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Fue lo mejor que me pasó en la vida. Ese título lo guardo en el corazón", cuenta el goleador del exitoso Clausura 2001, aquel fantástico conjunto teñido de récords y gloria. "Fue mi única vuelta olímpica, así que imaginate lo que significa para mí. No hay comparación que sirva: fue la cumbre de mi carrera", expresa el volante, la debilidad de Ramón Díaz en el mágico Clausura 2007, aquel vertiginoso equipo cubierto de alta exposición y grandeza.
"Falta mucho para repetir esa historia, pero estamos en el buen camino. Sobre todo, de la cabeza estamos 10 puntos", exclama Bernardo Romeo, el artillero con 15 tantos en 2001, el ídolo del público, el hombre que ingresó apenas once minutos el sábado, ante Vélez, y bajó el telón con un tanto que aún hoy se celebra.
"Esa es la verdad: estamos muy bien. Tenemos compromiso, solidaridad, solidez", advierte Santiago Hirsig, el arma polifuncional de la zona media, una exacta mezcla de disciplina, esmero y habilidad, respetado por la gente, el protagonista que actuó durante 62 minutos por la lesión del Lobo Ledesma y que inclinó la brújula perdida en ese tramo del juego.
"Cerré los ojos, ¿no? Siempre los cierro cuando me sacan una foto", lanza Santiago. "No, quedate tranquilo que saliste genial", bromea Bernardo, mientras la cámara refleja las carcajadas del líder. De San Lorenzo, el confiable y cómodo puntero del Apertura. Romeo es el ídolo de un equipo que recuperó el romance con el público. Hirsig es un cacique dentro de un medio campo nutrido de figuras. Romeo sabe de gloria en San Lorenzo: campeón en 2001, campeón de la Mercosur el mismo año. Hirsig resulta una de las patas fundadoras de aquel conjunto ideado por Ramón.
Los dos saben de gloria, conocen ese cosquilleo de vueltas olímpicas vestidos de azulgrana.
"No hay un secreto para repetir los títulos. Cada uno tiene su momento y todos son especiales. Creo que la principal virtud de este equipo es que todos estamos contentos y los problemas quedaron atrás. Tenemos un gran plantel, el recambio es increíble", señala Romeo, que lanza elogios hacia Silvera y a Bergessio, supuestos competidores en el nombre del gol. "Estamos bien, cualquiera entra y hace un gol o rinde bien y no se notan los cambios. No hay titulares y suplentes: el gran nivel es general", cuenta Hirsig, que sigue en sintonía: descubre alabanzas hacia Ledesma y Torres, las piezas que ensayan teorías parecidas a las suyas desde el círculo central.
-Romeo, ¿cuál es la importancia de Russo en este momento?
-Todos saben que ordenó el vestuario en la pretemporada. Es una virtud de Miguel que logró que todos estemos en un gran nivel y se nota la inteligencia del técnico.
-Hirsig, muchos creen que el torneo está casi resuelto, ¿es así?
-No, falta un montón. Aunque son lindos los elogios, porque eso significa que estamos jugando muy bien. Además, ayuda mucho que los rivales directos no sumen.
Bernie es el de siempre. Bonachón, sencillo, familiero por sensibilidad, nacido hace 31 inviernos en Tandil. Vive del gol, su ambiente es el área.
Santiago no se transforma con la fama. De buen decir, apasionado de la literatura y el rock, cultor de la amistad, nacido hace 30 otoños en San Isidro. Se nutre en la zona media con una personalidad inquebrantable.
Lanzan más palabras que el viento insistente, indomable, del Bajo Flores no puede olvidar. Dice Romeo: "Somos un equipo, con todo lo que eso significa". Subraya Hirsig: "Tenés razón, eso somos: un equipo. Con una tremenda hambre de gloria ".
Con esa certeza, soñar es más fácil...
Santiago Hirsig no es un enamorado del área rival, aunque tiene una virtud: alta efectividad cuando decide el remate



