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ANTALYA, Turquía.- Similar a ese alumno universitario novato que debe rendir exámenes finales en cada ocasión. Contra las presiones y exigencias, ésa es la vida que eligió Andrés Gallegos, el único golfista argentino que incursiona por estos días en el DP World Tour, segundo circuito de mundo detrás del PGA Tour.
El lobense de 30 años, surgido de Aeroclub Fortín Lobos, decidió apostar fuerte a costa de perder la tarjeta en su primera temporada en el ex Tour Europeo. Es perseguir el gran salto o retroceder, lo que implicaría volver a dar clases de golf para buscar sustento económico, como hacía hasta hace apenas un año. Pero lo último que quiere Gallegos es avivar fantasmas; en cambio, siente la adrenalina antes de debutar este jueves en el Turkish Airlines Open, que repartirá 2.750.000 dólares en premios.

Mientras que practica, Gallegos escucha graznidos y silbidos de aves exóticas que posan escondidas entre los árboles del National Golf Club de Belek, un par 72 de verdes intensos que no da lugar a locuras. Por momentos el calor aprieta, en una zona todavía alejada del conflicto bélico en Medio Oriente, en la que el turismo fluye en medio de los fabulosos resorts. Y allí está el único golfista de los 156 del field con bandera albiceleste, que palpita las horas previas del torneo con LA NACION.
-¿Cuáles son tus sensaciones en tu primera temporada del DP World Tour? En los torneos iniciales no se te dieron los resultados.
-Estoy aprendiendo de a poco, pero a la vez sintiéndome más confiado y más parte del tour. Cuando entrás en un lugar nuevo cuesta un poquito, por lo pronto intento sacar a relucir mi golf, que sé que está. Pero bueno: hay veces que la cabeza juega una mala pasada y no deja jugar libremente.

-¿De qué manera piloteás no bloquearte, como quizás te ocurrió en la primera parte del calendario?
-Es como el primer día en un colegio nuevo, esos nervios de no sentirte parte del lugar en donde estás. Pero a medida que pasaron los torneos me fui sintiendo más cómodo y hoy ya me autopercibo más integrante de esta gira; creo que mi golf va a ir mejorando.
-¿De qué cosas te aferrás como para sentirte más seguro, tanto en lo golfístico como en lo mental?
-Una vez que sentís que estás pegando normal, la confianza vuelve sola. O sea: saber jugar al golf sabemos todos, solo que muchas veces nos perdemos un poquito mentalmente, pero hay que seguir entrenándose y las cosas saldrán de vuelta.

-¿Qué viviste en los primeros torneos, en donde no superaste los cortes?
-En los primeros dos, en Australia, no sentí que haya jugado muy mal, pero sí observé que las canchas eran muy diferentes a las que estaba acostumbrado; me costó más que nada el planteo de estrategia y mantenerlo durante las vueltas. Son campos que están seteados distinto a como se juega en el PGA Tour Latinoamérica o en el Tour Argentino, con las banderas un poco más difíciles, buscando que no haya tantos birdies, quizás. Entonces ahí fue donde fallé un poco: en el armado de buenas estrategias en hoyos que eran muy difíciles. Finalmente, hubo varios números altos que me sacaron del corte. Y después experimenté cada vez mejores sensaciones, hasta que en Kenia, en febrero pasado, pude pasar mi primer corte. Fue la semana “más normal”, en la que mejor pensé y trabajé. Me ayudó a darme cuenta que si juego normal es como cualquier otro tour, no es nada diferente, digamos.
-Y tu último paso en la India, si bien perteneció a una escala de torneos inferior dentro del DP World, ¿en qué medida te ayudó?
-Era ya verme más cómodo con mi juego. Empezó a salir mi juego de las prácticas. Descubrí que era más una parte mental y empecé a enfocarme en tratar de disfrutar, que es muy difícil cuando jugás un torneo de golf. Pero es decirse: “Ya estás acá, que fue por lo que tanto trabajaste. Ahora disfrutalo e intentá dar lo mejor de vos”. Es en lo que me estoy enfocando ahora. Sucede que por la presión y los nervios, es difícil pasarla bien. En una de esas disfrutás de la post-ronda o antes de que arranque el torneo, del lugar en donde estás, pero durante los dieciocho hoyos es complicado encontrar ese placer.

-¿En qué medida estás pendiente de tus números y tus rankings para mantener tu tarjeta en el tour?
-Es algo que influye, pero trato de no verlos mucho y no prestarles mucha atención. Por suerte mi equipo no me exige desde el lado económico ni en cuanto a los puntos, así que tratamos de jugar cada día mejor y... esto es golf, de un día para otro se puede dar que terminás ganando un torneo. Estoy cubierto: tengo un sponsor principal y después distintos patrocinios; ahora se sumó una nueva marca de ropa.
-¿Creés que ya recuperaste el nivel que habías tenido para clasificarte a través de la escuela europea, como hiciste en noviembre pasado en Tarragona, España?
-Estoy pegando mejor, sí, pero todavía mentalmente no estoy en esa zona cómoda que te permite hacer bajos scores. En ese momento no tenía puestas tantas expectativas y me había quedado sin sponsor en junio pasado. Empecé a dar hasta tres clases de golf por día en mi club y de repente apareció la oferta de un socio para organizar un torneo, juntar plata e ir a la escuela clasificatoria. Se dio muy rápido de poder jugarla, justo cuando menos preparado me sentía golfísticamente, porque no estaba entrenándome la misma cantidad de horas. Así, durante esos tres o cuatro meses, apareció mi mejor golf. Y ahora, sé que el golf va a volver.

-Capaz que la docencia en el golf te gusta, pero no sé si querés volver a eso...
-No, no, de hecho cuando metí el putt en el hoyo 18 en la final de la Escuela, dije: “No tengo que dar más clases”. Si bien me gusta compartir con gente, prefiero salir a jugar con cualquier aficionado y no tener que dar clases, cuando hay personas más capacitadas que yo para enseñar y que saben transmitir mejor. Además una clase es sinónimo de que, desgraciadamente, no estás compitiendo.
-¿Se siente el apoyo de la familia a larga distancia?
-Sí, por supuesto. El apoyo tanto desde mi ciudad como desde el resto de Argentina, es bárbaro. Es impresionante la cantidad de mensajes por semana que me llegan. De gente que me vio jugar en vivo y que yo no registro porque, lógicamente, no me acuerdo de todo el mundo.
-En un día previo al torneo, ¿cuál es tu interacción con jugadores extranjeros en el DP World Tour?
-Estamos más con los españoles y esta semana está el paraguayo Fabrizio Zanotti. Lo que más me gusta de este tour es que se sigue hablando español, no es solo inglés como ocurre en otras giras. De hecho, en el PGA Tour Latinoamérica, luego convertido en PGA Tour Américas, en los últimos años ya se hablaba inglés todo el tiempo... hasta en la Argentina charlabas en inglés. Poder estar en cualquier parte del mundo y seguir escuchando tu idioma está muy bueno, te hace sentir bastante más cómodo y también con una cultura muy similar a la que tienen los españoles. En cambio, con jugadores de Estados Unidos, la idiosincrasia es un poco diferente y quizás no surge ir a comer a algún lado.

-¿Cuáles son los códigos de un golfista de este nivel entre ustedes? El tenis profesional suele ser muy individualista y en la Fórmula 1 siempre se habla de lo cruelmente competitivo que es, incluso entre dos compañeros de escudería.
-Al menos mi camada, hablando de los de Argentina, somos todos amigos. Aquellos que nacimos entre 1994 y 2000 somos muy cercanos. Claro que hay competitividad, pero no existe la envidia. No está eso de querer ganarte porque estás jugando mal, sino que cuanto mejor podamos jugar mejor los dos, bárbaro. Además, como en el golf jugás contra la cancha, no nos fijamos tanto en el mano a mano hasta el domingo, en la jornada definitoria. Por lo menos desde mi lado, no me siento tan rival del resto, sino que trato de hacer mi juego. El golf paga mucho al que juega con mayor regularidad a lo largo del año.
-Cuando un colega la está pasando realmente mal deportivamente, o quizás en algún momento tuyo que haya sido bajo en tu carrera, ¿aparece un apoyo claro en la intimidad?
-Sí, sí aparece. Sobre todo con tus más cercanos. Existe esa charla que no podés tener con cualquier persona, porque es muy difícil que te entienda. Tiene que ser alguien que viva lo mismo que vos y lo haya atravesado. Por suerte tengo un grupo de amigos golfistas profesionales de Argentina con los que somos muy amigos y podemos tener ese tipo de conversaciones, como con Jesús y Marcos Montenegro, Matías Lescano, Ezequiel Beloqui, Martín Contini, Franco Scorsato, que es un poco más joven pero también es muy amigo; lo mismo con Abel Gallegos, Mateo Fernández de Oliveira, Mauro Báez, Franco Romero... Los más grandes tratamos de transmitir sensaciones a los que son un poco más chicos, y ellos nos lo devuelven con esa soltura que uno tenía cuando era más chico y no piensa tanto en el transcurso de la edad.

-¿Y se le cree a un psicólogo deportivo, que te habla pero nunca estuvo en una situación de competencia en una cancha?
-Cuando yo era amateur de la AAG y en mis primeros años como profesional trabajé seis años con Iván Tcherkaski. Y si bien él no era supergolfista, las herramientas que me brindó fueron más allá del golf. Uno trata de ir descubriéndose. A mí me enseñó mucho a controlar los nervios, pero esos nervios de cuando te tiemblan literalmente las piernas y las manos, no de sentirse acelerado, que por ahí se puede trabajar con respiración. En el golf tenés que aprender a jugar y a convivir cómodo con esos temblores, no los vas a borrar por completo. Me ha pasado definiendo un torneo, por ejemplo en el putt final de la escuela clasificatoria, cuando escuchaba latir mi corazón.
-¿Qué técnica aplicás para apaciguar los nervios?
-Me sirve mucho cómo me hablo internamente en ese momento clave. Muchas veces me autoboicoteaba con la cabeza, y en aquel momento en que me clasifiqué para este circuito fue todo lo contrario: mi primer pensamiento fue que ese putt dependía de mí y descarté esa idea de “Uy, si lo erro me quedo afuera”.
-¿Qué te decís internamente antes de comenzar un torneo?
-Trato de mantenerme todo el tiempo en positivo, pero eso lo tenés que acompañar con trabajo. En ese sentido soy muy autocrítico y no me gusta engañarme: sé cuándo estoy haciendo las cosas bien y cuándo no. A veces te pasa que no estás motivado ni te entrenás de la misma manera; por suerte en este momento no me sucede. Como hablaba ayer con mi novia Lais, estoy re contento de volver a estar compitiendo acá; te da la pauta de que todo el camino recorrido valió la pena.

-¿Y qué expectativas tenés en este torneo en particular?
-Es tratar de hacer lo menos posible; como decía: sé que el golf puede cambiar de un momento a otro y los resultados pueden empezar a aparecer. Es una cancha en la que si salís a agresivo desde el arranque, podés pagar muy caro, así que estoy tratando de crear una buena estrategia y mantenerla durante todas las semanas.
-¿Sos de tomar modelos de los grandes jugadores argentinos?
-Sí, intento rescatar lo mejor de ellos, soy una persona a la que le gusta escuchar, así que analizo lo que me dicen y veo si realmente me sirve. Me gusta cuando las personas que tienen más trayectoria que yo se ponen a hablar sobre esto. Las escuchó con atención para luego sacar provecho de esos momentos. Muchas veces me aconsejaron que confíe en mí mismo; me pasa que me cuesta mucho creer en mí. Que te lo diga una persona que realmente dio algo bueno, te ayuda a creer.
-¿Quién es tu ídolo?
-Y... el Pato Cabrera. Tuve la suerte de jugar bastante con él en el Korn Ferry, cuando él se preparaba para jugar en el Champions Tour. Compartir un par de vueltas de práctica con él fue... En su momento él me decía que no estaba jugando bien. Yo lo veía en la cancha y decía: “Si él no está jugando bien... ¿que me queda a mí?”. Eso me ayudó a motivarme y a entrenarme cada vez más. A lo largo de mi carrera, siempre mi mensaje fue no bajar los brazos, porque acá llega el que no se frustra y no abandona. Hay que seguir y seguir y las cosas se irán dando.
-¿Cómo ves el nivel del golf argentino profesional? Hay muchos intentos, muchas carreras lanzadas desde hace muchos años, pero quizás no están llegando todos los que de repente se perfilan bien.
-Es que no estamos teniendo en cuenta la cantidad de golfistas que hay en el mundo y los pocos tours que existen. Hablo de circuitos con los que se puede vivir económicamente del golf. El nivel del tour argentino es buenísimo, pero desgraciadamente cuesta mucho vivir del golf en nuestro país. Te diría que el 80% de los que juegan el tour argentino tienen que hacer algo más, no pueden sustentarse con este deporte, y eso provoca que sea cada vez sea más difícil salir de Argentina y jugársela en el exterior.
-¿Y qué esperanza tenés?
-Ojalá podamos tener un tour más sólido en cuanto a lo económico, que creo que en Argentina se puede. Es difícil conseguir empresas que quieran invertir en el golf y hacerlo atractivo. Hoy por hoy, las empresas están poniendo más plata en certámenes de aficionados que en los de profesionales, hablando de las grandes marcas ¿no? Las de autos y otras importantes compañías. Pero también tiene mucho que ver con la gestión del tour que tenemos; habría que mejorar todo para ayudar a que los más chicos se lancen a competir. Obviamente, sin dinero es muy difícil salir a jugar fuera del país.


