Después de milenios y con argentinos, el polo llegó a Qatar, no muy lejos de donde nació
Con Pablo Mac Donough como figura principal, el deporte debutó en Doha, donde unas 3000 personas presenciaron tres días de actividad
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DOHA, Qatar.– El hombre y el animal, unidos. Una simbiosis perfecta para desarrollar un deporte único, estético, vibrante, vertiginoso, espectacular. Hombres osados, hábiles, valientes... Animales veloces, resistentes, dóciles... Un taco, una pequeña bocha y a correr. Eso es el polo. El deporte milenario surgido en Oriente; según una teoría, en la antigua Persia, por el siglo IV antes de Cristo; no muy lejos de la actual ciudad de Doha, que hoy llama la atención del mundo por su modernidad y su hospitalidad.
Más tarde que lo imaginado, Qatar le abrió sus fronteras y el polo llegó a estas tierras. Fue bien recibido, con honores y alegría. Y la intención es que se quede para siempre. El fervoroso entusiasmo recogido por el polo en algunos de los países de la región del Golfo Pérsico debía inexorablemente replicarse en este estado soberano, que mantiene una única frontera terrestre, por el sur, con Arabia Saudita, mientras el resto de su contorno es bañado por las aguas del Golfo. Gracias a su embelesante glamour y su distintiva estética, el polo hace rato conquistó los corazones de los vecinos sauditas y los de los siete Emiratos Árabes Unidos.

Sólo era cuestión de tiempo –no demasiado– que hechizara también a los de los qataríes, miembros de una sociedad aferrada a sus tradiciones y ligada fuertemente a la cultura equina. De aquí surgió, unos 4500 años atrás, la raza equina madre de todas las razas: la árabe. Estableció una relación estrecha con el lugareño. Y desde Medio Oriente esparció sus genes por el mundo, transmitiendo a sus descendientes su particular belleza, su capacidad de aprendizaje y de adaptabilidad, y la reconocida resistencia física.
Para manejar a esos briosos animales hacen falta cualidades complejas de reunir en una población. En general, los árabes las tienen y las lucen. Años y años de guerras y conquistas, de a caballo, lo demuestran. La audacia, el valor, la destreza y el arrojo de sus jinetes marcaron la diferencia en múltiples ocasiones, generando asombro y admiración en otros pueblos. Y esas virtudes resultan imprescindibles para jugar al polo. Entonces, caballos aptos más hombres hábiles da como resultado una combinación insuperable para desarrollar exitosamente este juego. Qatar siempre lo supo, pero recién ahora, a mediados de la tercera década del siglo XXI, se decidió a adoptarlo.
La histórica iniciativa de tener finalmente polo en Doha, la capital del país, fue tomada por Qatar Polo Club. Bajo su organización, su supervisión y su patrocinio, se lanzó a fines de 2025 Polo Almarsa, la piedra basal de un proyecto pensado a largo plazo, firmado a diez años, y sin más pretensiones en el estreno que darlo a conocer, presentarlo en sociedad. Unas tres mil personas, ávidas de conocer detalles de esta disciplina y de ver en acción a los artistas del taco y la bocha asistieron a la realización inaugural del acontecimiento, desarrollado durante tres días frente al elegante Puerto Viejo.
Mohammed Al-Kuwari, asesor para América Latina del programa Años de Cultura, creado en 2012 y destinado en esta ocasión a la Argentina y Chile, destacó que “las raíces del polo en estas dos naciones, más el patrimonio ecuestre de Qatar, reflejan tradiciones compartidas en equitación y artesanía. El deporte siempre ha sido un poderoso conector dentro de Años de Cultura. Es una gran oportunidad tener gente de Argentina aquí. Los caballos son muy importantes para nosotros; hoy se puede advertir la fascinación que provocan en los ojos del público local”, afirmó enfáticamente.
Polo de atracción
En cada lugar del mundo donde se apuesta por el polo sus responsables convocan a jugadores de la Argentina. La intención es clara: prestigiar sus torneos o exhibiciones promocionales con talento albiceleste. Polo Almarsa aplicó la misma fórmula y contó con la presencia de valores de alto nivel internacional. En Doha estuvieron Pablo Mac Donough, 10 goles de handicap y 13 veces campeón del Argentino Abierto; Beltrán Laulhé, integrante de La Zeta-Kazak, promovido a 8 tantos al concluir la última temporada, y León Donoso, de 15 años y 5 goles de valorización, una de las máximas promesas de su generación, dotado de un enorme potencial técnico, como para llegar al elite dentro de poco tiempo.
Junto a ellos viajaron otros adultos y juveniles de renombre, trayectoria o futuro en esta actividad: Marcos Di Paola y sus hijos Beltrán y Vicente, los hermanos Rafael y Milo Mac Donough; José Donoso, el padre de León, y su otro hijo, Andino, y Gastón Laulhé. También hubo mujeres que bebieron el viento del desierto a galope tendido: Nina Clarkin, experimentada profesional inglesa, primera polista en alcanzar los 10 goles de handicap femenino, y sus hijos Elizabeth y Patrick; Sophie Kyriazi, Sarah Rippon, Magdalena Escriña y Lucía Mier Portillo. La nómina se completó con animosos jugadores locales: Saleh Al-Marri, Ahmed Al-Badi, Bader Al-Marri y Abdulaziz Al-Qahtani.
Cuatro copas repartió el gran show de polo de arena en un campo de dimensiones reducidas, armado con el estadio mundialista de fútbol 974 recortado sobre el horizonte. Dos equipos de mujeres dieron vida a Almarsa Ladies Cup, en la que Lusail, con Nina Clarkin, venció a Doha, de Sophie Kyriazi. Otros dos conjuntos, conformados por chicos, dirimieron la Mini Mallet Cup. A lo alto del podio subió Doha, con los hermanos Clarkin y Milo Mac Donough. Y hubo dos competencias más, las de mayor relevancia: la primera, un desafío entre Santiago (Chile) y Buenos Aires, y la segunda, un cuadrangular. Todos los participantes lucieron sus cualidades montados en caballos de La Dolfina. El lote de aproximadamente 50 ejemplares fue traído desde Al-Ula, un destino turístico ubicado en el noroeste de Arabia Saudita, donde la organización de Cañuelas suele realizar exhibiciones durante enero.
El enfrentamiento entre Santiago y Buenos Aires respondió a la idea de involucrar a los dos países en el marco del programa Años de Cultura, una propuesta de intercambio cultural creada en 2012 por Qatar mediante la jequesa Al-Mayassa bint Hamad bin Khalifa Al-Thani. Su objetivo es fomentar el intercambio cultural con diversos países cada año. Los socios en esta ocasión fueron Argentina y Chile, y en el 2026 serán Canadá y México. Las actividades se vinculan con la cultura, en todas sus manifestaciones: exposiciones (como la del MALBA en Doha), conciertos (la Orquesta Filarmónica de Qatar estuvo en el Teatro Colón en septiembre) y actividades deportivas. Para 2025 se incluyó por primera vez el polo, un deporte que “construye puentes entre la Argentina y Qatar, por la tradición con el caballo que une a ambas naciones”, según las autoridades, que remarcaron la intención de “fortalecer lazos entre nuestro país y otros, mediante el arte, la innovación, el patrimonio y el diálogo intercultural”.
Buenos Aires venció apretadamente en el duelo con Santiago. Y al día posterior, los dos exponentes de Sudamérica, con miembros qataríes en sus filas, quedaron eliminados a manos de los equipos “locales”, Doha y Lusail. Este último nombre es el de la localidad del norte de Qatar donde Lionel Messi y sus compañeros ganaron el Mundial de fútbol hace tres años. Ambas “capitales” protagonizaron una emotiva final, de ida y vuelta, con goles muy aplaudidos. El triunfo fue de Lusail, compuesto por los Laulhé, padre e hijo, y Bader Al-Marri. Pero, más allá del anecdótico resultado y los puestos finales del cuadrangular (1°, Lusail; 2°, Doha; 3°, Santiago, y 4°, Buenos Aires) en la versión inaugural de Polo Almarsa, ganaron todos: jugadores, público, dirigentes y autoridades. Porque el polo tuvo una gran aceptación.
Pablo Mac Donough, la principal figura del torneo, dijo para LA NACION: “Es la primera vez que vengo a Qatar y la verdad es que me sorprendió. Me sorprendió gratamente el nivel de amabilidad de la gente. El país, impecable; lo imaginaba prolijo, pero no tanto. No estuve mucho tiempo, apenas tres días, pero por lo que vi y sentí fue una experiencia muy buena. En cuanto al polo, por ser la primera vez, estuvo muy bien. Ojalá crezca y hagan más cosas. Estuvo bueno haberle mostrado con esta cancha a la gente de acá, que se portó muy bien, de qué se trata el polo. Y la idea con nuestra presencia es ayudar a promover esto y seguir viniendo”.
La ceremonia de premiación clausuró los tres días de polo y contó con la asistencia estelar de su excelencia la jequesa Al-Mayassa bint Hamad bin Khalifa Al-Thani, figura relevante del arte y la cultura de Qatar, a cargo del programa Años de Cultura. La hermana del emir, su alteza el jeque Tamim bin Hamad Al-Thani, entregó el trofeo al subcampeón del cuadrangular y remarcó la competitividad creciente del polo. Luego, recibieron galardones las yeguas Atracción Fatal, utilizada por Mac Donough, y Tumba, montada por Beltrán Laulhé.
El arribo del polo a Doha se complementó con otras actividades en el predio: exhibiciones de arte con muralistas de Argentina y Chile trabajando en el momento, creaciones artesanales inspiradas en la tradición ecuestre, y exposición y venta de productos argentinos importados a Qatar, como dulce de leche, yerba y alfajores.
Con la entrega del último premio se cerró el certamen. Eran las cuatro y media de un sábado, pleno atardecer. Adentro eran consumidos los últimos bocaditos y se extinguían las últimas conversaciones, y afuera, el público esperaba los carritos de golf para dirigirse a Mina y Puerto Viejo, a unos cinco minutos de distancia. El sol comenzaba a despedirse, a la hora de siempre, sea invierno o verano. Todos los invitados se marcharon una sonrisa, un gesto de disfrute. Quien no conocía el polo tuvo una muestra tangible de su espectacularidad, y quien ya lo había visto en alguna otra parte sintió satisfacción por tenerlo ahora en su tierra.
Con semejante tradición equina, y habiendo surgido este juego tan cerca y hace tanto tiempo, no era posible que Qatar no tuviese referencias concretas del polo. Ahora las tiene. El polo llegó a Qatar. Y tiene la intención de quedarse para siempre. Donde hay años de tradición. Años de cultura.
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