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En el amplio piso de la calle Matienzo que la familia Lombi posee en Las Cañitas se permitieron una licencia en la prolija decoración. Las paredes del palier privado están cubiertas con las notas publicadas en los diarios durante el torneo Premundial de hockey sobre césped, que finalizó el último domingo en Edimburgo, Escocia, y que la Argentina ganó invicta. Pero para los Lombi existió el valor agregado de que su miembro más famoso, Jorge,fue el goleador y el mejor jugador del certamen.
Con las valijas todavía sin terminar de desarmar, con los recuerdos desparramados por su cuarto junto con algunos palos y la bandera argentina que cuelga del balcón del piso 13 cuando algún triunfo argentino lo requiere, Jorge Lombi , de 29 años, nos recibió en un living decorado con decenas de globos celestes y blancos que sus padres y hermanos dispusieron para darle la bienvenida.
"Arrastrábamos el peso de que ya nos había ido mal en cuatro torneos clasificatorios -aclaró el goleador argentino en alusión al Premundial- y para nosotros eso era durísimo. Ibamos con la idea de ganar cuatro partidos, dos en la primera rueda y dos en la segunda, para así lograr el pase al Mundial. Se nos fueron dando las cosas, tal vez sin jugar muy bien. Algunos encuentros fueron muy duros. Ahora ya no hay más nada que probar. Nuestro equipo maduró . Hay jugadores de 25 años con más de 50 partidos internacionales.
-¿El equipo depende mucho de vos?
-No, Mario Almada fue el segundo goleador del torneo. Yo colaboro con mi parte, trato de hacer las cosas lo mejor posible. Si no estoy, el equipo se defiende bien, ataca bien, tiene buenas jugadas de córner. ¡Tendrá que surgir otro flickeador que me reemplace!
Lombi juega en Ciudad de Buenos Aires y, además, es entrenador del conjunto de mujeres de la entidad, que ganó los tres últimos campeonatos. El mayor mérito de Lombi es su certero tiro de flick en los córners cortos. De los 19 goles que marcó en el Premundial, 12 fueron con esta jugada. ¿Cómo hace? Luego de que la bocha es parada por un compañero, él la arrastra hasta que ingrese en el círculo, la levanta como si tuviese una cuchara en la punta del palo y la coloca cerca del travesaño. Un tiro casi inatajable.
"Se lo vi hacer al holandés Tako Van der Hornert en el Mundial de Sydney 94 y comencé a entrenarlo. En los Panamericanos de Mar del Plata me dieron algunos cortos para tirar. En el 96 se hizo más frecuente y desde el 97 noté que casi todos los equipos tenían un flickeador desarrollándose para esta jugada."
En el perfeccionamiento no sólo tuvo que ver la constancia. "Ahora -explica Lombi- uso un palo distinto porque tiene mayor curvatura. El único secreto que hay es el entrenamiento. Practiqué mucho con el palo normal, me hice estudios biomecánicos en el Cenard. El cuerpo médico y la psicóloga me ayudaron mucho. Hice mucho gimnasio porque es una jugada muy desequilibrante. El cuerpo trabaja mal.
"En el Preolímpico de Osaka, Japón, del año último, un paquistaní trajo la novedad de la curvatura distinta en el palo y pegaba como un animal. A partir de ahí preparé unos palos con mi papá, que tiene una fábrica. En la Copa de las Américas en Cuba los llevé y sentí que mejoraba. Después le pedí a la TK (una de las marcas más conocidas) en Alemania que me dieran palos especiales. Me llegaron a Sydney, donde noté que ya había varios jugadores con palos doblados que son legales".
Seguramente, Jorge Lombi tendrá un lugar destacado en la historia del hockey argentino. Su habilidad, capacidad goleadora y el tiro de flick serán difíciles de igualar. "Nunca pensé en eso. Quiero jugar hasta que me divierta y me pueda mantener en este nivel, que es muy alto". A su historia todavía le quedan muchas páginas en blanco para llenar con goles y éxitos.

