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Ese joven de rostro cuadrado con mentón prominente y nariz de boxeador aún conserva la mirada de niño; se sonroja cuando lo reconocen y le disgusta que lo llamen genio. El noruego Magnus Carlsen, de 21 años, y que desde hace dos es el N° 1 del mundo del ajedrez, en la Segunda Gran Fiesta Internacional de la UNAM 2012, elevó la luz de su figura hasta los astros y alcanzó el brillo de una megaestrella.
Invitado por la Universidad Nacional Autónoma de México y el Centro Cultural El Juglar, participó y se adjudicó un cuadrangular con partidas rápidas y a la ciega (con los ojos vendados), superando en la semifinal al cubano Lázaro Bruzón -uno de los mejores ajedrecistas de América- y en la final a la número uno femenina, Judit Polgar. También brindó dos exhibiciones simultáneas: una, frente a 1550 jugadores que colmaron la platea del Teatro Nezahualcoyótl (los que votaban en conjunto la mejor jugada) y, en el mismo momento, por Internet, otra partida ante 7000 ciberajedrecistas, que fue bautizada ante El Mundo. Los derrotó a todos; ganó las dos partidas.
En un camarín, en el campus de la UNAM, Carlsen, acompañado de su entrenador Espen Agdestein, hermano de Simen, ex futbolista y ajedrecista de Noruega, habló con la nacion y contó por qué lo suyo no se trata de ninguna genialidad.
"Siento que soy una persona muy afortunada; es decir, soy muy bueno en lo que hago y he encontrado algo en lo que puedo ser brillante, excelente y sé que cierto nivel de inteligencia es necesario para esto, para ser exitoso en el ajedrez, pero un genio, no. Ésa es una palabra muy fuerte", dijo el joven vikingo, que aprendió a jugar ajedrez a los nueve años y hoy, con 2848 puntos de Elo (sistema de puntuación del ranking), está a cuatro unidades de superar la marca histórica de Garry Kasparov.
Hace diez años, la familia Carlsen apostó por un ciclo de enseñanza para sus tres hijos: aprender jugando. Visitar museos, conocer geografías, historia y cultura a través de un viaje por el mundo. Además, en cada sitio de la estada donde había un certamen de ajedrez, el pequeño Magnus era inscripto para recoger experiencia. Al final del viaje, el niño de 13 años había alcanzado el título de gran maestro. Y una década después era el mundo el que hablaba de él.
"Me siento muy contento, en la actualidad, de ese viaje con mi familia. Siento que tanto para mí como para mis hermanos fue muy bueno porque aprendimos muchísimas cosas del mundo, cosas que son útiles e importantes de saber. Yo creo que aprendimos más que si nos hubiésemos quedado en la escuela. Claro que teníamos que hacer tareas cuando viajábamos, tuvimos libros de texto y nuestros padres trataban de ser nuestros maestros y tuvieron algo de éxito, al menos para mí. Yo creo que a nivel del ajedrez he avanzado muchísimo y esta libertad de no tener que despertarme temprano en la mañana para ir al a escuela me permitía concentrarme más en los juegos. Fue una experiencia formidable", sostuvo.
-¿Cuál fue el mejor regalo que te dio el ajedrez en estos años?
-El ajedrez es muy gratificante para mí. Desde el principio descubrí que era un juego fácil e interesante. También influyó que empecé a ganar con facilidad; pero mi principal motivación es el juego en sí mismo y, aunque las exigencias son elevadas, disfruto mucho de lo que hago.
-¿Te disgusta que la prensa y la gente estén pendientes de tus pasos?
-Creo que todos, incluso aquellas personas que son muy abiertas y sencillas, siempre se enfrentan a problemas y dudas. Trato de no molestar a nadie, de no pisarle los callos a nadie, y a veces tengo mis propias opiniones y digo lo que pienso, aunque en general trato de mantenerme calmo. Me sigo preguntando por qué las personas se me acercan mucho y me molestan y me hacen tantas preguntas. Pero creo que es mejor para todos que sea una persona tranquila, positiva y mantenga una buena relación con la gente.
Cuando en el acto de clausura del festival, José Narro Robles, rector de la UNAM, dijo que el ajedrez simboliza el espíritu del ser humano, que debiera acompañarnos en todo tiempo y momento, por lo que representa como ciencia, arte, deporte, entretenimiento y factor formador de ciudadanía, a Magnus Carlsen se le escapó una sonrisa cómplice; de aprobación o disenso. Es que para él, el ajedrez ya no tiene misterios y cree que sólo se trata de un juego.
Magnus Carlsen tiene una mirada social muy amplia y lo demostró con un par de respuestas sobre política. Sobre Barack Obama, comentó. "Hubo una encuesta en Noruega que decía que el 93,8 por ciento de sus habitantes habría votado a Obama. Yo habría votado por él. Pero siento que los europeos son de visión muy estrecha y no se esfuerzan en entender las diferencias entre nuestras sociedades. En Europa del Norte, en la mayor parte de los países de Occidente, tenemos un sistema que funciona bastante bien, pero somos un poco arrogantes cuando analizamos las otras sociedades y creemos que nuestros métodos son los correctos", dijo.



