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La verdad es que empecé en esto de las pesas por casualidad. Yo tenía 14 años y con mis amigos íbamos al gimnasio del Club Macabi para levantarnos minas. Resulta que, ahí, otro amigo que hacía levantamiento de pesas siempre me pedía que lo ayudara. Yo no quería. Le decía que prefería quedarme hablando con las minas. Hasta que él le comentó a su entrenador que yo tenía ganas de hacer pesas, pero que me daba vergüenza. Al final, me volvieron tan loco que hice una prueba, la pasé bien y arranqué."
Darío Lecman ya no va a los gimnasios para conocer chicas. No le conviene, tampoco. Desde que se puso de novio con Silvina dejó cualquier intento de seducción. Mejor para él: Silvina es karateca. Daro, como lo llaman sus amigos, ahora se mata porque tiene un objetivo deportivo importantísimo: retener en los Panamericanos de Winnipeg el oro que ganó hace cuatro años, en Mar del Plata.
Lecman levanta pesas y tiene el récord panamericano en arranque, en la categoría de hasta 94 kilos. Con 27 años, es uno de los históricos en un deporte que, en los últimos tiempos, arrastró muchos problemas. Entre el despido de su entrenador, las eternas sospechas de doping que caen sobre este deporte y los celos que siente de parte de algunos compañeros, Darío tiene suficiente como para matizar sus entrenamientos con alguna que otra preocupación.
No llegó a Atlanta 96 por una fatalidad: se desgarró tres días antes de viajar. Por eso ahora, en Canadá, quiere empezar a construir su revancha. El jura que está como nunca: "Es mi mejor momento". Y si él lo dice... -¿Los Juegos de Winnipeg son una meta o sólo parte de tu preparación para Sydney 2000?
-La meta es Sydney, pero este torneo es muy fuerte. Somos tres o cuatro con un nivel muy parejo.
-¿Si salís cuarto está todo mal?
-Sí, mal mal. Bah, si pierdo yo. Si los demás me ganan porque fueron mejores les doy la mano. Igual, con mi entrenador, Leonty Gontcharenko, calculamos que vamos a superar mi récord, que es de 172,5 kilos en arranque y de 205 kilos en envión.
-¿A Gontcharenko no lo había echado la Secretaría de Deportes?
-Sí, tiene la entrada prohibida en el Cenard.
-¿Y cómo es que vos seguís con él?
-Y bueno... lo echó la secretaría.
-Fue por sospechas de que les daba drogas.
-Sí, por sospechas, no por pruebas.
-¿Y es cierto eso?
-Pero no... Mirá, nosotros tenemos análisis antidoping periódicos acá. A mí, por ejemplo, hace unas semanas me hicieron uno.
-Cuando surgió la denuncia, ¿dudaste de él y de tu futuro?
-Bueno, de hecho esto me complica la carrera. Yo me tengo que ir a entrenar a Independiente, por ejemplo. Pero bueno, te acostumbrás a lidiar con ciertas reglas de juego.
-Pesas es un deporte que siempre está sospechado de doping. ¿Por qué?
-Mirá, de hecho aparecen constantemente casos de dopings. Hay doping, no te lo voy a negar. Ahora, depende de cada uno. Yo creo que cuando llegás a cierto nivel tenés que asumir una responsabilidad, tenés que trabajar con adultez.
-¿Alguna vez te planteaste usar drogas?
-No. Esto es un tema muy delicado y hay que hablarlo con mucho respeto. Yo esto lo sufrí. Cuando me desgarré tres o cuatro días antes de ir a Atlanta se corrió la bola de que yo no viajaba porque iba a dar positivo en los controles. Ahí sentí en carne propia cómo se siente que tiren al aire algo así en contra tuyo. Menos mal que yo tenía las ecografías de mi lesión.
-¿Alguna vez desconfiaste de algún rival?
-Antes de entrenarme con Gontcharenko, sí. Pero ahora me doy cuenta de que no. Si me hubiese entrenado con él desde los 14 años ahora levantaría mucho más.
-Si Gontcharenko es tan bueno y tan importante, ¿por qué lo echaron? ¿Vos no pediste que lo dejaran?
-Sí, pero qué le voy a hacer. Hay decisiones que se toman y yo sólo puedo estar de acuerdo o no. No me puedo pelear con todo el mundo.
-Cuentan que te tienen celos en el mundo de las pesas.
-Y... hay celos en todos lados. Qué sé yo, será que no pueden construir nada propio.
-¿Vos sentís esto de los celos?
-Sí, lo siento. Es inevitable. Vos no podés vivir con una careta. En algún momento la hilacha la mostrás.
-¿Y eso no te complica el trabajo?
-Sí, sí, te j... Pero hay que acostumbrarse, porque, en definitiva, el balance es positivo. Y eso es lo más importante.



