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Boca ya conoce el próximo obstáculo en su camino por la Copa Sudamericana. Será San Pablo, un adversario de peso continental que eliminó a Bolívar por 3 a 1 (en la ida habían empatado 1 a 1) y que dejó en el Morumbí algunas pistas sobre lo que puede ofrecer en los cuartos de final. Una aclaración resulta indispensable: un solo partido no alcanza para establecer conclusiones definitivas pero la noche ante los bolivianos permitió observar virtudes, individualidades y también algunas grietas.
Bolívar se sintió inferior desde el comienzo. Cedió la pelota, retrocedió y permitió que San Pablo asumiera el protagonismo. El conjunto paulista aceptó la invitación y encontró en Marcos Antonio a uno de los encargados de darle sentido a la posesión. El mediocampista tiene buen pie, panorama y capacidad para encontrar siempre un compañero libre. Una habilitación suya dejó a Iago en una posición inmejorable para convertir, aunque Carlos Lampe evitó el gol.
En la delantera de San Pablo aparecen nombres conocidos y con jerarquía. Luciano se mueve, encuentra espacios y tiene facilidad para llegar al gol. A los 17 minutos abrió el marcador después de una buena construcción colectiva y un centro atrás. Más tarde estuvo cerca de repetir con un remate desde afuera del área que pegó en el palo.

Artur también ofreció movilidad y desequilibrio, pero la gran referencia es Jonathan Calleri, un conocido de Boca. El argentino es capitán y emblema, fija a los centrales, ofrece una descarga permanente y representa la principal carta de gol. Y cuando la noche se complicó, asumió la responsabilidad: con el partido 1-1 después de un golazo de Dairon Asprilla. El VAR detectó una mano de Echeverría y Calleri ejecutó el penal con potencia y decisión, cruzó el remate y devolvió la ventaja. Una imagen que sirvió para explicar su peso dentro del equipo.

No todo fueron certezas en San Pablo. Cuando Bolívar abandonó su postura conservadora y se animó a atacar, el equipo paulista sufrió demasiado. Sus centrales no siempre ofrecieron garantías, aparecieron espacios y Rafael debió responder para sostener al equipo. El golazo de Asprilla confirmó que el conjunto boliviano podía hacer daño cuando adelantaba metros. Para Boca puede haber allí una señal: San Pablo parece sentirse bastante más cómodo proponiendo que cuando debe retroceder y defender cerca de su arco.
La reacción posterior también habló de sus virtudes. San Pablo no quedó paralizado por el empate. Adelantó líneas, recuperó agresividad y encontró el 2-1 con Calleri. Desde entonces fue otro equipo. Sabino anticipó en el primer palo tras un córner y marcó el 3-1, otra advertencia para Boca sobre la pelota detenida.
Con la clasificación encaminada y liberado de la tensión, San Pablo terminó manejando el partido a voluntad. Hizo circular la pelota, le dio dinámica a la posesión y mostró su versión más convincente de la noche.
Este rendimiento internacional contrasta con su actualidad en Brasil, en el torneo doméstico. San Pablo transita la zona media-baja del Brasileirao y llegó a esta definición después de nueve partidos sin ganar por el campeonato, cerca de los puestos de descenso. La Sudamericana adquirió así una importancia todavía mayor para su temporada.
Boca y San Pablo volverán a cruzar sus caminos en un escenario continental. Dos gigantes identificados históricamente con la Copa Libertadores se encontrarán esta vez en la Sudamericana, un trofeo que ambos conocen: Boca fue campeón en 2004 y 2005 y San Pablo lo conquistó en 2012.
Se viene un cruce con aroma a Libertadores. Y Boca ya tuvo una primera aproximación a lo que encontrará enfrente: un rival con jerarquía, variantes y carácter, pero que también mostró que, cuando lo atacan, puede ser vulnerable.



