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-Diego, ¿no sentís, a veces, que forzás el destino?
-Sí, sí, el hecho de elegir la muerte, ¿no? No es de muchos.
-¿Cómo elegir la muerte?
-Sí. Digo que si yo hago cosas malas para mi cuerpo, es como estar eligiendo mi muerte. Pero no quiero morir, ¿eh?, te aclaro, no quiero morir para nada.
-¿Y qué sentís cuando tu nombre aparece junto con el del Che Guevara, el de Evita, el de Gardel, como un mito más, con tu cara, como la de ellos, estampada en remeras?
-Siento que, en todo caso, soy alguien que todavía está vivo, ¿no? Si he logrado ser un mito viviente, yo no me lo propuse... Les agradezco mucho lo del mito, pero soy un ser humano como cualquiera. Por el hecho de haber ganado algunas batallas futbolísticas o por defender a la gente como quiero defenderla, no me creo un mito. Pero ¡les agradezco! ¿Sabés qué pasa? Que acá, para los argentinos, si morís, sos un fenómeno, ¡pero no les voy a dar el gusto! ¡No me tengo que morir para ganar un consenso general! Nooo, ¿para qué?
El año 2000 se partía casi exactamente por el medio y, en La Habana, Diego Armando Maradona se recuperaba de la primera de las tres grandes crisis de salud que sufriría a lo largo de la década.
Poco después, festejó su cumpleaños en la cabaña del centro La Pradera y acuñó, aparte de aquella reflexión sobre la vida y la muerte, otra de sus frases célebres: "Cumplo 40, pero valen por 70" , confesó, consciente de que, para muchos, en el vértigo de su existencia todo se aceleraba, incluso el final.
En 2004 y 2007 volvería a aportar elementos concretos a esa teoría que dice que de muertes y resurrecciones está hecha su vida de película. Y en medio de todo se permitía bromear con su futuro.
-Y a los 60, ¿cómo te imaginás?
-Un viejo cho..., je, je. Primero, que si llego a los 60 hago una fiesta para cincuenta mil personas, je, je. Pero, en serio, me imagino viendo los videos con mis nietos. Y parecido a mi viejo, seguro.
Diego Maradona ya marcha hacia ese objetivo: tiene 50 años y un día, que no es poco. Es suficiente argumento como para salir a discutirle -con el egoísmo de quien ve la vida de otro desde afuera, aunque desde cerca- esa otra frase ya impresa en la historia: "Es el cumpleaños más triste de mi vida" . Sobre todo, porque no la dijo por el contexto en el que la fecha de su medio siglo llegó -y que sí la justificaría- sino por el de su historia trunca con el seleccionado.
Lo que ha hecho, lo que provocó que su nombre se tranformara en un adjetivo, acabamos de verlo recopilado de mil maneras ( también en canchallena.com, por supuesto ) y a lo largo y lo ancho del mundo.
Lo que tiene por hacer -un hombre que si a los 40 había vivido 70, a los 50 vivió 80- es disfrutar el hecho de ser Maradona, sin necesidad de ponerlo a prueba todos los días. Ser, simplemente.
darcucci@lanacion.com.ar Twitter: @darcucci



