Impaciencia desmesurada

Fernando Pacini
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16 de octubre de 2015  

Pocas veces se ha castigado con tanta severidad a un entrenador en tan poco tiempo. Martino ha recibido una sorprendente variedad de críticas durante esta semana. Las más llamativas son aquellas que le reprochan hacer lo que cree mejor. Reclamarle a un entrenador (a cualquiera, en realidad) que proceda en desacuerdo con lo que supone correcto, es incomprensible. Ningún técnico es capaz de transmitir un mensaje en el que no cree. Hablar bien de Martino hoy, es antipopular, por eso es preciso hacerlo ahora.

Martino es un técnico de provincia, no tiene operadores ni periodistas agrupados para su defensa o propaganda. Sólo salen en su favor quienes genuinamente comparten su mirada. Pretende un equipo cuyas formas sólo son toleradas si gana. No hay contemplación si pierde. No interesan los obstáculos que haya en el camino, ni lo empinada que sea la subida hasta llegar a construir un equipo confiable. Las derrotas serán siempre por culpa del estilo.

En el fútbol hay vencedores y vencidos de todas las escuelas. Hay mejores y peores sólo desde la subjetividad. Lo que define es la sensibilidad de cada uno: qué le gusta, qué le pasa cuando ve a un equipo y qué no le pasa cuando ve a otro. Martino elige esto porque siente esto, no por caprichos ni tendencias suicidas. Se lo pide el cuerpo, aunque sabe perfectamente que es más difícil, lleva más tiempo y demanda más ingenio.

Jugar regularmente bien con este modelo, tener un piso de garantías, es mucho más complejo que plantar dos líneas de cuatro a la expectativa de que alguno de los muy buenos futbolistas resuelvan el partido que sea. Y lo pueden hacer. Y sería más sencillo, también. Y muchos, legítimamente, sienten que esa debería ser la fórmula. Para Martino no es suficiente, precisa buscar algo más que confort con la riqueza. ¿Tiene algo de malo eso?

Como todos, desea ganar, pero no exclusivamente. Le pasó en Newell's. No es lo mismo ganar, que ganar como aquella vez. No hay contradicción: el éxito y el buen juego, mezclados, son una adicción fascinante. El placer que produce esa combinación hace que nunca más se pueda renunciar a esa búsqueda.

La mirada crítica es imprescindible. Martino debe revisar errores, administrar contingencias, liderar en la derrota... Debe encontrar el modo de aprovechar el poco tiempo, idear ejercicios nuevos, probarlos con juveniles en Ezeiza si es necesario, comprimir en dos sesiones los conceptos que en un club llevan un mes, sumar algún nuevo convocado... Lo que sea que haga falta hacer para que noviembre sea mejor. Paciencia, está claro, no va a haber.

La selección jugó muy mal contra Ecuador. Todos coinciden en eso, incluidos técnico y jugadores. Mejor dispuesto frente a Paraguay, pero igual de pobre para pensar. Fue un equipo arrebatado, nublado de tanta ansiedad y alejado de la imagen de la Copa América. Lo curioso es que este arranque en falso haya disparado una impaciencia tan generalizada, furiosa y ruin.

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