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Los ecos por la extraña muerte de Albeiro Usuriaga no se acallaron en Colombia. Por el contrario, para la gran mayoría de sus compañeros, hinchas y amigos es la hora de conocer, al menos, algún indicio que permita aclarar parte del misterio. Colombia no sólo lamenta la pérdida del jugador, asesinado anteayer en el barrio 12 de Octubre, de Cali, sino que además espera una aclaración del suceso.
Los inconvenientes sociales relacionados con la marginación recrudecen en esta época en los barrios colombianos, donde el futbolista residía y pasaba buena parte de sus horas de ocio jugando a las cartas con sus amigos. A los 37 años, el Palomo encontró la muerte cuando fue baleado allí por un menor de 14 años, que huyó en una moto conducida por un cómplice. Así, abruptamente, culminó la vida del delantero que brilló en Independiente, en Atlético Nacional y en el seleccionado de su país, al que no fue convocado en el Mundial 90 pese a su buen desempeño en las eliminatorias.
Mientras estudiaba una oferta del fútbol chino para no convertirse aún en un ex jugador, lo sorprendió la tragedia. Ahora, sólo queda el recuerdo de aquellos que lo conocieron. El Pibe Valderrama, de quien fue compañero en el seleccionado colombiano, tuvo palabras de elogio para la extrovertida personalidad del Palomo: "Fue un gran compañero y uno de los muchachos más alegres del grupo. Es un golpe duro para nosotros y para el pueblo de mi país. Yo tengo sólo buenos recuerdos de él por su alegría, por su forma de ser".
Francisco Pacho Maturana, entrenador de Colón -hoy debuta en su cargo-, también lo recordó: "Son horas tristes para quienes lo conocimos. En lo futbolístico, recuerdo que brilló en 1989 en Atlético Nacional, donde resultó una pieza clave en la conquista de la Copa Libertadores".
Con respecto al hecho, que ocupa un buen espacio en las crónicas policiales de todo el continente, se supo que Usuriaga había sido amenazado telefónicamente algunas horas antes de ser acribillado de trece disparos, según lo confirmó su madre, Esther López Moreno. "Alguien llamó y lo amenazó de muerte. De esa llamada sabe mi hija, pero creo que no alcanzó a comentarle nada a Albeiro", dijo.
La señora López Moreno agregó que su hijo discutió con la persona que lo llamó por teléfono y recordó que unos días antes había sido asesinado Javier Vera Marulanda, el mejor amigo del futbolista.
"Mataron a ese señor (por Vera), pero estate tranquila, que no me va a pasar nada", le dijo Usuriaga a su madre cuando ésta le preguntó por qué estaba hablando en un tono tan duro con sus conocidos en el lugar donde fue asesinado.
Después, más conjeturas: se dijo que el jugador (que estuvo suspendido dos años por consumo de cocaína en 1997) fue testigo de un asesinato. Otros hablaron de un ajuste de cuentas. En síntesis, un suceso sumido en una nebulosa que, como tantos otros que se ennumeran aparte, dejó como saldo el más triste y trágico de los finales.



