinventado y siempre en evolución desde más de cinco años, los que lleva Gallardo, mientras que Boca, en menos de 12 meses con Alfaro, quedó herido en lo que era su viga maestra: la firmeza, la solidez, el pragmatismo para manejar los momentos de un partido. No estaba acostumbrado a perder. La de anoche fue apenas la cuarta derrota en el año, quizá la más dura, aunque se lleva el consuelo de todavía tiene revancha en tres semanas. River lo fue erosionado con su dinámica y fútbol, con ese convencimiento que lleva tatuado y que siempre aparece cuando las grandes citas lo reclaman.

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