

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
Magnífico. Sensacional. Formidable. Maravilloso. Conmovedor. Ninguno de tales adjetivos calificativos le quedan grandes al show de apertura del Mundial de Patinaje Artístico Argentina 2003, largamente aclamado por unas 2000 personas en el Luna Park.
Ciento sesenta y seis chicos patinadores de la federación de Santa Fe protagonizaron el estupendo espectáculo, organizado por Pablo Rodríguez. Con reminiscencias de las grandes ceremonias inaugurales de los mundiales de fútbol, el show asombró con coreografías precisamente coordinadas, impactantes juegos de luces y emotiva y majestuosa música.
La fiesta comenzó con la presentación de las delegaciones y la ejecución de pasajes de los himnos nacionales. Y tras la bienvenida de las autoridades se largó el show propiamente dicho. La historia de la aborigen Anahí, símbolo del ceibo -flor nacional-, dio paso al ingreso de gauchitos que bailaron un malambo con los patines. Pronto se unieron más gauchitos y gauchitas y danzaron un chamamé y chacareras, entre ellas, "A Don Ata" en la voz de Soledad Pastorutti. Un elección musical acertada, porque quizás el también muy argentino tango habría resultado algo trillado.
Con la interpretación de Fernando del Río se conoció la canción del Mundial, a la que siguió un video que mostró postales del país organizador y despertó un repetido "Ar-gen-tina" en la concurrencia. Entonces llegó lo mejor: con brillosos atuendos, alrededor de cien chicas combinaron admirables figuras, con carteles luminosos de color que se conjugaban en diversas formas y un final con un globo terráqueo rodeado por banderas de varios países. Y todo casi perfectamente coordinado.
La extensa ovación, los gritos de "Argentina" y "Santa Fe" y los aplausos de los extranjeros dieron su merecido broche a un espectáculo que, con un adivinable gran esmero de ensayos, sorprendió por la notable coordinación de talento, arte y destreza. Y que hizo derramar algunas lágrimas de emoción y orgullo.




