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La familia boquense llora la muerte de Pedro Pompilio", titulaban los diarios del 30 de octubre de 2008. Era el presidente y tenía mandato hasta 2011. Vice de Mauricio Macri desde 1995, había legitimado su cargo en elecciones realizadas el 1° de junio de aquel año. Vale la pena recordar el conventillo que se armó antes de que los socios pudieran elegir a las autoridades del club por primera vez desde 1999.
Tres días después de la obtención de la Copa Libertadores 2007, Macri fue elegido Jefe de Gobierno porteño. Pidió licencia y le cedió el cargo a su fiel ladero. Acordaron armar una sola lista para los comicios en diciembre de 2007. Su rival, Roberto Digón, no pudo reunir los avales y Pompilio asumió la presidencia sin pasar por las urnas. En febrero de 2008, ante una denuncia de Digón y Abbatángelo, la Inspección General de Justicia dictaminó que los avales presentados por el oficialismo eran irregulares. Le puso fin a la presidencia de Pompilio y decidió que, hasta el llamado a elecciones, debía regresar la CD anterior presidida por? Mauricio Macri. Por un par de días, Macri fue Jefe de Gobierno y presidente de Boca.
En plena rosca política por el armado de las listas, el diputado kirchnerista Carlos Kunkel tentó a Pompilio: "Si limpiás tu lista de macristas, te bancamos con todo". Al final hubo humo blanco y el oficialismo presentó una sola lista. Para hacer equilibrio entre tanta parte interesada, la nómina incluyó un hombre de confianza de Macri como Oscar Vicente, viejos compañeros de ruta de Pompilio como José Beraldi y Juan Carlos Crespi, y dirigentes sin estructura partidaria como Jorge Amor Ameal, vicepresidente primero.
Este contexto ayuda a entender por qué la muerte de Pompilio y la posterior asunción de Ameal desataron esta riña de gallos aún no resuelta. Boca se consagró campeón del Apertura 2008, pero el "cabaret" recién abría sus puertas. Al frente de una comisión directiva que él no había elegido, el inesperado presidente contrató a Carlos Bianchi como manager. Públicamente confesó que su sueño era que hubiera un tercer Virreinato, tras los exitosos ciclos 1998-2001 y 2003-2004. Pero el mensaje más importante fue para los dirigentes: "Acá mando yo, y les pongo un límite". Echó a cinco gerentes por "manejos poco claros". A partir de enero de 2009, Bianchi empezó a tomar decisiones. Marcelo London se convirtió en su principal interlocutor dentro de la CD. Juan Carlos Crespi, directivo de alto perfil, vio cómo sus atribuciones quedaban drásticamente recortadas. Ninguno de los dos se quedaría callado.
El año arrancó mal. El entrenador Ischia y toda la dirigencia manejaron con mucha soberbia y poco tacto el caso Caranta. El alejamiento del arquero le provocó al club pérdidas económicas y deportivas. Ante el flojo nivel de Javier García en el tramo final del campeonato, Boca contrató a Abbondanzieri, la primera gestión de Bianchi en su nuevo cargo. Hasta ahora, el Pato ha tenido un rendimiento desilusionante. Luego explotó la pelea entre los jugadores. El regreso de Palermo, tras su operación de rodilla, expuso dentro de la cancha su conflicto de egos e intereses con Riquelme. Casi todo el plantel se involucró en esta pelea que se cargó a Ischia.
Durante esos días, se difundió la preocupante situación financiera del club con un pasivo superior a los 130 millones de pesos y un balance 2008-2009 deficitario en 11 millones, con 3.600.000 de gastos en el rubro "seguridad". La gestión de Pompilio había dejado números en rojo.
En pleno ajuste, Bianchi decidió no involucrarse en la renegociación de contratos como los de Ibarra y Palermo, con el argumento de que no podía hablar de dinero con futbolistas que tanto le habían dado en su etapa de entrenador. Pero sí se encargó de renovar los vínculos de Viatri y Gaitán hasta 2013 y 2014, respectivamente. Pablo Mouche está muy cerca de firmar. Los chicos, influyentes en la conquista del Apertura 2008, quedaron relegados. Forlín y Roncaglia fueron transferidos. Chávez perdió terreno. Muñoz se lastimó. Viatri volvió al banco tras el regreso de Palermo.
Coco Basile fue el elegido para recomponer el vestuario. Pidió refuerzos. Y así llegaron Insúa y Medel, expresos pedidos del DT. Para el lugar del mediocampista central, Bianchi le ofreció a Cristian Pellerano, pero Coco eligió a Rosada. Boca iba a dejar libre a Marino y a Ibarra, pero les renovó los contratos ante la solicitud del entrenador. Bianchi tenía cerrado el pase de Monzón al Metallist de Ucrania con la incorporación de Acevedo, hoy en Independiente, pero Basile insistió en que el lateral era necesario.
Los videos del uruguayo Gunino entusiasmaron a los dos. Sediento de revancha por su salida de la selección, Coco subestimó el nivel del conflicto del club, tomado por las internas. Lo admitió el propio Ruso Ribolzi, uno de sus ayudantes de campo. Renunció tras el 2-3 ante Godoy Cruz. La filtración de la noticia y algunas palabras de sus amigos lo hicieron retroceder.
La primavera de Palermo y Riquelme, reconciliados y sonrientes, duró poco. Román se lastimó y se terminó el campeonato para Boca. "Si Riquelme no juega, Basile se aburre", me contó un entrenador que lo conoce y lo quiere bien. Los dirigentes que nunca lo quisieron (London) le mandaron mensajes a través de la prensa. Del otro lado, Crespi, amigo de Basile, le apuntó a Bianchi, siempre con los periodistas como intermediarios. En medio del cabaret de traje y corbata, Coco volvió a pedir refuerzos. Pero en 2010 tenía un límite de crédito. Solamente le trajeron a Matías Giménez, representado por Mauro Bianchi. Su padre, Carlos, asegura que la operación fue manejada por los directivos y que él no tuvo nada que ver. Nadie puede negarle al hijo que trabaje de representante. Pero, en mi opinión, que acercara jugadores a Boca con su padre de manager suponía un innegable conflicto de intereses.
El propio Basile llamó por teléfono a Bianchi para avisarle de su renuncia, el día posterior al 1-3 con River. Aburrido y cansado, su segundo ciclo en Boca se pareció al regreso de un boxeador que, tras años de gloria, se niega al retiro con la frase "una más?" Su trayectoria y su don de gentes no merecían esta despedida. Pero si explica su salida únicamente en una supuesta traición de los dirigentes, reduce su propia responsabilidad en el asunto. El equipo jugó mal durante casi todo el semestre anterior.
Bianchi también subestimó la interna. Inmediatamente, empezó a sentir que estaba durmiendo con el enemigo. A su pelea con Crespi se agregó un cortocircuito con el preparador físico Dibos, al que acusa de delator ante un periodista. Tras cinco horas de reunión con los dirigentes, que intentaron convencerlo, les dijo que no aceptaría el cargo de entrenador y que renunciaba al de manager. Sintió que era el momento justo para irse. No lo engancha a la renuncia de Coco. Se iba a ir igual. Lo difundirá en las próximas horas a través de un comunicado. No quiere ser el DT porque considera que está "todo muy sangriento" y porque cree que no tiene nada por ganar. De hecho, regresó en 2003 con la triple corona Apertura-Libertadores-Intercontinental, la misma que había logrado en 2000. Defiende su gestión con logros como la gira del año pasado, su trabajo en el fútbol amateur y los largos contratos de las joyas del club. Pero nunca disfrutó del cargo y en un año pasaron dos entrenadores ante su sombra.
La jugada del presidente termina en fracaso: no acumuló poder y no logró el regreso del Virrey al banco. Los malos resultados exponen a todos. Ameal, los dirigentes, Bianchi, Basile y los futbolistas tienen su cuota de responsabilidad en este cabaret deportivo e institucional. Evidentemente, Boca dejó de ser una gran familia.



