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Al Mundial van los mejores. La máxima, repetida hasta el hartazgo, se refiere a lo colectivo e individual. Desde los grandes equipos, hasta los jugadores más laureados. "La Argentina va a clasificar a Sudáfrica porque no puede faltar Messi, como tampoco puede quedar afuera Portugal, porque no es negocio que se ausente Cristiano Ronaldo", se escuchó una y otra vez en los días previos a la última fecha de las eliminatorias mundialistas. Alfredo Di Stéfano, George Best y George Weah podrían dar motivos suficientes para dar por tierra con tamaña afirmación.
El caso de la Saeta Rubia es bastante curioso, porque no jugó, aunque sí fue parte. Al Mundial de 1950 no acudió la selección nacional, mientras que para los siguientes mundiales contaba con la cuidadanía española y España no clasificó para Suiza ni Suecia. En Chile 1962 fue citado pero una lesión en un amistoso previo lo dejó afuera, aunque "oficialmente" se podría considerar que integró la lista que presentó Helenio Herrera.
"Di Stéfano es para mí el mejor. Maradona es un gran jugador pero no pateaba bien con la derecha y no hacía goles de cabeza", sostuvo Pelé, en tren de comparaciones.
"Hace unos años dije que si me daban a elegir entre marcar un golazo al Liverpool o acostarme con Miss Mundo, iba a tener una difícil elección. Afortunadamente, he tenido la oportunidad de hacer ambas cosas", lanzó George Best, un especialista en declaraciones pomposas. Nació en Irlanda del Norte y su paso por Manchester United quedó en la historia de los Diablos Rojos, pero su condición de norirlandés lo dejó sin cita ecuménica. Estuvo cerca en España 82, pero ya tenía 36 años y una vida deportiva diezmada por el alcohol. "Si hubiese nacido feo, no hubiesen oído hablar de Pelé", lanzó Best, como para sumarle otro debate a la lucha de egos.
George Tawlon Manneh Oppong Ousman Weah -George Weah, para todos- nació en Liberia y la historia lo recordará como el mejor jugador africano de los 90´s. Premiado y reconocido en toda Europa, Weah contó con compatriotas que no estaban a su altura y jamás pudo superar una etapa eliminatoria.
En Liberia, para jugar al fútbol, un niño tiene que caminar cuatro horas para poder jugar con algo parecido a una pelota y en algo similar a un campo de juego, pero allí creció y se hizo conocido George. "El fútbol me lo ha dado todo, salvo la oportunidad de jugar un Mundial con mi país", dijo más de una vez.
Eric Cantona no tuvo suerte. Después de la actuación gala en México, con Platini como figura, los franceses no participaron ni en 1990, ni en 1994. Sus mejores años no coincidieron con el buen momento de Francia y cuando volvió de la suspensión, tras el incidente con el aficionado en 1995 -una patada en el Crystal Palace-, Jaquet armó un equipo alrededor de un tal Zinedine Zidane. Como el equipo lo hizo bien sin él, el entrenador bancó a sus jugadores y dejó afuera a Cantona. En 1998, Francia se consagró campeón.
Entre otros, Ryan Giggs es otro de los futbolistas nacidos en países con pocos jugadores de primer nivel. Desde que debutó en la selección, Gales jamás llegó a la fase final de un Mundial (la única vez fue en 1958).
Muchas otras estrellas no consiguieron el pasaje. Países con poca cultura mundialista, caprichos del destino o decisiones de los técnicos de turno dejaron al torneo de los mejores, sin los mejores. En la previa del Mundial de 1978, la lista de César Luis Menotti dejó afuera a un joven argentino. El día que el técnico comunicó los convocados, hacía frío y alguien se quedó llorando desconsoladamente a la salida del predio, en una tarde-noche oscura. Al lado de un árbol, un periodista lo agarró y le dijo "¿sabés los mundiales que vas a jugar vos?". Él, entre lágrimas, sólo atinó a contestarle: "¿cómo le digo a mi papá?". Era Diego Maradona y, por suerte para todos, tuvo revancha. México tuvo al mejor, entre los mejores.
Weah, polifuncional. En 2005, el liberiano incursionó en el mundo de la política al presentarse como candidato a presidente, pero fue derrotado en los comicios por Ellen Johnson-Sirleaf, quien se convirtió en la primera mujer en presidir un país africano. Además, el ex delantero de 42 años está terminando la carrera de Criminología en Miami. "CSI Weah" le dicen algunos medios europeos al hombre que supo jugar en Milan. Para no dejar de lado el fútbol, disputa un campeonato de aficionados con amigos.



