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CORDOBA.- Como muchas veces, Marcelo Milanesio recurrió a su padre, don Mario, para solicitarle un consejo. Transcurría 1986 y el preseleccionado nacional, que se preparaba para el Mundial de España, había entrado en zona de turbulencias. Problemas organizativos habían motivado la reticencia a concurrir al certamen de ciertos jugadores. Flor Meléndez, el técnico, no quiso perder tiempo y citó a Marcelo, que había jugado un amistoso para el equipo nacional.
-¿Qué hago... Voy, papá?
-Hacé de cuenta que es tu madre la que te llama...
La respuesta del recientemente fallecido don Mario, el mismo que decidió bautizar a su hijo con nombres de ex basquetbolistas de su época -Marcelo, por Farías y Gustavo, por Chazarreta- marcó el insólito comienzo de la carrera más brillante de un jugador en el seleccionado nacional, que anoche terminó con una despedida en el estadio Carlos Cerruti, de esta ciudad.
Por lo pronto, y como dato significativo, fue el único que participó en cuatro mundiales, obtuvo un Olimpia de Oro y logró que su histórica camiseta número 9, que usó en los Juegos de Atlanta 96, ingresara en el Hall de la Fama de la NBA. Tres logros que difícilmente puedan repetirse.
"Fue una sorpresa. En ese tiempo los mejores eran Cortijo, Richotti y Haile, no esperaba la convocatoria para ir a España", apuntó con su habitual parsimonia.
Con el tiempo y después de un acertado desempeño en su primer Mundial, Marcelo fue ganándose el respeto. Se recuerda una frase de Ary Vidal, ex DT de Brasil: "Si nosotros tuviésemos un base como Milanesio no perderíamos ningún torneo".
Fue admirado por todos, elogiado hasta por los integrantes del Dream Team I, en el Preolímpico de Portland, en 1992. Por suerte, quedó grabada en un tape aquella magnífica jugada de uno contra uno frente a Michael Jordan. Marcelo terminó dejándo desairado al astro de Chicago y convirtió un doble espectacular.
"Son muchas cosas. Las satisfacciones que me dio la selección son hermosas. En España fuimos los únicos que le ganamos a EE.UU., que fue campeón. Ahí jugue contra Drazen Petrovic, Rick Smith, David Robinson, y muchas estrellas más".
En el Mundial de la Argentina, en 1990, el desempeño no fue tan eficaz "porque un día antes se lesionó Campana y todas nuestras ofensivas giraban alrededor de él" recordó. Pero cuatro años después sorprendió en el Mundial de Toronto. "Jamás pensé que podía terminar como el mejor asistente. Me acuerdo que nosotros habíamos terminado el torneo y yo estaba primero con 55 asistencias. Toni Kukoc, de Croacia, sumaba 53, pero tenía un partido más por jugar. Cuando llegue a la cancha no lo podía creer. Kukoc estaba en el banco, porque se había peleado con el técnico y en el ratito que jugó dio una sola asistencia, no lo podía creer. Todos me saludaron, fue otra gran alegría".
En aquel tiempo el técnico Edgardo Vecchio siempre decía lo mismo antes de dar la lista de convocados: "El único confirmado es Milanesio". La historia no fue igual en el Mundial de Grecia, el año último. Julio Lamas había decidido darle preponderancia a otro base, para comenzar un recambio generacional. Por eso Alejandro Montecchia cerraba los partidos y Marcelo miraba desde el banco. "En esos momentos siento que me muero", respondió en uno de aquellos calurosos días de Atenas.
"Un sector del periodismo me criticó, me acusaron de no defender, de pelearme con Sconochini, y otras cosas que no me gustaron. Temía que no me volvieran a convocar. Además no estaba conforme y por eso, antes del Sudamericano de Bahía Blanca y el Preolímpico de Puerto Rico, decidí retirarme. Era un buen momento para darle paso a los más jóvenes".
Fueron 13 años de brillantes actuaciones, de elogios y premios, de un juego comandado con talento, maestría y experiencia. La selección jugaba a lo Milanesio y todos sabían que resultaría traumática la transición para cualquier otro base que tomara la posta. Lo es aún hoy.
"No me puedo quejar, viví cosas hermosas. Jugar en el seleccionado siempre fue lo máximo, para mí fue como jugar en la NBA. Por usar esa camiseta me dieron el Olimpia de Oro y eso es impagable."
No sabe Marcelo cuándo abandonará a su club, pero sí sabe que quiere ser técnico. "Me gustaría aplicar lo que aprendí, dirigiendo. No sé si podré lograrlo, pero seguro que mi propósito máximo es ser entrenador del seleccionado nacional".
Una dorada historia que puede continuar y que él supo construir con empeño y pasión, con esfuerzo y talento. Es el que más méritos reunió en la selección; hasta la despedida de anoche resultó un acontecimiento excepcional en nuestro país. Tan excepcional como Marcelo.
