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Quedó apuntado en los libros apenas terminó. Ni un segundo después. Huracán 3 vs. San Lorenzo 0. Histórico por el resultado en sí mismo y por el contexto. Sorpresivo por la gran diferencia en el marcador entre un equipo armado para la permanencia, el Globo, y otro ensamblado detrás de objetivos más pretenciosos, el Ciclón. En el medio de la bohemia tan mentada quedaron los brazos al cielo de una camiseta blanca que pareció más radiante que nunca. Tantos malos momentos pasaron que bien valió olvidárselos de repente. Como un flash. Como si por unos segundos lo único que existiera fuera ese partido, esa victoria, ese grito.
Ya lo había advertido durante la semana el arquero Gastón Monzón: "Este partido tenemos que jugarlo como hinchas". Y lo hicieron. Se vio en los gestos, en las actitudes de aquellos que alumbraron en primera con la camiseta del Globo y de los que no hace tanto empiezan a entender de qué se trata Parque Patricios. Hubo chicos, como Darío Soplan y Rodrigo Battaglia, entre muchos otros. Hubo grandes, como Facundo Quiroga y Rolando Zárate, que jugó algunos minutos en el segundo tiempo, entre otros pocos. Fueron todos para Huracán. Un Huracán que reconoció sus limitaciones y que se hizo más fuerte a partir de ellas.
Hubo asombro porque el vencedor venía en una curva descendente. Ni siquiera el regreso de Miguel Brindisi había podido encarrilarlo, con dos empates y dos derrotas. Sí, también para el entrenador tuvo un significado distinto la primera victoria justo frente a San Lorenzo. Así, en plena lucha por la permanencia, se consiguió un triunfo de esos que sirven como un inequívoco envión. Se celebró, además, porque el éxito venía negándose desde la 5ª fecha, cuando por entonces con Héctor Rivoira como DT Huracán derrotó a Quilmes por 2-1.
Pero no conviene salirse del exclusivo foco del clásico. Hubo sorpresa porque San Lorenzo se anotaba como favorito. Primero por la serie positiva frente al rival de siempre. Segundo por el influjo optimista que cada vez le imprime Ramón Díaz y más en este tipo de enfrentamientos. Tercero porque había cortado la serie de tres caídas consecutivas con el festejo ante Tigre por 2-0. Pero no. Todo se lo quedó el Globo en el nostálgico Tomás A. Ducó. No dejó nada.
Los más grandes se abrazaron con los más chicos. En la cancha y fuera de ella. Los más curtidos y los novatos. Los abuelos con los nietos. Se saltó a la par. Huracán tuvo un poco de todo eso. Hacía mucho, pero mucho que no se sentía tan liviano. Casi como un puntito que no se distingue en el cielo. Allá va. Al menos por hoy.
"Ganar un clásico es un placer enorme. Y más en estas condiciones. Es la mejor forma de dignificar la camiseta de Huracán. Se jugó con el cuchillo entre los dientes".
"No hay nada material que pueda redituar más que lo que nos dio ver a la gente festejar. La gente se fue feliz porque recibió lo mejor desde el campo".
"Hoy hay que disfrutar. Mañana ya tenemos que pensar en Olimpo. No tenemos que desviar nuestra atención del objetivo por el clásico: engrosar el promedio".
"A partir de su mente un hombre puede sentirse un ganador o un perdedor. Demostramos que se puede. Venir de punto a un clásico y ganar se festeja el doble".
Como local, Huracán no vencía a San Lorenzo desde el Apertura 2000, cuando se impuso por 2-1, con goles de Sebastián Morquio e Iván Gabrich. Desde entonces, en esa condición, se habían enfrentado en cinco oportunidades, con dos empates y tres victorias de San Lorenzo.
Queda demostrado que a Huracán le cuesta mucho vencer a San Lorenzo, incluso en Parque Patricios. El Globo fue local en 76 oportunidades ante su tradicional adversario y apenas pudo vencerlo en 22. El resto: 32 victorias del conjunto azulgrana y 22 empates.
34 años pasaron desde la última vez que el Globo hizo tres goles en el clásico: 4-2, el 14/7/76.
41 son los triunfos de Huracán en el historial; tiene 72 caídas y 39 empates.
6 son los clásicos de Brindisi como jugador y DT del Globo; no perdió: cinco éxitos y un empate.


