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BOSTON, Estados Unidos.– Juan es dominicano y maneja un taxi. John es estadounidense y vende frutas cerca de Quincy Market, en el corazón del downtown, o centro. Marcelo es brasileño y tiene un drugstore. Nada en ellos parece conectarlos, pero ante la consulta a cada uno sobre si sabe que aquí se está disputando la Copa América, se unen en el desconocimiento. "¿Aquí se está jugando eso?", es la expresión inmediata. Y esta falta de información tiene relación directa con lo que se advierte en los estadios. Los números son claros: de los 16 partidos jugados hasta anteayer, apenas cinco superaron los 50.000 espectadores. El golpe es potente, porque en este mismo territorio se celebró la Copa del Mundo en 1994 y ése, de los 20 mundiales de la historia, fue el que más entradas vendió, con un total de 3.587.538 en 52 juegos y un formidable promedio de 68.991 asistentes.
Hay pequeñas historias que permiten conocer cómo se desarrollaron las cosas aquí. En la interna de los dirigentes del continente se supo que desde Concacaf les hicieron saber a sus pares de Conmebol que no querían que participaran en la organización de la Copa América del Centenario. Por eso muchos se quejan de que la difusión de la competencia no existe en Estados Unidos. Vale como ejemplo, sin ánimo de comparar la trascendencia de una competencia y la de la otra, hacer un repaso de algunos números respecto a la concurrencia en los estadios. Durante el Mundial del 94 hubo 36 partidos en la etapa de grupos, y en solamente uno hubo menos de 50.000 personas en el estadio. Fue en el encuentro entre Nigeria y Bulgaria, en el estadio Cotton Bowl, de Dallas, a donde acudieron 44.132 aficionados. En esta Copa América, en cambio, el duelo de menor concurrencia fue entre Ecuador y Perú, con apenas 11.937 espectadores en un estadio con capacidad para 63.400.
La misma sensación se genera al revisar los principales diarios de Estados Unidos. USA Today hizo apenas una referencia significativa el día en que el seleccionado anfitrión venció a Costa Rica por 4-0, con una pequeña mención en la tapa y media página en el interior del suplemento deportivo. The Boston Globe, en su publicación de ayer, no menciona la Copa en su portada, y en otras páginas tiene un texto pequeño del éxito de Chile por 2-1 sobre Bolivia en Foxborough, mientras que The Wall Street Journal dedica su espacio a la despedida de Muhammad Ali, la derrota de Cleveland Cavaliers y la explicación de por qué el diseño de las nuevas zapatillas de Stephen Curry no es el que esperaban los fanáticos.
Estas cuestiones se trasladan al campo y se las advierte en las tribunas. Como ejemplo, en el Soldier Field, de Chicago, tuvieron lugar tres encuentros por la Copa América y el que más gente convocó fue la Argentina vs. Panamá, con 53.385 asistentes; también ahí habían jugado Estados Unidos y Costa Rica, pero ante apenas 39.642 personas. En la Copa del Mundo de 1994, Bulgaria y Grecia se enfrentaron allí frente a 63.160 concurrentes.
La venta de entradas tuvo algunas promociones y los costos eran menores si la gente compraba los tres partidos de cada sede. En la mayoría de los casos el público adquirió su lugar por cada encuentro, e incluso pocos minutos antes del comienzo de cada partido todavía existían localidades en venta. Para el enfrentamiento entre Chile y Bolivia en el estadio Gillette los valores eran de entre 50 y 380 dólares (para ese choque fueron vendidos 19.392 boletos); en cambio, para el México vs. Venezuela de pasado mañana en el NRG, de Houston, las ubicaciones más costosas valen 520 dólares. Para ir a ver a la Argentina contra Bolivia en el CenturyLink Field, de Seattle, se puede conseguir ubicaciones desde US$ 50, y los asientos de más valor están en US$ 340.

Ni siquiera Lionel Messi conmueve a los estadounidenses. En este país el seleccionado más convocante es México. Los registros del conjunto que tiene a Chicharito Hernández como máxima figura son los mayores en este certamen. Su compromiso con Uruguay atrajo a 60.025 aficionados en Phoenix, y en el Rose Bowl, de Pasadena, un suburbio de Los Ángeles ubicado a casi tres horas de viaje en auto desde la frontera con Tijuana, el choque con Jamaica recibió la mayor multitud del torneo hasta el momento: 83.263 espectadores. Si bien es muy importante ese número, no asombra si se tiene en cuenta que el enfrentamiento entre Colombia y Rumania en el mismo escenario, pero por el mundial de 1994, reunió a 91.856 personas.
Y para tomar más dimensión de las diferencias entre aquella competencia de hace 22 años y ésta, vale consignar que al juego inaugural por la Copa América Centenario, entre Estados Unidos y Colombia, acudieron 67.439 espectadores –y sobró mucho espacio– y que el partido del local que menos público reunió en aquel torneo de 1994 aglutinó a 73.425 personas, frente a Suiza en Detroit.
El centenario de la competencia más tradicional del continente tiene estadios monstruosos, con capacidad de hasta 92.000 espectadores, como el Rose Bowl, de Pasadena. El Soldier Field, de Chicago, es el más pequeño, con más que respetables 61.500 asientos. Pero es evidente que por ahora son demasiado grandes para la expectativa que despierta el campeonato. Aquí la Copa América, para los locales, no es más que una noticia entre tantas... cuando es noticia.
millones de espectadores hubo en los 52 encuentros de Estados Unidos 1994, el más exitoso en concurrencia de los 20 mundiales de la historia, con una altísima media de casi 69.000 personas por juego. Fue hace 22 años, cuando el fútbol era menos popular que hoy en ese país.
partidos, apenas, sobre los 16 desarrollados hasta anteayer, superaron las 50.000 localidades vendidas por la Copa América Centenario. El local, México y la Argentina son los más convocantes.
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