Se lesionó, se retiró, volvió y seguirá en Tigre, pero antes de irse a la B Montillo quiere una copa

A los 35 años, Walter Montillo extendió por dos su contrato con Tigre.
A los 35 años, Walter Montillo extendió por dos su contrato con Tigre. Crédito: Daniel Jayo
Matías Baldo
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2 de junio de 2019  • 08:28

Walter Montillo está acostumbrado a ser "Buque Insignia". El entrenador uruguayo Sergio Markarian le estampó ese apodo durante la etapa en la que coincidieron en Universidad de Chile, en 2009. Una década después, superado un calvario de lesiones que lo empujó al retiro en 2017, Montillo es uno de los emblemas del Tigre sensación de Néstor Gorosito, que protagonizará la final de la Copa de la Superliga frente a Boca, este domingo en el estadio Mario Alberto Kempes, de Córdoba.

De 35 años, Walter marcó cuatro tantos y registró nueve pases-gol durante la Superliga. Recuperado de la rotura de ligamentos cruzados que sufrió en el primer amistoso con la camiseta del Matador, se convirtió en el líder futbolístico de un equipo que cosechó 17 de los últimos 21 puntos en ese torneo y concluyó en la novena posición. La campaña no fue suficiente para un conjunto que terminó enamorando a propios y ajenos con su juego: condenado por su pasado, Tigre descendió a la B Nacional pese a haber vencido a River en el Monumental en la última fecha. En aquella tarde, frente a las cámaras, Montillo lloró.

La flamante Copa de la Superliga ofreció un rápido desquite a Tigre: con su fútbol vistoso como bandera, el equipo de Victoria eliminó a Colón, remontó en Santa Fe frente a Unión, bajó al campeón Racing y vapuleó a Atlético Tucumán. Montillo convirtió frente al tatengue, en el encuentro de vuelta, y contra la Academia, en la ida. Descendido y finalista, entre el infierno y el cielo deportivos en un puñado de meses, el equipo de Gorosito escapa del perfil de un conjunto con futuro de segunda categoría.

Casi dos meses después de la victoria sobre los millonarios, el semblante de Montillo es otro: aparece con una sonrisa entre la neblina de Mapuche Country Club para dialogar antes del encuentro cúlmine con Boca, uno de los tantos clubes que sondearon al talentoso que seguirá en Victoria. Este no será su último capítulo: hombre de palabra, firmó un contrato por dos años que extenderá el romance entre la hinchada y el hombre al que disfrutan en Tigre pero al que también admiran otros futboleros.

-Si alguien que no sigue de cerca al fútbol argentino viera un partido de este Tigre, le costaría entender por qué descendió. ¿Cuál es la explicación?

-Los promedios, la única explicación que hay. En el pasado les ha tocado a otros equipos. Es algo que tendría que haber cambiado hace un montón. Pero el nuestro es un caso excepcional. Ojalá sirva para que en un futuro se los saque. Me gustan los torneos en los que se castiga y se premia por el año. Nunca me gustó el sistema de promedios, porque incluye muchos años y son diferentes los jugadores que están durante esos tres años. Estaría bueno sacarlos para castigar como se tiene que castigar: que los que hacen mal las cosas durante un año tengan que descender.

-Por los rumores de los últimos días, da la sensación de que ustedes pueden forzar ese cambio.

-Ojalá sirva para algo. Obviamente, no vamos a cambiar lo pasado, si bien estamos por jugar una final muy importante para nosotros. Las autoridades son las que tienen que cambiar el sistema. Si la única liga del mundo que juega con promedios es la nuestra, no nos insertamos en el sistema o estamos quedando fuera de lo que hacen las ligas más serias y competitivas. Cambiaría también mucho el tema de los refuerzos: si los "chicos", que no tienen poder económico para contratar a jugadores como los más grandes, están mal de promedio, el jugador decide no ir. Entonces, teniendo todos una misma cantidad de puntos cuando empieza un torneo, muchísimos más jugadores van a apostar a equipos más chicos y la liga va a hacerse mucho más pareja.

-Los promedios, las dudas en torno a su clasificación continental... ¿Cómo convive un jugador con tantos cambios?

-Uno se acostumbra a la desorganización de un torneo en el que no se sabe qué va a pasar. Nosotros queremos salir campeones. Nosotros nos clasificamos para la Sudamericana dos veces y no podemos jugarla. Entonces uno va acostumbrándose a que el sistema está mal hecho. No se premia el logro deportivo; no sé qué se premia. Al no poder ir nosotros a la Sudamericana, va uno que hizo menos puntos que nosotros en la Superliga; es muy raro. Ojalá con este caso se cambie y se empiece a trabajar en una liga mucho más seria y con mucha más igualdad.

Cumplir la palabra es uno de los principios más importantes de Montillo; por eso, a pesar de numerosas ofertas de otros clubes, continuará en Tigre para afrontar la campaña en la primera B Nacional.
Cumplir la palabra es uno de los principios más importantes de Montillo; por eso, a pesar de numerosas ofertas de otros clubes, continuará en Tigre para afrontar la campaña en la primera B Nacional. Crédito: Daniel Jayo

-¿Cuál es la principal virtud de este Tigre?

-Creo que se ha creado una familia de treinta tipos y un cuerpo técnico que tiran hacia el mismo lado. Sin envidia, sin maldad. El que está afuera siempre alienta, quiere que le vaya bien al equipo. Nunca nos pusimos por encima de la institución. En nuestro plantel hay nombres pesados, que fueron campeones y jugaron en la selección, pero nunca nos pusimos por encima del club. Con humildad se fue consiguiendo cosas lindas. Lo más importante es salir campeón, pero poner a Tigre nuevamente en una final es como para celebrarlo. Ojalá lo coronemos con el título.

-¿Esa "familia" motivó tu continuidad en el club?

-Sí. Se lo había prometido a los chicos. Venimos hablando desde hace un montón. Queremos afrontar el desafío de jugar en la B Nacional. También nos sentimos parte del descenso, porque si hubiésemos sacado dos puntos más nos habríamos salvado. Entonces, tampoco es cuestión de echar toda la culpa atrás. Tenemos un porcentaje del descenso. Se ha formado un grupo muy lindo, con un cuerpo técnico que nos cierra por todos lados y que nos ayudó en una situación muy difícil, y a eso sumamos el desafío de devolver a Tigre a la A. Yo le había prometido a Pipo que si él se quedaba, yo me quedaba. Y me considero un tipo de palabra. Obviamente, tuve muchas ofertas y hay gente que no lo entenderá, pero mis principios son así. Siempre en mi vida me fui por ventas, salvo en Botafogo, cuando decidí retirarme. Pero nunca me fui por la puerta de atrás, y acá no iba a hacer algo diferente. Por el cariño de la gente, de mis compañeros, del cuerpo técnico y de los dirigentes. Uno tiene que ser agradecido y yo les había dado mi palabra. Y contra eso no hay nada.

-Tu decisión es poco común en el fútbol moderno.

-No todos los jugadores somos iguales. Yo fui criado así, toda mi vida intenté caerle bien a todo el mundo. Primero, jugando, porque es mi trabajo, pero después, sin faltar mi palabra. Yo creo mucho en la palabra. Y creo que si todos tuvieran una palabra firme, seríamos mejores todos. Tampoco quiero hacerme el "ah, vos sos el rey porque diste la palabra". Yo soy así, me manejo así. Tal vez ahora tuvo mucha difusión porque justo Tigre va a jugar una final, porque lo dije en medio del torneo y porque muchos equipos estaban llamándome. No quería crearles una falsa expectativa, porque mi decisión estaba tomada.

-Desde la llegada de Gorosito Tigre ha alcanzado un nivel superlativo y se ha ganado el reconocimiento del ambiente. ¿Qué tan difícil fue alcanzar ese nivel en el contexto de pelear contra un descenso?

-Encontramos equilibrio sobre el final. De Tigre se viene hablando desde la era del Lobo Ledesma, cuando el equipo jugaba bien pero no ganaba, mostraba algo diferente pero siempre le faltaba algo para ganar. Nos hacían muchos goles, o nos hacían goles en los últimos segundos, como en la cancha de Boca y como contra Banfield. Yo creo que el Lobo fue el que casi conformó este grupo. En este último tiempo los únicos que llegaron fueron Guruceaga y Alcoba, además de Nico Colazo, que vino en el medio del torneo. Pipo vino a poner ese orden que nos faltaba, del que no nos dábamos cuenta en la cancha. Las líneas están un poco más juntas, por eso encontramos un funcionamiento, y ganar da confianza para jugar más tranquilo. Estuvimos un año y medio peleando contra el descenso, y lamentablemente fue en el final cuando encontramos esa regularidad. Pero en algunos pasajes de la era del Lobo habíamos desplegado un buen fútbol.

-¿Qué aportó Gorosito a este Tigre?

-Es un tipo de mucha experiencia, que viene dirigiendo desde hace mucho tiempo, que pasó por equipos grandes y chicos, que trabajó fuera del país. Tiene colaboradores que fueron grandísimos jugadores y saben mucho también. Esa experiencia, montada a buenos jugadores y ajustando un par de tuercas, hace al equipo que se ve ahora. Pipo logró que todos los jugadores estén bien. A veces en un equipo hay tres o cuatro que juegan bien y el resto no acompaña; acá, contra Atlético Tucumán hubo siete chicos que no venían jugando y lo hicieron mejor que los que venían jugando. Eso habla del compromiso de todos y de que el técnico está ahí para hablarles más a los que no juegan que a los que juegan. Se ha creado una familia en la que los 30 tenemos que sentirnos parte de lo que está sucediendo acá. Sería lindo coronarlo con la victoria frente a Boca, porque es un grupo que desde hace tiempo viene sufriendo.

-Conocés a Gorosito desde tus primeros días en San Lorenzo. ¿Cuánto cambiaron vos y él?

-Yo estoy más viejo y más lento [ríe]. Pipo está igual, como lo conocí a mis 18 años en San Lorenzo. Sigue siendo un formador de jugadores que trata de cobijar a los más chicos, enseñarles cosas simples sobre cómo parar una pelota, cómo mirar el juego. Eso le hace bien al fútbol, viniendo de un tipo campeón de América, que les dio tantas alegrías a la selección, a San Lorenzo y a los equipos en los que jugó.

-¿Qué pasó en aquel retiro en Botafogo? ¿Encontraste una respuesta con el tiempo?

-Siempre soy muy autocrítico y pienso que cuando las cosas van mal hay culpa mía. Yo me lesionaba muy seguido y no encontraba el porqué. Tal vez el cuerpo médico de Botafogo no estaba preparado para esa situación o no le encontraba la vuelta a algo que no era tan difícil, ya que llegué acá y los kinesiólogos encontraron rápidamente el problema, que era muy simple. Con el tiempo, uno se da cuenta de que no era tanto culpa mía. A nadie le gusta estar lesionado y me retiré porque no quería hacerle mal al grupo ni al equipo ni quería cobrar sin jugar. Desde que volví no tuve una sola lesión muscular hasta el partido con Racing, y había pasado un año desde que me había roto la rodilla. Hoy estoy feliz. Las lesiones musculares siempre van a aparecer, pero desde que volví no tuve problemas en la rodilla y jugué 90 minutos en casi todos los partidos, y tengo 35 años. No era un tema de edad ni de que yo hiciera mal las cosas mal, sino de que no le encontrábamos la vuelta.

-¿Qué cambió entre la decisión de retirarte en Botafogo y la rotura de ligamentos en tu primer amistoso en Tigre, como para que siguieras adelante con la recuperación?

-Lo de la rodilla fue fortuito. No fue que yo estaba corriendo solo y me desgarré, como sí me pasaba en Botafogo. Fui a trabar con un chico de Morón, se me quedó el pie enganchado en el pasto y me llevé la peor parte. Pero no me golpeó tanto como las otras, porque yo venía sufriendo con lesiones musculares. Eso podría haberme pasado a los 18, a los 20 o a los 34. Uno pone el pie porque siempre quiere ganar las divididas, pero, con el diario del lunes, en un amistoso habría sacado el pie. En ese momento Chino Luna, Pato Galmarini, el presidente [Ezequiel Melaraña] vinieron a decirme que tenía abiertas las puertas para recuperarme en el club, y el kinesiólogo se puso como meta que yo volviera a jugar y en Tigre. No podía fallarles.

-No habías tenido vínculo con Tigre hasta que te incorporaste, en 2018. Hoy sos referente del equipo y recibís cariño de la hinchada. ¿Cómo se dio tu llegada?

-Fue de la mano del Lobo [Ledesma]. Se habrá enterado de que yo me entrenaba para volver. Me gustó el proyecto y me gustó que me llamara y se interesara, porque en ese momento nadie me llamaba y yo tenía que andar llamando para ver dónde podía jugar. Lo conocía de San Lorenzo, aunque jugué poco con él. Y yo tenía ganas de venir a Argentina. Durante su proceso estuve casi siempre lesionado; jugué dos partidos y me ponía triste no poder ayudarlo en el momento en que él lo necesitaba.

-¿Te dolió que algún club te cerrara las puertas?

-No sé si la palabra es "doler"... En ese momento llamamos a algunos lugares y nos dijeron que no. No me dolió, pero tal vez esperaba otra cosa de algunos dirigentes de clubes en los que había jugado. Yo entiendo que el fútbol es un negocio y que lo mío tal vez era arriesgado. Pero ahora, cuando llegaron muchas ofertas y vinieron a buscarme clubes que me habían dicho que no, preferí quedarme en Tigre. Hay que ser agradecido. Tigre me abrió las puertas en un momento difícil.

La red no fue algo lejano para Montillo en la Superliga: el enganche registró 4 goles y 9 asistencias.
La red no fue algo lejano para Montillo en la Superliga: el enganche registró 4 goles y 9 asistencias. Crédito: Daniel Jayo

-¿Cambiaste tus objetivos desde tu llegada?

-No. Trato de ayudar desde mi lugar, de ayudar a mis compañeros. El objetivo grupal era salvarnos del descenso. Yo quería jugar y sentirme bien; era un lindo desafío. Había pasado un año sin jugar, no sabía de qué manera iba a volver. Muchos decían que estaba falto de fútbol, pero me fue realmente bien. Más allá del descenso, nos fue muy bien: terminamos entre los diez primeros y llegamos a una final.

-En los últimos años viviste una montaña rusa de emociones: fuiste ídolo en Chile, brillaste en Cruzeiro, usaste la "10 de Pelé" en Santos, jugaste en la selección, sufriste una plaga de lesiones y te reencontraste con tu mejor versión en Tigre. ¿Cómo viviste esos escenarios tan disímiles?

-Con alegría y en familia, con los allegados que estuvieron siempre. Mi señora, mis hijos, mis amigos y mi representante, que estuvieron en las buenas y en las malas. Nunca vas a verme hablando de más. Trato de ser un tipo humilde, tranquilo, con los pies en el piso. Hay que seguir trabajando, porque lo conseguido ya pasó. No puedo vivir de las cosas que conseguí. El día en que no me guste más venir a entrenarme y no lo sienta como cuando tenía 20 años, daré un paso al costado. Pero por el momento vivo con mucha tranquilidad y mucha alegría, porque sufrí mucho durante un año sin encontrar mi mejor versión.

-En el discurso que diste en Botafogo para anunciar tu retiro dijiste que el fútbol iba a olvidarte rápidamente. Hoy, con el cariño recibís en Tigre, ¿sentís lo mismo?

-Y fue así. En Tigre tal vez sea recordado por mucho más tiempo, pero acá Chino Luna y Pato Galmarini van a ser recordados de por vida. Ojalá los que nos quedemos devolvamos a Tigre a la A y la gente nos recuerde a todos, por el equipo, el compromiso y el profesionalismo.

-¿Cómo llegás a esta final y como vislumbrás el partido?

-Estoy bien, recuperado. A disposición para lo que Pipo decida. Creo que el partido va a ser cerrado como una final. Se ha hablado mucho de nosotros, por el nivel que tenemos, pero no hay que olvidar que del otro lado está Boca, con grandísimos jugadores y mucha historia. Esperemos que sea un lindo partido para la gente. Que gane el mejor.

-¿Y quién es el favorito?

-Nooo... Qué sé yo quién es el favorito. Boca tiene grandes jugadores pero nosotros con nuestras armas vamos a intentar ganar la Copa.

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