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RÍO DE JANEIRO.- Sobre la avenida Atlántica, Emilio Rodiño, un comerciante de Comodoro Rivadavia, revuelve el guiso de pollo que se cocina lentamente en una hornalla a gas. La caja de la camioneta en la que viajó durante días junto con tres amigos se parece a una mesada de hogar: vajillas de plástico, alimentos y bebidas. Los cuatros comen y duermen allí, en ese vehículo que está estacionado desde anteanoche frente al Hotel Arena, uno de los tantos cinco estrellas que se extienden por la costa de Copacabana.
Como ellos, hay muchísimos más argentinos que acampan en la rambla de la playa más popular de Río o en el Sambódromo, otro pedazo de ciudad colonizado por la celeste y blanca. La mayoría no tiene entradas para la final del Mundial y ni aspiran a conseguirla. Los precios que se manejan en el lucrativo mercado negro de la reventa son inalcanzables y rayan lo ridículo. Para ellos, es imposible.
"No vamos a pagar una locura", se planta Maira De Benedetto, una joven de 30 años que vino con Luis, su padre. Son de Avellaneda y pasaron ya una noche sentados en un bar porque la disponibilidad de hospedaje está saturada, sobre todo en las zonas de Copacabana, Ipanema y Botafogo. Un grupo de cordobeses los sacó del apuro y les prestó una carpa. Ahora, Maira y Luis son unos de los tantos que acampan sobre la avenida Atlántica con la venia de la policía local. Durante la ronda de mates, Maira mira de reojo el cielo e implora para que no llueva. Anteanoche, la tormenta arrasó con todo. El tendal de ropa que descansa sobre el capot de los autos sirve como mudo testimonio del aguacero.
La lluvia parece dar un respiro y asoma una tímida resolana. Miles de argentinos desembarcan eufóricos, se abren paso con cánticos y creen conquistar tierra desconocida clavando sus banderas en las costas de Copacabana. Caminar por la rambla es como dar un paseo por Mar del Plata: hay argentinos de todas las provincias. Los argentinos se animan entre ellos con el batir de bombos y redoblantes, y la playa es como una inmensa tribuna: "Brasil, decime qué se siente?", retumba el hit. Las olas del Atlántico rompen en la orilla y son parte de la sinfonía.
En medio del jolgorio playero, la mayoría tampoco tiene entradas. Verán la final en el Fan Fest, un predio sobre la arena montado por la FIFA en el que se baila, se bebe y se ven los partidos en pantalla gigante. "La fiesta está acá, en la playa. Ni nos gastamos en buscar en la reventa", dice Julio Benítez, un empleado estatal chaqueño que viajó desde Resistencia con siete amigos. Julio está con los pies hundidos en la arena y no se moverá de allí hasta no vender alguna de las diez botellas de fernet que trajo desde Chaco para economizar su aventura brasileña. Es uno de los miles de buscavidas.
También hay muchísimos argentinos con entradas, aunque son difíciles de distinguir o encontrar. Están los que las tienen escondidas en las cajas fuertes de los hoteles o los que la llevan en el bolsillo hasta para ir al baño. Pero nadie quiere exhibirla en público por temor a los robos.
Como una ironía del destino, el punto de encuentro de los interesados en la reventa es el Copacabana Palace. De ese hotel se fugó anteanoche el empresario vinculado a la FIFA que está acusado de liderar una red ilegal de venta de entradas. Allí, también, está hospedado el presidente de la AFA, Julio Humberto Grondona.
La policía brasileña estima que entre hoy y mañana habrá en Río alrededor de 100.000 argentinos. De acuerdo con informes de la FIFA, sólo el 12% de las entradas vendidas para la final a través de los canales oficiales se adquirieron en nuestro país. El 57% de los tickets se los llevaron los brasileños, quienes son los que están alimentando el mercado negro de la reventa. En la ciudad mandan las leyes del mercado: a mayor demanda, más cara la oferta. Hasta 6000 dólares pagó ayer un argentino por una entrada cuyo precio original era de 90. ¡Insólito!
El desembarco de hinchas argentinos continuará entre hoy y mañana. Un capricho de la geografía lo hace posible. Como si se hubieran abierto las compuertas de la frontera, los argentinos invaden Río tal como lo haría un ejército de ocupación. Algunos llegan en avión y otros viajan días eternos en ómnibus destartalados, casas rodantes o autos gasoleros. Se hospedan en hoteles con todo incluido o en algún dormitorio de medio pelo. Otras vienen en carpa y hay a quienes están todavía sin alojamiento. A todos los une el mismo deseo: ser campeón en la tierra donde reina la pasión por el fútbol.
SANTA FE.- El rosarino Angel Di María sorprendió a 10 de sus amigos de la infancia en el barrio Cerámica, de Rosario. Los invitó a ver la final del Mundial, y para ello contrató un vuelo charter, que partirá mañana, a las 23. Todos recibirán en Río de Janeiro el boleto para ingresar al Maracaná.
Siete de los diez amigos de Di María tienen el mismo tatuaje que Angel en la pierna y esta mañana concurrieron a vacunarse mientras organizan la partida. "Estábamos como locos porque no podíamos viajar ni conseguir la entrada. Por suerte Angelito se acordó de nosotros y nos invitó. Quien lo conoce sabe que él es así, sencillo y que nunca olvida su origen ni a sus amigos", relató Angel, uno de los entusiasmados con la partida. "Sabíamos desde un primer momento lo de la lesión, nos comentó el tratamiento que estaba realizando y ayer, cuando lo veíamos trotar nos imaginamos que quizá puede ingresar algunos minutos. Esperamos confiados el resultado del domingo. Algo nos dice que vamos a volver con la copa", amplió.
Esto es parte de la locura por la final del Mundial Brasil 2014 que se vive en Santa Fe. Familiares y amigos de Javier Mascherano, oriundo de San Lorenzo, al norte del Gran Rosario, completaron 6 micros y una docena de combis que, junto a decenas de autos particulares, iniciarán pasado este mediodía el viaje hasta Río de Janeiro. Por su parte, Angel Di María no se olvidó de sus amigos de la infancia. Diez de ellos fueron invitados por el rosarino y viajarán mañana en vuelo charter, con la entrada en la mano, para asistir al cotejo frente a Alemania.
Pero también hay otros hechos que hablan de una locura mundial. Por ejemplo: los vuelos de las aerolíneas TAM y GOL agotaron las reservas de ayer y hoy para la ruta Rosario-San Pablo; 75 micros de las empresas que cubren el trayecto hasta la frontera con Brasil partieron esta mañana completos desde diferentes ciudades de esta provincia. Y esta tarde partirán los servicios exclusivos que llegarán horas antes del partido y emprenderán el regreso el mismo domingo, a un costo de 4.700 pesos, sin entradas ni alojamiento.
RÍO DE JANEIRO (De nuestros enviados especiales).- Como en el día antes del debut con Bosnia en el Maracaná, los argentinos convocaron para hoy a un banderazo de apoyo al seleccionado en la parada número 4 de las playas de Copacabana. Aquella vez se congregaron 5000 hinchas; hoy podrían ser muchísimos más, tal vez el doble. La policía militar brasileña está preocupada por la iniciativa, ya que será a unos pocos metros del Fan Fest, donde miles de cariocas se agolparán a la misma hora para ver en pantalla gigante el partido entre Brasil y Holanda, por el tercer puesto. Por eso, reforzarán la seguridad en la playa y les sugerirán a los argentinos trasladar el banderazo a las playas de Ipanema. Desde la caída 1-7 de Brasil con Alemania, se acentuó la rivalidad. Queda expuesta en los estadios y en la calle. Hay cruces de miradas hostiles, cánticos desafiantes y las bromas son menos tolerantes que cuando comenzó el Mundial. Si el temor de las autoridades era custodiar un eventual clásico sudamericano en un estadio, el desafío será ahora vigilar las calles y las playas. Hay alerta en Copacabana.

