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PARIS.- La historia de los futbolistas argentinos que triunfan en Europa suele copiarse: unos años bien vividos laboral y personalmente y el regreso a casa para cerrar la carrera, o bien cuando ya se concluyó. Hay, por supuesto, casos diferentes. Por ejemplo, el de Angel Marcos, aquel delantero del Chacarita campeón de 1969. El hombre, con 63 años que sólo se advierten cuando se repasa su biografía, apareció en el lobby del hotel Evergreen Laurel y lo primero que hizo fue desgranar recuerdos comunes con Enrique Wolff, colega de antes, en la cancha, y colega de ahora: al igual que Quique, a quien vemos cotidianamente en ESPN, oficia de comentarista en la señal de TV de L Equipe. Si los años de afincamiento hacen a las raíces de una persona, Marcos es un francés con todas las de la ley: llegó aquí en 1971 y aquí se quedó con Susana, la mujer que lo acompaña desde que vivía en la Argentina. "A él, cuando estaba en Racing, lo eliminamos en la semifinal de aquel torneo", se ríe, inconsciente de esa pronunciación que también delata su pertenencia a esta tierra.
Marcos vive nueve meses al año en Nantes y los otros tres en Cannes, pero dos o tres días a la semana los pasa en París, por esa ocupación mediática que atiende desde hace tres años. Desde que se retiró, en 1979 -tras jugar cuatro años en Nantes, con un título, y otros cuatro en Toulouse-, su rastro se perdió, pero durante un tiempo fue una suerte de trotamundos con el buzo de DT: dirigió en Egipto, Emiratos Arabes y Gabón. También lo hizo aquí, claro. Otro Angel, Vargas, recorrió buena parte de su camino junto al suyo: "Cuando vine aquí, hacía falta un fullback y lo hice venir. Ya habíamos salido campeones juntos en Chacarita y lo repetimos aquí, en Nantes, en 1973".
A Buenos Aires vuelve muy cada tanto, y nunca se queda demasiado. En el fútbol y en las costumbres, para Marcos hay lazos muy significativos entre su patria de origen y la de adopción. "Francia y la Argentina -opina- tienen una relación estrecha por su similitud en las maneras de ser, especialmente en el juego. Los franceses son los menos europeos de Europa, y los argentinos, los menos sudamericanos de América del Sur. Para Francia siempre representamos un gran país futbolístico". Esa concepción le infundió una valoración clara sobre lo que la Argentina produjo en el Mundial: "El equipo cometió el error de creer que el partido con Alemania estaba ganado", dice.
De aquel pasado funebrero mantiene unos pocos lazos, como con Frasoldatti, con quien habla "de tanto en tanto, pero no de fútbol". Allá, en San Martín, seguramente sigue siendo un emblema de los tiempos más felices; aquí, para aquellos ojos, es un pedazo de Chacarita en el corazón de Francia.



