La tristeza de Eduardo Romero: "El Maestro De Vicenzo nos abrió las puertas del mundo"

Enrique Vivanco
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3 de junio de 2017  

Fuente: LA NACION

CORDOBA.- Eduardo Romero está triste. La muerte de Roberto De Vicenzo representa la pérdida de su padre deportivo, la partida del dueño de un legado que se expandió mucho más allá del golf y del que supo nutrirse para forjar su propia carrera. Tanto él, que hoy tiene 62 años, como muchos otros golfistas argentinos que sucedieron a De Vicenzo en los circuitos internacionales. La lista de sus herederos sigue hasta los más jóvenes, tal es el caso de Emiliano Grillo, que en su cuenta de twitter comparó al golf con el paso a otra vida. "¡¡Nos vemos en el hoyo 19!!", le dedicó al Maestro.

El Gato Romero, uno de los continuadores en el mundo de la senda trazada por Roberto, habla de su mentor, de su guía, con admiración y profundo respeto. En la intendencia de Villa Allende, en donde desde 2016 es el principal funcionario, Romero describe las simetrías que ofrecen la vida del Maestro y la suya. Vidas de austeridad y de trabajo, pero nunca de desesperanza; de dolor y sufrimiento, aunque en ningún caso sin marginar la ilusión y las ganas de progreso. Vidas de prematuros desafíos, resueltos en su mayoría con una sonrisa y con la tranquilidad del deber cumplido.

-¿Te golpeó fuerte la muerte de De Vicenzo?

-Nos conocíamos desde hace 25, 30 años. Fue mi mentor. De distintas maneras, Roberto ayudó a todos los golfistas que lo continuaron. A nosotros se nos abrieron las puertas del mundo gracias a lo que él había hecho antes.

-¿Y cómo era Roberto con sus colegas?

-Se portaba igual con todos. No hacía ningún tipo de distinciones. Él tenía el mismo trato con un médico que con un albañil. Era un caballero. Era una persona honesta. Roberto ocupará un lugar en el deporte argentino que nadie se lo podrá sacar.

-¿Cuál será su principal legado, Eduardo?

-Su humildad; el trabajo y el sacrificio que tuvo que hacer para llegar adonde llegó. Bien se puede decir que toda su vida se la dedicó al golf; vivió para el golf. Representa una gran satisfacción para mí saber que un hombre como él siempre se sintió orgulloso de ser golfista. Lo demostró en cada instante de su vida.

-¿Y cuáles fueron sus mejores virtudes como golfista?

-Roberto lo tenía todo; era un golfista completo. Podía pegar bien con el palo más débil o con el palo más poderoso. Podía pegar tanto en largo como en corto con la misma eficiencia. Era muy completo. Y todo le salía naturalmente. Todo lo hacía con mucha sencillez.

-¿En los torneos pudiste ver la trascendencia que tuvo en otros países?

-Su importancia como deportista tuvo alcance mundial. Roberto fue reconocido (desde 1989) en el Salón de la Fama del Golf. Eso muestra a las claras lo que fue como deportista y los títulos que consiguió. Hasta hace no mucho tiempo no se lo había reconocido aquí como lo merecía. En los últimos años, sí. Él rompió con el tabú de que el golf era un deporte para ricos, que sólo lo podían jugar los que tenían dinero. Él fue el que dijo aquella frase de que el golf lo juegan quienes buscan bajar la panza y aquellos que también quieren llenar la panza. Esto último no daba la posibilidad de distenderse, de bajar los brazos. Había que luchar para no ser uno más.

-¿Notás similitudes entre tu vida y la de él?

-Si, seguro. Tanto él como yo y como tantos otros golfistas, hemos empezado como caddies. ¿Y qué ocurre con los caddies? Toman al golf bien en serio porque saben que a lo mejor no tendrán otra oportunidad en la vida para progresar, para ser alguien, para sobresalir. Desde chico él luchó por eso y le salió muy bien. Por eso fue una figura destacada y muy respetada a nivel mundial.

El Gato Romero asimiló por siempre las palabras que recibió de parte de De Vicenzo. "Me dio una infinidad de consejos", describe. Y confiesa que algunos abusaron del don de gente del patriarca del golf argentino: "Acá hizo una inversión en Villa Allende con unos terrenos que los tuvo durante cuarenta años. Lo estafaron".ß

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