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Para los de River, la clausura no permitía disputar el Clausura. No, no se trata de un juego de palabras, ni un esbozo de trabalenguas. Es la realidad que vive la gente que sigue al equipo de Núñez, que por cuestiones ajenas ¿ajenas? al público, toda la estructura organizativa se mudó de barrio y se trasladó a Liniers para que el conjunto de Daniel Passarella jugara como local.
River se sacudió en las últimas semanas por una serie de escándalos que tuvo su punto más álgido cuando integrantes de la barra brava se tirotearon dentro del club. Sospechas de contacto con los dirigentes, la política, que siempre se asoma con sus sombras en estas cuestiones oscuras de negociados, pero que se agitan ante los hechos violentos, y las ahora agudas miradas de una sociedad que se escandaliza y que a través de los medios pone la lupa sobre cada detalle, desde los que salpica la ética hasta los bochornosos enfrentamientos de los violentos.
El estadio José Amalfitani abrió las puertas para albergar el partido River vs. Racing. La cancha, con 40.000 personas (más del 75 por ciento era de River), recibió el color del clásico más antiguo del fútbol argentino.
Las comodidades no son las mejores para aquellos plateístas que están acostumbrados a visitar el Monumental. No porque una cancha sea mejor que la otra, sino porque se quiebra una costumbre para aquel abonado que ocupa religiosamente su lugar y ahora debe acomodarse en otra escenografía. Todo por los barras, que se pelearon y obligaron a River a jugar durante cinco fechas fuera de su estadio.
¿Qué opinó la gente de River a todo esto? Sorpresivamente, lo ignoró. Caminando por la avenida Juan B. Justo se advertía el contagioso entusiasmo de los hinchas, entonados por una serie de triunfos, tanto en el certamen local como la valiosa victoria en Chile ante Colo Colo, por la Copa Libertadores.
No se escuchó alguna mención sobre los tristemente célebres Borrachos del Tablón, quienes brillaron por su ausencia en el Almafitani, aunque merodearon la zona, pero, según varias fuentes, no intentaron superar los dos controles que se instalaron antes de ingresar en la popular local. Presiones "políticas" obligaron a la primera línea de la barra brava a asumir un bajo perfil y ausentarse de su hábitat natural, la tribuna riverplatense.
Pese a la molestia que genera cambiar de estadio para jugar de local, el público se entusiasmó por lo que realmente importa en el fútbol: lo estrictamente deportivo. Ayer en Liniers hasta pareció una pintura naif, dentro del violento contexto que sufre el fútbol argentino.
Con un equipo muy sólido, las tribunas vivieron el partido con la intensidad que se transmitió desde el campo de juego. Cánticos, mucho color, sufrimiento cuando Racing apuró con más alma que fútbol y euforia con una goleada ya cristalizada.
Se vivió una verdadera fiesta sin los violentos. El color se mantuvo, los cánticos se entonaron con la fuerza de siempre. Y todo esto frente a la gente de Racing, que se sabe que en esto de armar los shows en las tribunas muchas veces suple la falta de juego con la pelota.
Es hora de asumir responsabilidades. Que los dirigentes, que los políticos, que el poder económico... El público tiene la gran posibilidad de eliminar a los violentos. ¿Cuántas veces se vitoreó la llegada de los barras a la tribuna, minutos después del arranque del partido? ¿No es una forma de avalar la violencia?
Ayer se vivió una jornada de fiesta (para los de River por el resultado, para el fútbol por la no violencia) que puede tomarse como ejemplo. A decir verdad, no se extrañaron los célebres ausentes. Es hora de vivir el fútbol de manera civilizada, como ayer, como debe ser. Y en eso el público tiene un gran poder. Si nadie avala a los barras, ellos perderán ese poder sucio y permisible originado desde otros ámbitos. A no desaprovechar la oportunidad. Al menos, ayer ya se dio el primer paso. No es poco...
Mientras algunos hinchas manifestaron el hartzgo por la violencia (ver foto), el presidente de River, José María Aguilar, habló muy poco tras el partido: "Yo no tengo nada que ver con lo organizativo. Cuando comienza el partido, soy un espectador más, acá o en el Monumental. Y puedo hablar sólo del equipo, al que vi muy sólido".


