Vélez venció a Independiente con el empuje de sus juveniles y con un golazo de Almada

Argentina Superliga
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Vélez Sarsfield

Vélez Sarsfield

  • Maximiliano Romero /
  • Thiago Almada
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Independiente

Independiente

Rodolfo Chisleanschi
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6 de octubre de 2019  • 12:43

Con efectividad en el primer tiempo y un excelente trabajo colectivo en el segundo, Vélez logró un triunfo inapelable ante Independiente. El 2-0 lo reubica en la tabla tras el tropiezo de la semana pasada frente a Defensa y Justicia, pero sobre todo reafirma un estilo de entender y ejecutar el juego. Exactamente lo contrario al Rojo, que vio quebrada su rachita de tres victorias al hilo y volvió a la tierra de las dudas y los interrogantes.

El fútbol en estos tiempos posmodernos se ha convertido en una batalla por la ocupación de los espacios. Importa la pelota, siempre será lo más importante, pero antes que ella los técnicos más jóvenes hacen hincapié en los movimientos colectivos, para recuperar y para atacar.

Gabriel Heinze y Sebastián Beccacece adhieren a esa escuela, tienen la impronta "bielsista", comparten sus orígenes en la vereda rojinegra de Rosario, piensan el juego desde miradas semejantes. Sus equipos están entonces condenados a parecerse, al menos en la intención. Vélez e Independiente se plantearon una lucha con la mitad de la cancha como epicentro, la presión adelantada para provocar imprecisiones en la salida del adversario y la secuencia de pases para progresar en bloque y generar las llegadas.

En estas situaciones, los partidos suelen tornarse más interesantes que emotivos, más tácticos que generosos en las acciones que levantan al hincha del asiento dentro del área.

Durante buena parte del primer tiempo predominó Independiente en el control del territorio. La capacidad de anticipo de Gastón Silva, Lucas Romero, Pablo Pérez y Cecilio Domínguez (curiosamente instalado como volante externo por izquierda) cortaban la circulación que Vélez petendía iniciar desde su última línea. Su déficit estuvo en la profundidad. A la eficacia en la recuperación y el toque atildado para llegar a tres cuartos les faltó desborde, pimienta y remate. La pelota pasó muy poco por los pies de un fastidioso Pablo Pérez y la ausencia de creatividad lo fue alejando de Hoyos.

Con menos posesión, Vélez tuvo ese factor diferencial indispensable para romper paridades. Janson ganaba en la gambeta a Bustos cuando el ataque iba por izquierda y Guidara aparecía por dentro en ataque para complicar el fondo Rojo. La ventaja mínima se concretó en la red a los 27, cuando Maxi Romero empujó al gol una excelente salida a un toque de los volantes locales.

La dinámica no fue una tendencia pasajera sino que se acentuó en el complemento. Apoyado en la impecable tarea de Gianetti atrás y en la mejoría de Gago y Domínguez, el conjunto de Heinze fue asumiendo el mando del juego por encima de lo que marcara la chapa. Para colmo de sus males, Independiente desperdició la única ocasión seria que disfrutó para alcanzar el empate. Una desinteligencia defensiva dejó solo a Pablo Pérez con Hoyos a los 61, el arquero ganó el mano a mano y a partir de ese momento, todo empezó a teñirse de blanco y azul.

No hay muchos equipos en la Argentina (River y poco más) que jueguen mejor que Vélez, cuando se encienden sus volantes. Da gusto ver los movimientos, la intensidad y el buen gusto de ese mediocampo, al que esta vez se agregó con criterio Guidara. Si algo le faltaba al dominio del Fortín, Heinze decidió el ingreso de Thiago Almada, y la joya del club se sumó enseguida a la fiesta con el golazo que cerró el partido a los 75.

Un 0-2 es demasiado para la actualidad de este Independiente incapaz de encontrar el rumbo más allá de los resultados. Beccacece volvió a mover el equipo en varias direcciones durante los 90 minutos. Nadie lo ejemplificó mejor que Sánchez Miño. Arrancó como el hombre más adelantado en la presión y en la búsqueda del ataque, se corrió como volante por izquierda con el ingreso de Andrés Roa (dejó un par de acciones interesantes que obligan a preguntarse por qué no tiene más minutos), persiguió sin éxito a Guidara durante un ratito y acabó como lateral izquierdo.

La idea general funcionó aceptablemente en lo s 45' iniciales, aunque apenas registrara un disparo que ni siquiera fue al arco, y solo mostrase cierta capacidad para crear peligro con la sociedad Blanco/Bustos por derecha. El desmoronamiento del complemento, después de aquella acción que malogró Pablo Pérez, por el contrario impulsará un nuevo replanteo de los métodos, las elecciones e incluso los cambios dispuestos por Beccacece. La derrota y la desorientación en ese lapso agigantará los debates sobre la posición del paraguayo Domínguez, muy lejos de la zona de definición, o la idoneidad de Alexander Barboza para ocupar un puesto en la zaga central.

Se fue feliz Vélez, porque ganó y porque le renovó el aceite a un funcionamiento que da gusto ver. Se fue conflictuado Independiente por ratificar que su maquinaria no acaba de ponerse en marcha. Nada demasiado nuevo en la primaveral mañana del domingo porteño.

El gol de Romero

El gol de Almada

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