River ganó y se acerca a la Copa, pero las lesiones de Casco y Nacho Fernández le dejaron un sabor extraño

River le ganó a San Martín de Tucumán en el Monumental
River le ganó a San Martín de Tucumán en el Monumental Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri
Juan Patricio Balbi Vignolo
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24 de febrero de 2019  • 16:40

Objetivo cumplido a medias para River en la tarde en Núñez. La victoria 2-1 con goles de Juan Fernando Quintero y Matías Suárez sobre San Martín de Tucumán era más que necesaria para mantener bien altas sus aspiraciones de terminar la Superliga entre los cuatro primeros para alcanzar el boleto a la Copa Libertadores 2020: lleva 14 puntos de los últimos 18 que tuvo en juego y se recuperó luego de las tres primeras derrotas en fila del año. Pero el triunfo terminó costándole demasiado caro al técnico Marcelo Gallardo : dos lesionados que estiran la lista actual a cinco y otras dos situaciones a seguir de cerca.

A los 30 segundos de juego, Milton Casco sufrió la fractura de su clavícula derecha, y pasada la primera media hora, Ignacio Fernández debió ser reemplazado por una lesión muscular en el isquiotibial izquierdo. Además, se espera por la evolución de Juan Fernando Quintero, quien salió en el complemento con hielo en su isquiotibial derecho, y de Robert Rojas, quien terminó jugando los minutos finales con mucho dolor en su tobillo derecho.

Mientras el cuerpo médico todavía debate la posible operación de Exequiel Palacios (fractura proximal de peroné derecho con leve desplazamiento) y espera por la recuperación de Gonzalo Montiel (se esguinzó la rodilla derecha hace una semana) y de Enzo Pérez (lesión muscular grado 1 en recto interno izquierdo sufrida hace dos semanas), hoy se sumaron varias preocupaciones que potencian una situación complicada para el Millonario, ya que el calendario le exige cada vez más: el próximo sábado recibirá a Newell’s y el miércoles 6 de marzo deberá visitar a Alianza Lima en Perú en el debut de la Copa Libertadores.

Así, el plan inicial que había diseñado el Muñeco con el 3-4-1-2 -que se transforma en 5-2-1-2 para defender- se desvaneció demasiado pronto con la lesión de Casco tras un choque con Ramiro Costa. Así, el DT debió modificar esquema y posiciones rápidamente: a los cuatro minutos, ingresó Nicolás De La Cruz y el equipo se paró 4-3-1-2, cambiando a Camilo Mayada de volante a lateral derecho y a Javier Pinola de tercer central a lateral izquierdo.

Le costó acomodarse a River durante el primer cuarto de hora, pero a partir de allí comenzó a dominar con claridad la posesión del balón para generar así siete aproximaciones de peligro al arco rival en tan solo media hora. Con Nacho Fernández como conector de líneas, más un explosivo Juan Fernando Quintero detrás de los delanteros y un Lucas Pratto activo y solidario, el Millonario fue moldeando lentamente una victoria trabajada pero solidificada en su superioridad colectiva e individual.

Porque cuando parecía que los minutos pasaban y la apertura del marcador se hacía desear por demás ante la falta de precisión y eficacia en los metros finales, Quintero le pinchó sutilmente una pelota a Pratto, quien aguantó de espaldas al arco con la marca de Rodrigo Moreira encima y le devolvió la pared al colombiano, que sacó un gran zurdazo al segundo palo para inflar la red y volver a enloquecer una vez más al Monumental con su encendido presente.

Ya son cinco los goles que acumula el enganche en siete partidos jugados por Superliga en un año (seis como titular) en el que se afianzó como el eje central de un equipo que continúa armándose alrededor de él. No solo maneja la pelota parada con precisión y clase, sino que también se hace cargo de su rol principal: ser el arma principal de un ataque que se potencia cada vez que la pelota pasa por sus pies.

Y cuando el fuego empieza a apagarse, ante el marcado cansancio por el intenso ritmo de juego que propone River, se siente en lo más profundo: el segundo tiempo tuvo una dinámica mucho menos furiosa y entretenida que la primera parte, con más imprecisiones y menos situaciones de gol.

Claro, el resultado nunca pareció estar en peligro porque a San Martín, con Floreal García de director técnico interino tras el despido de Walter Coyette, le costó demasiado el trámite del juego, demostró las limitaciones de un equipo golpeado ante su preocupante situación -está último en la tabla de promedios- y careció de argumentos para intentar lastimar al rival. Más allá de eso, tuvo sus ocasiones con dos cabezazos en pelotas paradas durante la primera parte y un buen remate de Emiliano Purita promediando la segunda mitad que despejó Franco Armani.

Enfrente, River pudo liquidarlo mucho antes para afrontar los minutos finales con mayor tranquilidad, pero las apariciones del arquero Jorge Carranza -entre otras, le sacó el 2-0 a Matías Suárez con una milagrosa salvada en la línea- y la falta de determinación por momentos en ataque, ante un rival que no lo molestaba y en un partido estacionado por demás, le impidieron hacerlo. Recién lo consiguió a los 38 minutos, en una buena jugada colectiva que derivó en un centro atrás de De La Cruz que terminó empujando Suárez -marcó su segundo gol en cinco partidos- tras una sucesión de rebotes.

Deliró Núñez con el festejo, en una mezcla de desahogo y satisfacción ante el incierto resultado final, que terminó siendo 2-1 por el descuento tucumano en un contragolpe que capitalizó Costa en los instantes finales. Susto al margen sobre el final, con una polémica jugada que podría haber sido penal para San Martín por mano de Rojas, el público millonario celebró con su equipo un nuevo triunfo para llevar a seis los encuentros invicto y mantenerse bien posicionado en el quinto puesto de cara a las cinco fechas finales con un claro objetivo: terminar entre los cuatro primeros para lograr la clasificación a la Copa Libertadores 2020 y repetir así viejas necesidades durante el segundo semestre del año.

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