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Hay personas que transcurren su existencia sin demasiadas complicaciones. Otras, por el contrario, deben superar varias pruebas en su vida. Pero no se trata de pruebas menores o desafíos de bajo vuelo. Al contrario: acá se habla de problemas que marcan y modifican el camino, como son los relativos a la salud. Jonás Gutiérrez encaja en este último grupo. Casi tres décadas después de su primer gran lucha, su cuerpo vuelve a flaquear. Cuando tenía un año y medio, una convulsión febril derivó en un ataque al corazón. Sobrevivió, pero le quedó una parálisis total en la parte izquierda del cuerpo. Ahora, con 31 años, el ex jugador de la selección nacional y de Vélez, entre otros clubes, lucha contra una enfermedad cruel: el cáncer.
Paradojas del destino, para superar su problema de la infancia, mamá Mónica le inculcó la práctica del deporte. El resultado fue una destacada participación en carreras de atletismo, por lo que se ganó el apodo de Galgo. A los 10 años, era federado en las preinfantiles de Vélez. Después llegó el fútbol, que le ayudó a superar sus problemas de salud y hacer una carrera reconocida. Ahora le cerró las puertas en la cara cuando estaba en la etapa de recuperación de su enfermedad, que luego recrudeció de manera inesperada.
Un golpe común en un partido tuvo un desenlace sorpresivo e ingrato. El 19 de mayo de 2013, jugando para Newcastle, de Inglaterra, Jonás chocó con Bacará Sagna. El dolor en un testículo se mantuvo por varios días y lo que parecía una secuela típica de un partido derivó en el diagnóstico indeseado: tenía un tumor. "Cuando me confirmaron que tenía cáncer me fui a mi casa llorando", dijo en una entrevista con TyC Sports.
Lo que continuó fue una seguidilla marcada por la lucha y las malas noticias. Gutiérrez decidió operarse en nuestro país. "Vine, me extirparon el testículo izquierdo, hicieron todo para que no aparezca metastasis y después la recuperación fue por la cirugía más que nada", recordó. El proceso de sanación fue satisfactorio, por lo que decidió volver a su club. Era noviembre del año pasado, y allí lo esperaba otro golpe al corazón: "Volví a Inglaterra y el entrenador me dijo que me vaya. Me sorprendí porque de jugar siempre pasé a que me quieran dar a préstamo". Su nuevo futuro fue Norwich, también de la Liga inglesa. Allí tuvo más continuidad, aunque lesiones típicas del fútbol le quitaron ritmo. Un problema en un gemelo lo alejó de las canchas. Cuando se recuperó, había cambiado el entrenador y el nuevo no contaba con él.
Pero como si se tratase de una película pensada para hacer llorar a los espectadores, las desgracias continuaron. El detalle es que acá no hay un guión pautado ni actores llorando lágrimas de cotillón: está la vida de Jonás en juego.
Hubo nuevos problemas en su salud. La enfermedad no había desaparecido del todo. "Me hice los estudios y cuando termino de hacerlos detectan unos ganglios suprarrenales inflamados. El tratamiento para sacarlo era empezar con quimioterapia", explicó Jonás en la entrevista, con una gorra que ocultaba los efectos del tratamiento.
En el presente, Jonás se encuentra a pocos días de terminar las sesiones de quimioterapia. "Es una situación personal muy delicada, pero no hay nada malo y tal vez esto ayude a la gente con el mismo problema a lucharla", cuenta.
Mientras, afirma: "Luchar contra un cáncer hace que el resto de los problemas sean insignificantes. Es el partido más difícil que me tocó jugar". Y eso que en su vida, desde chico, jugó partidos muy difíciles, desde muy chico.
"Fue duro encontrarme con que se me caía el pelo. Yo no me quería cortar, quería aguantar", contó Jonas. "Un día, todos mis amigos vinieron a verme. Estaban pelados. Fue un gesto muy lindo que me dio fuerza", agregó.


