El polista que nació en San Isidro, juega por Estados Unidos y llegó a la Triple Corona recién a los 35 años

A los 35 años, Nicolás Roldán cumplió el sueño de dos décadas de jugar el Abierto de Palermo.
A los 35 años, Nicolás Roldán cumplió el sueño de dos décadas de jugar el Abierto de Palermo. Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri
Xavier Prieto Astigarraga
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11 de diciembre de 2018  • 23:05

Nicolás Roldán nació en San Isidro en 1982. Como todos, no recuerda esos primeros tiempos de vida extrauterina, pero tampoco sus primeros años en Argentina. Más bien: no los tuvo, no los vivió en el país. A pocos meses de tener al bebé, a su papá le salió una oportunidad laboral en Estados Unidos y hacia allá fue la familia. No era un lugar nuevo para Raúl, ese padre polista de 30 años que llegaría a tener 6 goles de handicap, porque allí había conocido a una alemana de Hamburgo y se habían casado. Y entonces Wellington (condado de Palm Beach, en Florida), que tiene el centro de polo más importante de aquel país, se volvió la nueva casa del bonaerense recién nacido.

Nicolás pasó a ser "Nic", y el inglés, su lengua materna. Recién a los 15 o 16 años Nic empezó a visitar asiduamente su tierra natal pero no de crianza. A esa altura ya se embelesaba con el deporte de los tacos y las bochas. Iba a Palermo y se deleitaba mirando a Adolfo Cambiaso, a los Heguy. No hinchaba por ninguno en particular; simplemente disfrutaba a todos esos "cracks". Y anhelaba. Anhelaba hacer un día lo que hacían ellos, esos monstruos de fines de los noventas a los que admiraba. Quería ser protagonista del Campeonato Argentino Abierto, el mejor torneo del planeta.

Y veinte años no son "nada"; son mucho. A Roldán le costó cumplir el deseo, pero lo hizo. Acaba de culminar su primer Abierto de Palermo, con un correcto papel personal y con La Albertina ya clasificado para participar en 2019, en La Catedral y también en Hurlingham. "Es lo que queríamos, cumplimos el objetivo. Fue una temporada linda. Estoy contento, por la caballada, por la experiencia, por todo. Ahora hay que planear para el año que viene", comenta a LA NACION. ¿Qué pasó en medio? ¿Por qué tardó tanto en llegar? Pues, en todos estos años Nic anduvo trabajando... de polista.

Los polistas trabajan de jugadores; alguien los contrata para ser parte de su equipo. Y él tuvo la suerte de poseer siempre "buenos laburos", según dice en un español al que apenas se le nota que no fue el idioma dominante de su niñez. Esos contratantes fueron varios de los grandes patrones del polo estadounidense: Bob Daniels (de Pony Express, conjunto que Nic compartió con Gonzalo Heguy), John Goodman (Isla Carroll), los Johnston (Coca-Cola y Skeeterville). Desde hace unos cinco o seis años Roldán se desempeña también en Inglaterra, donde este año consiguió su máximo lauro: la Copa de la Reina, junto a Facundo Pieres y bajo el padrinazgo de Michael Bickford, el dueño de La Indiana.

Estuvo trabajando en todo este tiempo, entonces, el hoy treintañero. Incluso defendió la camiseta de Estados Unidos en alguna serie frente a Inglaterra, porque él se siente eso, "americano". Ahora es empleado de otros prominentes patrones estadounidenses, Marc y Melissa Ganzi (Audi), de quienes espera una ayuda crucial para el futuro: que se dispongan a "bancar" –en el uso del lunfardo Roldán es más Nicolás que Nic– la caballada que él necesita para lograr cierto éxito en la Argentina, la meca de este deporte. Porque él no tiene nada acá. Ni campo, ni familia de polo, ni cría, ni montados, ni organización. Sí la posee en Estados Unidos e Inglaterra, donde luce 8 de valorización, pero "montarse en tres lugares es casi imposible", y por eso debió salir a alquilar equinos (a Los Machitos, de Mariano Aguerre, y a Luis Guzmán) para presentarse decentemente en la temporada alta de Buenos Aires, con 7 tantos de handicap.

Lo invitó su amigo Francisco Elizalde para integrar La Albertina, en una posición en la que él nunca había actuado: la de primer delantero. "Venía jugando de 2 o de 3, chocando y abriendo juego para otros. De 1, teniendo que hacer goles y armar jugadas, fue la primera vez en mi vida. En este puesto siempre hay que estar moviéndose. Tengo que aprender de Pepe [Heguy], Bauti [Heguy], Cambiaso. Es difícil, muy difícil. Pero está gustándome, ¿eh?", apunta.

Nic es el número 1 de La Albertina; debió adaptarse a un puesto en el que nunca había jugado en el alto nivel.
Nic es el número 1 de La Albertina; debió adaptarse a un puesto en el que nunca había jugado en el alto nivel. Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri

Anduvo merodeando el circuito de máximo handicap durante varios años, sin ingresar del todo. En 2006, al día siguiente de cumplir 24 años, alzó la Copa Cámara de Diputados –un Abierto de Palermo B– con la camiseta de La Dolfina, de cuyo equipo A llegó a ser suplente en los torneos grandes. "Entre la Cámara y esto hay una diferencia impresionante. Todas estas organizaciones están desde hace años, con mucha plata invertida. Yo no estoy en ese nivel, pero pongo ganas para llegar", advierte Nicolás. Vaya si lo ha hecho. En 2017 tuvo intención de formar un conjunto B de Ellerstina, pero la idea no prosperó. Hasta que a mediados de 2018, a sus 35 años, recibió el llamado que había aguardado demasiado tiempo: el que le proponía ser parte de Tortugas, Hurlingham y Palermo, en este caso como jugador de La Albertina. Por cierto, con poco tiempo para prepararse para semejante desafío.

"Yo nunca había encarado la Triple Corona y quería tantearla. Era un sueño que siempre había tenido", se complace ahora, con la meta alcanzada, y mucho más afianzado que cuando debutó en Tortugas con una paliza de ¡18 a 4! por parte de Las Monjitas. Vaya bienvenida a la crème de la crème. Sudor, dinero y más derrotas que victorias le costó esta temporada de estreno en la elite mundial. Pero vaya si le retribuyó: compartir el Campo Argentino de Polo con los cracks –de ahora lo deslumbran Cambiaso, Facundo Pieres, Juan Martín Nero, Hilario Ulloa– le llenó el alma deportiva.

El sanisidrense, que pocos meses después de nacer pasó a vivir en Estados Unidos, preparándose para uno de los partidos de La Albertina en el Argentino Abierto.
El sanisidrense, que pocos meses después de nacer pasó a vivir en Estados Unidos, preparándose para uno de los partidos de La Albertina en el Argentino Abierto. Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio

"Tremenda experiencia jugar en estas canchas. Es un honor. Las miro y pienso «no puede ser. Juego en Inglaterra, juego en Palm Beach...», pero es cierto: acá las canchas son diferentes. Ni idea por qué. Todos dicen que son distintas y yo pensaba «nooo...». Y es cierto. Jugué la final por la copa Cámara acá, pero esto fue diferente. Seguro que es el Abierto de Palermo el que pone algo distinto a la cancha. Se juega contra los mejores equipos, los mejores caballos... Creo que es eso, sí", goza Roldán, que piensa permanecer un largo tiempo como protagonista en la elite.

A Buenos Aires vino a verlo su papá, el mentor de todo esto. Lo disfrutó un par de partidos en el Campo Argentino de Polo. "Ver a un hijo jugar acá es un orgullo para todos los padres", cree Nic, que, al cabo de 20 años de contenerse las ganas de ser parte del segmento premium del polo, llegó. Dos décadas le tomó recorrer los miles de kilómetros que hay de la esperanza a esta realidad, tantos como de Wellington a Palermo. Lo que cuesta, vale. Y por eso lo disfruta: "Es lindo jugar Tortugas y Hurlingham, pero esto es diferente. El sueño es estar acá. Y estoy acá".

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