Domador: "Polito" Ulloa, el hombre que se entiende con los caballos

Un apasionado que fabrica cracks de polo con "más sensibilidad que imposición"
Emiliano Lasalvia
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5 de diciembre de 2014  • 09:43

El amor recíproco de Polito Ulloa por los animales
El amor recíproco de Polito Ulloa por los animales Fuente: LA NACION - Crédito: Emiliano Lasalvia

La franqueza con que Carlos María Ulloa , "Polito", contesta las preguntas transmite esa solidez que se gana con el tiempo. Apila cuatro décadas de su vida entregadas a la doma, con caballos famosos en su haber (entre ellos, Cuartetera, de Adolfo Cambiaso ), pero con un capital mucho más importante: el amor a estos animales, que trascendió los designios familiares. Bisnieto de Gastón Peers, ganador del Argentino Abierto en 1901; hijo de abogado y polista; padre de cuatro chicos (de los cuales los tres varones juegan al deporte de los tacos y las bochas), Carlos estudió en Buenos Aires, pero toda su vida estuvo vinculado con el campo, donde su curiosidad y su admiración lo llevaron a relacionarse con la gente de a caballo, aprendiendo la esencia de la doma.

Considera un "don" el manejo que tiene de los animales, pero valora muchísimo la experiencia que le dieron los años para conocer y entender esta actividad. Tras una hora de charla en sus caballerizas de la bonaerense Lincoln, a 300 kilómetros de la gran ciudad, dice: "Es muy difícil explicar la doma. Mi mujer [Mónica Isla] explica mejor que yo lo que hago. Te diría que esto tiene más que ver con la sensibilidad que con la imposición...". Y es cierto: cuando se lo ve al trote con los redomones, no hay violencia. Esa comunión entre jinete y bestia es la necesaria para el polo, la disciplina ecuestre en la que más conocido es.

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Ponerle números a lo que "Polito" hace sería un contrasentido. Su filosofía se basa en la gran memoria que tiene el caballo; por eso él apuesta por el largo plazo y la enseñanza gradual: todos los días un poco, sin forzar nada, ya que la misma capacidad que ellos tienen para fijar lo bueno está también para registrar y conservar lo malo.

Para Ulloa, un caballo bien domado es el suave de boca, que no necesita más que un filete para ser manejado. Y un buen domador, el que de un lote de caballos saca iguales a todos. Le gusta domar a campo, utilizando los pingos en las tareas cotidianas como para que vayan perdiendo el miedo, cuestión de que a la hora de jugar en una cancha, unos años después, puedan pechar, imponerse. Le gustan "los caballos corajudos". La doma comienza cuando le traen los potrillos de alrededor de dos años y medio, llamados "chúcaros". El animal que está en la primera etapa del proceso es el redomón, y se le corta las crines dejándole un mechón característico por tradición. Cuando la doma está avanzada, el animal pasa a ser el "redomón corriente", y cuando ya se encuentra domado, se denomina "caballo". Si la doma fue defectuosa, se le dice "sancochado".

El sistema de "Polito", amoldado a la gran demanda que tiene, consiste en montar todos los días los lotes de caballos durante cuatro meses, dejarlos descansar dos meses y luego volver a montarlos. Y la enseñanza de los giros, la parada y el recule, y de aceptar el filete y la montura, tarda entre seis y diez meses, aunque Ulloa admite que cada animal tiene su "personalidad" y sus tiempos. "Es fundamental la prudencia, que, para mí, es la mezcla de inteligencia y paciencia", advierte. Y sí: su mirada y su andar transmiten esa paz.

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