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Ni el crítico de boxeo más imaginativo y experto; ni el más certero o el más arriesgado en la proyección hacia el futuro de los campeones del ring, hubiese podido vaticinar que la aparición de un púgil filipino, de contextura atlética indescifrable, iba a convertirse en la sensación del boxeo mundial, casi en el final de la primera década del siglo XXI. La historia del cuádruple campeón mundial Manny Pacquiao es la más importante de cualquier boxeador por estos días.
Pacquiao recorrió un camino muy particular. Lleno de sacrificio, de lucha, de obra deportiva y de un mensaje muy especial para sus 80 millones de compatriotas, que forcejean para sobrevivir con una de las pobrezas mas crueles de Oriente.
Conocido como "Pacman" por su manera de perseguir a los rivales en el cuadrilátero hasta ponerlos fuera de acción, Pacquiao, hijo de una devota familia cristiana de Kibawe, en Mindanao, ejerce el boxeo profesional desde 1995 con una particularidad: debutó con un peso de 49 kilos. Más allá de su tetracampeonato mundial, gestado entre los 50,800 y los 61,200 kg, su reciente victoria categórica sobre el decadente séxtuple campeón Oscar de la Hoya, pese a la gran desventaja física que otorgó, ratificó la condición de héroe de Pacquiao en Filipinas, además de confirmarlo como el mejor boxeador de la actualidad.
Poco importó su ganancia final, entre los 15 y 30 millones de dólares, o los más de un millón de abonados que vieron la pelea en sistema pay per view. Conmovió, en cambio, su manera de pelear y su seguridad para demoler al boxeador más popular del planeta. Pacquiao conmovió al boxeo internacional con peleas de un contorno increíble, que se constituyeron en auténticos clásicos del ring en categorías poco atractivas, lejanas a la seducción de los pesos welter, mediano o pesado.
Así y todo, sus duelos con el mexicano Erik Morales son inolvidables. Pese a perder por puntos el primero match, luego le ganó categóricamente en dos ocasiones, obligándolo a retirarse del boxeo.
Algo semejante sucedió con el azteca Marco Antonio Barrera, a quien quitó de los primeros lugares tras vencerlo dos veces. Y por último, sus dos batallas con otro mexicano, Juan Manuel Márquez, con un empate y una victoria, sellaron su condición de estrella para cualquier mercado pugilístico desde 2004 hasta hoy.
Su condición de zurdo y su 1,69 metro de altura, constituyen un obstáculo para sus desafíos hacia rivales de envergadura superior. El próximo será el inglés Ricky Hatton, ex campeón mundial, de un estilo fuerte y ofensivo, que lo desafiará por el honor y los millones, el 2 de mayo próximo, en el límite de los 63,500 kilos. Y Hatton es un boxeador entero, lleno de furia y fuerza, distante del snobismo opuesto por De la Hoya el 6 del actual.
La actual grandeza de Pacquiao se reflejó en su último cumpleaños, festejado en la ciudad de General Santos, en su mansión en Filipinas. Hubo 1500 invitados de todo el mundo. Ex rivales, empresarios, artistas y hasta la presidenta Gloria Macapagal-Arroyo, que no perdió tiempo para repetir su frase favorita: " Cada pelea de Manny le da alegría al pueblo filipino y lo necesitamos más que nunca".
La política es el futuro de Pacquiao. Su objetivo es sumar experiencia para las elecciones nacionales de 2010; su paso previo ante las urnas no fue convincente. Su primer intento de llegar al Congreso como representante del primer distrito de Cotabato Sur -el estado en el que vive- fue negativo; perdió por la representatividad de su partido con Darlene Antonio-Custodio (139.061 votos a 75.908). Las estadísticas del mundo político serán las mas duras de digerir para el boxeador representado por el veterano promotor norteamericano Bob Arum.
Se puede debatir si el reciente retiro del cuádruple campeón mundial Floyd Mayweather agilizó los medios y las circunstancias para consagrar a Pacquiao en todos los aspectos. Desde el mejor pugilista del momento hasta el portador de las mejores ofertas para los combates más esperados. Sin embargo, nadie extraña a Mayweather en los días de oro del noqueador filipino.
El experto comentarista norteamericano Michael Katz sostuvo en una de sus últimos crónicas: "Pacquiao está en la cúspide. Es uno de los grandes guerreros asiáticos que conoció América. Es la espera más importante para reencontrarnos con un sucesor del gran conquistador Genghis Khan, y está en ese camino".



