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Dentro de una cancha de polo hay 12 protagonistas: dos equipos con cuatro jugadores por lado, dos referís, y además, los banderilleros.
Se los puede ver detrás de los mimbres, vestidos con pantalones blancos, un chaleco de protección color bordó (que utilizaron por primera vez este año), casco blanco y la banderilla en la mano siempre lista para anunciarle al público la conversión de un gol, y de esa manera desatar el festejo.
En el Abierto Argentino de Palermo los encargados de cumplir está imprescindible función para el espectáculo son tres: Juan José Núñez, Carlos Taboada y Gabriel Lencina, que hablaron con LA NACION para explicar los secretos de tan importante oficio para el polo.
-¿Cuándo fue la primera vez que hicieron de banderilleros y dónde?
Núñez: -Yo hago de banderillero desde los 14 años, porque vivo frente a la cancha de Indios, en San Miguel.
Lencina y Taboada: -Nosotros también empezamos ahí porque vivíamos cerca.
-¿Qué los motivó a realizar la actividad y desde hace cuánto que trabajan de banderilleros?
Lencina: -Con Carlos [Taboada] lo hacíamos para ganar unos pesos para la gaseosa y empecé cuando hace 17 años.
Taboada: -Teníamos 10 años y era simplemente para tener unos pesos, y también hace 17 años que soy banderillero.
Núñez: -Uno empieza cuando es chico como para hacerse unos pesos para sus gastos. En mi caso, desde hace 14 años.
-¿Cómo llegaron a trabajar en Palermo?
Núñez: -Trabajo acá hace 16 años, en un principio hice otras cosas, hasta que un día me preguntaron si quería ser banderillero y por supuesto que acepté. Desde entonces no lo largué más.
Lencina: -Arranqué en 1997 y a mi me trajo Núñez.
Taboada: -A mí también me trajo Núñez.
-¿Qué es lo que más les gusta del polo?
Taboada: -Además de ver jugar a los jugadores, me gustan los caballos. Que haya buenos caballos es garantía de un buen partido; sin una buena caballada, perdés seguro.
Lencina: -Para mí, esto es un hobby; me encanta y lo disfruto desde que soy chico.
Núñez: -El polo es un deporte rústico que me entretiene, me llama y atrae.
Se mueven con naturalidad en un lugar donde la mayoría se paralizaría por el miedo, lo disfrutan, y hoy son parte de Palermo.
-¿En cuántas finales del Abierto participaron?
Lencina: -Estuve en siete y, la verdad, cada vez la paso mejor.
Núñez: -En mi caso, fueron cinco.
Taboada: -A mí me tocó estar en cuatro.
-¿Alguna vez tuvieron algún problema con los jugadores por un error?
Núñez, Taboada y Lencina: -No fallamos nunca y tenemos muy buena onda con los jugadores.
Hace tiempo que trabajan juntos en una cancha de polo y son partícipes de uno de los espectáculos deportivos más importantes del mundo. Pero no son ajenos a esa realidad, y dicen: "Cuando agitamos las banderas la gente se vuelve loca y eso te pone la piel de gallina. La clave en este oficio es esperar la jugada hasta último momento, no dudar y ser decidido. Nos encanta el polo; nos divierte y nos gusta trabajar acá. Sabemos que tenemos un rol importante dentro de una cancha de polo".
Por lógicas razones, no pueden vivir únicamente del oficio de banderilleros, y por tal motivo tienen otros trabajos: Lencina trabaja en Antique Nouveau, un local de antigüedades; Núñez lo hace en una empresa de mantenimiento y Taboada es albañil.
Para los tres, el objetivo es común y coinciden en la respuesta: "Lo único que nos falta es trabajar en Tortugas y Hurlingham, pero eso ya va a llegar, porque somos los mejores."
