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INTENDENTE ALVEAR.- La escena es tan conmovedora que, de pronto, sin que nadie lo hubiese indicado, los fotógrafos bajan sus cámaras. El coche fúnebre que acaba de ingresar en el cementerio local llevando el cuerpo de Gonzalo Heguy es seguido a paso muy lento por su esposa, María Jesús Resta. Llora desconsoladamente. La flanquean los tres hermanos del deportista fallecido trágicamente. Por momentos, el grupo se detiene como si no pudiera continuar avanzando y los cuatro se confunden en un prolongado abrazo. Ellos se esfuerzan por contener el sollozo y estar más enteros para poder controlarla.
Unas 250 personas los acompañaron en ese último adiós. Previamente estuvieron en el velorio de Heguy, realizado en la casa principal de la estancia La Marsellesa, propiedad de su hermano Horacio, casi en la entrada de Intendente Alvear, sobre la ruta 1.
Con el pedido expreso de sus familiares de que no ingresara el periodismo, el edificio quedó prácticamente rodeado por un centenar de autos particulares llegados desde la Capital y de localidades próximas a la estancia.
Luego de la misa que celebró allí el sacerdote franciscano Alejandro Izaguirre, los vehículos formaron una larga caravana en dirección al cementerio.
Tras los familiares directos y amigos del polista, entremezclados con muchos alvearenses, iban los peones y petiseros de La Marsellesa, abatidos, en silencio, algunos con lágrimas.
Particularmente penosa resultó la postrera despedida tributada a Gonzalo Heguy, cuando el féretro fue depositado -provisionalmente, se explicó- en el panteón de la familia Castresona, muy tradicional de la zona, que mantenían con el polista una profunda amistad.
Se reiteró entonces con mayor intensidad el dolor de su joven viuda y de sus hermanos, Bautista, Marcos y Horacio. Durante unos minutos se observó muy conmovida a Milagros Resta de Posse, cuñada del infortunado deportista, embarazada de seis meses. Alberto Heguy, tío de Gonzalo, logró calmarla abrazándola con afecto.
La ceremonia, en la que no hubo oradores, se prolongó por algo más de una hora. Amigos de Gonzalo, que el 30 del actual hubiera cumplido 36 años, comentaban entre sií aspectos del fatal accidente.
Uno se preguntó, acongojado: "¿Cómo pudo ser? Si era una recta, no había tránsito y Gonzalo siempre fue muy prudente para manejar". No hubo respuesta.



