

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
Hay nítidas líneas de tiempo en Las Leonas. Narrativas internas que explican este fabuloso relato deportivo de una de las selecciones más icónicas de la Argentina. El guion también lo escriben las arqueras y allí aparecen tres claras dinastías, un trío de apellidos que marcó épocas: Mariela Antoniska, heroína para el primer título en el Mundial de Perth 2002; Belén Succi, otra gigante del arco para la consagración de Rosario 2010, y Cristina Cosentino, dueña del momento actual en la increíble conquista del Mundial 2026, superando nada menos que a las N° 1 en su casa.
Hoy todos hablan de “La China”, que el sábado atajó dos penales australianos y forzó el error de un tercero para frustrar a Países Bajos en el Wagener Stadium de Amstelveen, el máximo templo del hockey sobre césped. Si ya había sido enorme en dos definiciones de los Juegos Olímpicos de París 2024, ante Alemania -no le anotaron ninguno en la tanda-, y frente a Bélgica -derivó en la medalla de bronce- esta vez amplió su figura para colaborar decididamente para la tercera estrella de las Leonas, tras el 1-1 en tiempo regular.
“Realmente no tengo palabras para esto. Esperábamos con ansias este momento... Países Bajos es un rival muy duro, y sabíamos que iba a ser así. La clave era luchar cada bocha y esperar a que llegara el gol, y luego simplemente disfrutar en la tanda de penales”, comenta Cosentino, de 28 años, que desde estas horas vive una revolución y se encontrará con las más diversas muestras de afecto a su regreso al país, este lunes a la madrugada.
“Creo que era algo que el equipo venía buscando desde hace dos torneos: en los Juegos Olímpicos y en el Mundial anterior. Realmente nos lo merecemos. Fuimos un equipo muy sólido durante todo el torneo y estoy muy orgullosa de las chicas que lucharon a mi lado en esta Copa del Mundo”, explica la arquera que tomó el legado en un puesto que tenía la vara muy alta. Tanto Antoniska como Succi, en sus etapas, habían sido caras reconocibles para la gente, pese a que construyeron toda una carrera tapadas detrás de un casco. Ahora es el turno de la guardiana del Royal Victory, de Bélgica. “¿Campeonas de quee???? Locura de equipo, qué feliz que soy. Gracias por tanta entrega”, escribió en su Instagram este domingo, un posteo acompañado de una foto con el equipo campeón.
Pero el camino para llegar este momento de gloria estuvo lleno de espinas. La China todavía recuerda con dolor y lágrimas el haber quedado afuera de muchas listas desde 2019, año en que llegó a la selección mayor. Cuando sentía que estaba para viajar, la descartaban en el último instante, una de las situaciones más crueles para un deportista de alto rendimiento. Después de haber quedado marginada -sobre todo- de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 (disputados al año siguiente por la pandemia) y el Mundial 2022, se derrumbó y se replanteó muchas cosas, pero esas frustraciones le sirvieron para endurecer su espíritu y seguir luchando. Su historia en el equipo no podía terminar así.
Su destino deportivo empezó a cambiar desde hace dos años; encontró una gran recompensa cuando fue la guardavallas titular en los Juegos de París. No es que la tocó la varita mágica: aplicó todo lo practicado y terminó convirtiéndose en genia y figura, un sostén que resultó crucial para el equipo y que disparó el reconocimiento del gran público argentino, que no la conocía. Y si faltaba algo para revitalizarse y disfrutar al máximo, este último sábado completó una actuación descomunal y cumplió el sueño de alzar la copa en el Mundial, su máximo logro hasta aquí.
Aunque desde chica, no fue amor a primera vista con el hockey sobre césped, simplemente se dio porque tenía que practicar alguna actividad deportiva en su condición de alumna. Se probó por primera vez cuando cursaba el cuarto grado del primario en Belgrano Athletic, un tradicional club de esta disciplina, de donde surgió Magui Aicega. Ya en 2016 pasó a jugar para Banco Nación y en los siguientes años tomó la ruta de las Leonas.
Un día le pasó que estaba en la octava división y tenían que rotar: la pusieron en el arco y le metieron... 14 goles. “No me olvido más”, recuerda la China, que al sábado siguiente le dijeron: “Bueno, ponete los pads de nuevo”, y a ella le dio miedo decirle que no al entrenador. Fue ese arrojo y la desfachatez que exhibe por naturaleza para iniciarse bajo los tres palos, sin pensar en malas consecuencias... y le tomó el gusto al puesto. Hoy en día lo disfruta y también suele ser provocadora en los entrenamientos: azuza a sus compañeras, las delanteras, para que haya una linda rivalidad, todo en pos de levantar el nivel de competitividad.
Hace varios años, su punto débil era el juego corto dentro del área, eso de mover las piernas rápido para despejar el peligro. Y lo entrenó muchísimo. Tampoco era muy buena en los penales australianos y se enfocó para mejorarlos, hasta convertirse en una especialista para allanar esas tandas que generan semejante tensión en el hockey. Tema aparte, la información de las tiradoras rivales: al igual que en París 2024, en el desenlace de este Mundial tomó algunos apuntes mentales, pero sus atajadas tuvieron más que ver con sensaciones que con un estudio sesudo de las oponentes. “Me divertí en los shoot-outs. Había visto los penales de ellas, pero los siento en el momento. Los vi, aunque no con tanto detalle. ¿La verdad? no lo hubiese hecho sin este grupo de jugadoras y cuerpo técnico, me pone feliz por ellas”.
Reconoce que no tiene cábalas cuando le toca salir a escena en esos raptos definitorios. Y le da igual que las Leonas arranquen tirando, o ella recibiendo. Solo busca tratar de disfrutar de la sesión, más allá de lo mucho que esté en juego, y no cargarse de presión. Apelar a una inconciencia necesaria, no pensar en la situación ni el contexto y dejar que la cuestión fluya. De alguna forma, disfruta entrar en una “zona”, en un limbo. En una dimensión aislada de todo, porque le apasiona el desafío y la presión, pero al mismo tiempo no quiere ser consciente de eso.
Uno de sus secretos es mirar fijo la bocha en cada penal, no a la jugadora. Alguna vez lo graficó en una entrevista en Clank: “Es como si fuese un perro persiguiendo la pelota, literal. Lo siento así y me dio buenos resultados en París 2024, así que lo continué haciendo. Creo que eso es fundamental: seguir el movimiento de la bocha y tenerla en la mira todo el tiempo”. El problema es cuando la tiradora se pone de espaldas y busca esconder la pelota al momento de definir. “Y luego te hacen esos giros, que es lo más difícil”, acota al respecto.
Todo fue una evolución técnica en su carrera, con la idea ser cada día mejor arquera. Al ser alta, siempre le costó agacharse y meterse bien abajo al momento de tapar. Halló soluciones con los entrenadores de arqueros en los ensayos. Nada que no se pueda solucionar. Y lo hizo siempre con ganas: nunca pospuso una alarma para ir a las prácticas, en el Cenard o cualquier otro sintético de Buenos Aires. Al contrario, arranca el día de la mejor manera, si se trata de compartir una jornada con las otras guardavallas. En ese contexto, sabe que no puede ceder un ápice. “Es una competencia sana, pero si te dormís un segundo, la otra ya te ganó el puesto y la responsabilidad es tuya”, argumenta.
Y no hay presunción ni arrogancia en ella, muy típico de los arqueros de fútbol para agrandarse. Nada de la fórmula Dibu Martínez, aquello de “Quédense tranquilos muchachos que atajo dos”. Más allá de que brilló en aquella definición ante Alemania, en los cuartos de final de los Juegos Olímpicos de París, luego no descansó en su hazaña para afrontar suelta los penales ante Bélgica por el bronce. Volvió a arrancar de cero y se focalizó al máximo. Lo mismo en este Mundial, no se durmió en los laureles por gestas pasadas. Simplemente, se puso los pads y a atajar. “Trato de no levantarme el ego, de decir: ‘bueno, los atajé bien’ y meterme esa presión de atajarlos de nuevo. Por lo menos a mí, eso no me sirve. Por haber atajado una tanda no soy la mejor, ni por haber perdido otra tampoco soy la peor. En los partidos es lo mismo: si me agrando no es bueno; cuando me confío, me sale mal”.
Desde que empezó en las Leonas hasta estos días de gloria, lógicamente no es la misma. Maduró. Hoy es uno de los grandes bastiones de este equipo campeón del mundo. Muchos arqueros apelan a veces al insulto para arengar y a corregir movimientos desde el área, pero vaya si a ella se le complicó en sus primeras apariciones. “¿Cómo hacía yo, siendo una recién llegada, para putear a Piti D’Elía, Charo Luchetti o Noe Barrionuevo, si ellas ya tenían quinientos partidos internacionales?”. Al final, todo fue un proceso evolutivo y hoy se ganó esa confianza de sus compañeras, sobre todo en los entrenamientos. “La China es solidez”, asevera Agostina Alonso en el documental de ESPN Fans. “Le dicen la muralla no por nada, me da mucha seguridad”, opina la otra capitana, Majo Granatto. “Se ganó su lugar, hizo grandes esfuerzos. Se entrenó mucho y hoy por hoy es la N° 1 y se merece el puesto que ocupa”, menciona Agustina Gorzelany, otra de las referentes.
El grupo piensa al unísono que es la voz que manda y ordena, tanto dentro como fuera de la cancha. Y Cosentino asegura: “Nosotras las arqueras vemos todo desde el área, casi como una defensora central. Es superimportante guiar al equipo y alentar a las jugadoras. Sobre todo, estando todo el tiempo presente”. Pero también, cada minuto en los viajes y concentraciones es clave, según su visión. Hasta resulta relevante jugar al “Quenoca” (que no caiga), una ronda en donde varias Leonas se pasan una pelota de fútbol haciendo jueguito, sosteniéndola en el aire. “Lo que genera el Quenoca es unión entre nosotras, empezar a tener esas conexiones que después pasan adentro de la cancha. Es el hablarnos, el comunicarnos, el ‘voy yo’, ‘vas vos’, ‘traé la pelota’... Es algo que nos une mucho y cada vez son más las que se suman, porque ven que nos divertimos. Parece insignificante, pero es algo muy importante para el grupo”, asevera la China en el documental de ESPN. Para, ella sentir que son amigas en el plantel dentro y fuera de la cancha otorga un plus que puede influir directamente en el resultado.
Esta mujer a la que se le achinan más los ojos cuando sonríe es la misma que también lagrimea de emoción cuando recuerda la felicitación que recibió de parte de Lucha Aymar en una historia de Instagram en París 2024. La copa del mundo ya es suya y de sus compañeras. Pero también mira hacia adelante y ya se entusiasma con Los Ángeles 2028: el torneo ideal para agregar otro capítulo brillante a su actual dinastía en las Leonas.


