

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.

R otundo como pocas veces, Antonio Mohamed responsabilizó a los violentos de Independiente de su renuncia como entrenador del equipo. "A mí me echó la barra", señaló el DT en su última conferencia de prensa, improvisada en el predio de Villa Dominico. Acto seguido, puso el dedo acusador sobre la dirigencia: "Hubo gente que gritaba por una orden. Está muy claro que lo que pasó no fue espontáneo".
La cronología de los hechos remonta al domingo a la noche. Vestuario local. Pulsaciones a mil y bronca por un clásico perdido. En los camarines hay algunos dirigentes. La máxima autoridad del club, Julio Comparada, discute con el referente dentro de la cancha, Gabriel Milito. El repatriado capitán reprocha al directivo por los insultos de la gente. Le pide que haga algo para frenarlos. "¿Vos podés hacer algo para que no me insulten a mí?", le respondió el presidente, según relató él mismo en Fox Sports .
Cinco minutos después, Comparada ya no estaba en el vestuario de los Rojos. Plantel y cuerpo técnico se aprestaban para dejar la cancha. Y enfrentarse a los barras que bramaban en su contra. "Cuando me fui del vestuario ellos (los violentos) no estaban", contó Comparada. "Él se fue y a los cinco minutos apareció la barra. Mandados o no mandados, ese grupo nos echó de su casa", protestó Mohamed. La marcha fúnebre entonada por el grupo que copó el hall del Libertadores de América fue el lamentable corolario del ciclo Mohamed.
¿Cómo llegaron hasta esa zona? Porque son socios y nadie puede restringirles la entrada. ¿Quiénes estaban? Un testigo de los hechos relató: "Pablo Bebote Álvarez se la pasó hablando por celular. Y se ponía las manos en la boca para evitar que le leyeran los labios. Quizás hablaba con algún dirigente y con los encargados de la seguridad", detalló la fuente. Álvarez es el histórico líder de la hinchada, y comandó el paraavalanchas en la excursión a Japón, cuando el equipo perdió la Copa Suruga Bank ante Jubilo Iwata, el mes pasado.
En el lugar no había hinchas comunes. Esos que, según Mohamed, son los que "apoyaron siempre, aplaudieron desde la platea y bancaron en las encuestas". Ellos usaron las redes sociales para descargar su ira. Y denunciaron que cada vez que alguno intentó una crítica contra la dirigencia, al instante tenía cerca a varios sabuesos de la barra brava, prestos a silenciar su reclamo y a aconsejarles la huida.
"Cuando un club no está bien manejado, el final se da así. La decisión la tomó la barra, eso quiere decir que son los que mandan en el club", se descargó Mohamed. Fue la primera y última crítica directa hacia los dirigentes. "Esto me afecta a mí en forma directa. Uno trata de recuperar el club y esto es un retroceso", se defendió el presidente. "Si hubiéramos querido que renunciara, teníamos la renuncia en las manos", apuntó Comparada. Según el máximo dirigente del club, el representante del entrenador, Cristian Bragarnik, lo llamó por teléfono cuando terminó el partido para poner a su disposición la renuncia del DT. Minutos después, la barra copó la escena.
Las dos copas perdidas (además de la Suruga, Independiente cayó ante Inter, de Brasil, y no pudo levantar la Recopa Sudamericana) en el semestre, sumadas al pálido momento futbolístico del equipo, aceleraron el fin del ciclo. Ya en la travesía a Porto Alegre para la revancha de la Recopa arreciaron los rumores que presagiaban un cierre. La actuación de la barra se hizo aún más patente hace una semana, en la cancha de Argentinos; con la derrota en Brasil todavía fresca, los hinchas comunes gritaron: "Nosotros alentamos y ustedes nos cagaron". Los barras todavía no habían llegado. En cuanto ingresaron, silenciaron el reclamo popular y lo transformaron, al instante, en gritos de aliento para el equipo.
No sólo los caprichos de la pelota afectan a Independiente. El plantel acaba de arreglar un plan de pagos con los dirigentes para saldar las deudas -el atraso sería de tres meses-, mientras que al cuerpo técnico le deberían cuatro sueldos. Comparada ya adelantó que el rojo del club aumentará: "Será un número importante. Pero el nivel de endeudamiento proviene de su crecimiento, y vamos a poder pagar", aseguró el presidente. Con el gremialismo enquistado en la tribuna -conviven moyanistas duros con integrantes de la Uocra-, un pasivo que en el último balance superaba los $ 144 millones y el dolor de haber perdido dos copas en un mes, Independiente deberá reinventarse. O seguir padeciendo la dictadura de los violentos. La elección está en sus dirigentes.
La dirigencia de Los Rojos decidió que Cristian Díaz, entrenador de la Reserva, dirija a la primera contra San Martín, de San Juan (mañana, desde las 21.10, en Avellaneda y con arbitraje de Pablo Díaz), y el próximo domingo (a las 16), en Córdoba, frente a Belgrano. Estará acompañado por Claudio Teixeira (ayudante de campo), Eduardo González (preparador físico) y Miguel Ángel Santoro (entrenador de arqueros).
La sucesión de Mohamed la encabezan Gerardo Martino (Comparada reconoció que ya hablaron y que habrá una reunión en la semana), Américo Rubén Gallego (desechó una propuesta para volver hace unos meses) y el uruguayo Jorge Fossati.
"No hay hechos de violencia en el club. No me siento acusado por Mohamed. ¿A quién le puede servir una barra brava?", se preguntó el presidente del club, Julio Comparada, en Fox Sports. Y agregó: "Me encantaría que no existieran".
Informe: Patricio Insúa



