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Era otro país. Corría la década del 30 y la vida política golpeaba con dureza la realidad argentina. Era, también, otro polo. Más de campo, sin la fastuosidad del presente, pero ya entonces con el orgullo de dominar el mundo, como lo evidenciaban las dos medallas de oro conseguidas en los Juegos Olímpicos de París, en 1924, y de Berlín, en 1936. En ese país, en ese polo, dos hermanos varones, Luis Garrahan (nacido en 1913) y Tomás Garrahan (1918), daban sus primeros pasos en este deporte. Lo hacían en Lobos, en el campo La Espadaña, que luego dio origen al club homónimo. Sus cuatro hermanas, Inés, Laura, Tessie y Lily, eran testigos del comienzo en el polo de esa familia de origen irlandés, que se había instalado en nuestro país en 1833. En esos tiempos, Luis y Tomás ni en sus mejores sueños hubiesen imaginado lo que sucedería setenta años después?
"Entre la última Navidad y el año nuevo, me junté con Matías Mac Donough a tomar una cerveza, y entre ideas locas se nos ocurrió hacer un torneo bien familiar, en el que participen solamente jugadores con sangre Garrahan. Empezamos a hacer cuentas y daba que podíamos llegar a un total de 40 jugadores con un promedio de 18 goles", cuenta Martín Garrahan, nieto de Tomás, quien falleció el año último con recuerdos frescos de jugar alguna práctica, ya que pese a sus más de ocho décadas de vida de vez en cuando, taco en mano, se subía al caballo para recordar los buenos viejos tiempos.
Es que de aquellos seis hermanos las ramificaciones del árbol genealógico dejaron raíces polísticas por todos lados que alimentan día tras día al deporte. Las cuatro mujeres se casaron con hombres de apellidos directamente relacionados con los caballos y cuyos herederos potenciaron todavía mucho más este vínculo de sangre y corazón: Alvaro Pieres, Héctor Mac Donough, Héctor Crotto y Laddie Buchanan.
Así, de esa idea que parecía una utopía y de poca probabilidad para llevar a la práctica nació la Copa Tomás Garrahan, de la que participaron 36 jugadores descendientes del homenajeado. La competencia se realizó el fin de semana en varios clubes de la calle Gonzalo Tanoira, en General Rodríguez, como Polo One, como sede central, más El Yacaré y Ellerstina, todas entidades pertenecientes a miembros de la familia. Además del apellido original (siete jugadores), otros siete completaron el fixture. Los Pieres fueron mayoría con 11, aunque también participaron los Mac Donough (siete), Buchanan (cinco), Crotto (dos), Moreno (dos), Martínez Subiría (uno) y González Galé (uno). Además, jugaron equipos de clubes que ya tienen un lugar destacado en la historia de este deporte, como La Espadaña, Ellerstina, La Baronesa y La Irenita.
En cada formación se juntaban grandes y chicos, de Jorge Mac Donough, de 63 años, a Matías Garrahan, de 19, el único de la cuarta generación de la familia, o Luis Garrahan (h.), de 15, el benjamín del certamen. O polistas consagrados o no, como tres campeones argentinos actuales, Gonzalo y Facundo Pieres y Pablo Mac Donough, y Nicanor Moreno, el único 0 de valorización del torneo.
El campeón, aunque se trata de una anécdota, fue La Escondida, con dos jugadores con el apellido Garrahan en sus filas: Marcelo (h.) y Luis (h.), más Gonzalo (h.) y Pablo Pieres. Poco antes de la final, 36 jugadores posaron para la foto del primer torneo Garrahan, y luego se sumaron mujeres, menores y no polistas, en una instantánea con casi 200 personas de la misma sangre en las venas.
En la entrega de premios, tres de las cuatro hermanas, Inés, Ester y Laura (¡de 97 años!), le dieron un toque extra de distinción a esta especial historia de vida. Una historia vinculada con el deporte por 80 años y por cuatro generaciones. En esos tiempos, era otro país. También era otro polo, es cierto. Pero ayer, hoy y mañana, con la misma inoxidable pasión.


