Facundo Sola, la muerte de su padre también polista y cómo lo recuerda cada día: "Unía a la familia, la hacía más feliz"

La versión de campo de Facundo Sola, bien como era su padre Rubén
La versión de campo de Facundo Sola, bien como era su padre Rubén Crédito: @facu_sola
Claudio Cerviño
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30 de abril de 2020  • 09:00

"Fue el peor día de mi vida".

Facundo Sola, 30 años, polista de profesión (9 de handicap), pero sobre todo gente de buena madera, encabeza una tropilla en su campo en Washington, al sur de Córdoba. Lo acompaña en el caballo su sobrino-ahijado Silvestre Acuña Sola, próximo a cumplir dos años. Una rutina a la que el pequeño ya estaba acostumbrado cuando, boina roja incluida como la que solía llevar su abuelo Rubén, en distendidas jornadas campechanas.

"Acá era Rubén en su estado natural. Lo extraño cada día. Enormemente", confiesa Facundo en medio de una cuarentena particular, distinta, melancólica. Atrás quedó el sentido homenaje familiar en el campo realizado en diciembre pasado, todos a caballo y vestidos como solía pasearse Rubén: con los bombachones y la boina.

Facundo volvió hace unas semanas de Dubai, donde cumplió con compromisos profesionales, y se instaló en el reducto familiar donde desde la adolescencia cobijó sueños con su padre. Ese faro que guió cada paso de su vida. En tiempos de confinamiento, ante una pregunta en Instagram de la cuenta del fotógrafo Snoopy "¿A quien querés abrazar?", Facundo respondió con una foto en la que está abrazado con su padre y el mensaje "A mi viejo".

Facu es el varón de la casa, hermano intermedio de Delfina y Rosario. Y la debilidad de Rubén, Rubencito o Rubencho Sola, como se lo conocía al entrañable hombre de campo y también polista fallecido a los 55 años por problemas cardíacos hace unos meses, tras descomponerse en la cancha 2 de Palermo, mirando por última vez a su hijo en el partido que Las Monjitas le ganó a La Natividad por el Abierto de Palermo. Un hecho conmocionante, que sacudió no sólo al ambiente polístico.

Aquel video de Rubén con Silvestre en el auto

-Hace unos días posteaste en Instagram una foto con Rubén y el mensaje "Te extraño hermano". Ese campo es un lugar muy especial.

-Acá era él, Rubén. Son momentos bastantes duros. Lo recuerdo en el día a día laburando. Bueno, no era mi papá: yo le decía hermano. Era mi papá, mi hermano, mi amigo, mi mentor, mi profesor. Mi mayor crítico. Nosotros éramos otra cosa. No le voy a quitar a ningún padre e hijo su relación, pero te juro que la relación con mi viejo era diferente, no era normal. Veo relaciones de padre e hijo en las que se terminan peleando, que uno arma una empresa y el otro la suya, o que son familia un domingo, un fin de semana o en vacaciones, y yo con mi papá... Nos recontrapeleábamos y a los 20 minutos nos llamábamos y seguíamos adelante como si nada. Lo extraño permanentemente.

La selfie de padre e hijo y toda la picardía de una relación muy especial
La selfie de padre e hijo y toda la picardía de una relación muy especial

-¿Y por qué se peleaban? ¿Eran los dos de carácter fuerte?

-Sí, los dos de carácter fuerte. Él tenía sus ideas... y por ahí me recagaba a pedos. Me seguía desde acá, cuando yo estaba jugando en el exterior, y me llamaba porque veía detalles de mi polo que no le gustaban. Discutíamos, pero siempre tenía razón. Cuando me ponía a taquear, él estaba mirándome en la mitad de la cancha y me apuntaba cosas... Y no era hace diez años, ¿eh? Era el año pasado. Fue así una semana antes de morirse, incluso.

-Me acuerdo que te hacía practicar pelota paleta para mejorar el campo visual y las reacciones instantáneas.

-Sí, jugábamos juntos. Era un perfeccionista. Después, cuando tuvo el primer episodio cardíaco y le pusieron los stents, ya no jugamos más a la paleta. Siempre me inculcaba todo lo que fuera ejercicios de coordinación, me remarcaba de su importancia para mejorar como deportista.

-Ese día del partido con La Natividad, en el final, se produjo un contraste muy grande porque... ¿Qué te acordás?

-A veces quiero ver ese partido... Nunca lo pude ver. Me dijeron que salió un partidazo, que el final con todos los jugadores saludando a la gente fue muy lindo... No quiero ni recordarlo. Fue el peor día de mi vida. Que pasara justo en ese momento, en la cancha, con toda mi familia ahí... No puedo ni recordarlo.

"A mi viejo", la respuesta de Facundo a la pregunta "¿a quién querés abrazar?" después de la pandemia
"A mi viejo", la respuesta de Facundo a la pregunta "¿a quién querés abrazar?" después de la pandemia Crédito: @facu_sola

-A la semana del fallecimiento jugaron la semifinal con Ellerstina. Otro momento especialmente duro y con un final muy emotivo.

-Sí, hicimos un buen juego. Era un clima muy especial. Pude focalizarme en el partido, siempre con Rubén presente. Como que escuchaba su voz y sus consejos: "Vos tenés que jugar concentrado y pasarlos por arriba". Así me decía siempre. Y la recorrida final, con el aplauso de todos en las tribunas, resultó emocionante.

La despedida emotiva

-Esa, paradójicamente, fue también la despedida de Las Monjitas. ¿Te sorprendió el desenlace, con la salida de Hilario Ulloa hacia Ellerstina y la decisión del patrón Camilo Bautista de disolver el equipo?

-Sorprendido no. Se nos va un eje fuerte del equipo como Hilario, y al producirse la salida de un 10 goles no fue tan rara la decisión. Y a Las Monjitas como nombre quizá también le haya venido bien el proyecto de acompañar a La Natividad en 2020, producto del impacto que provocaron los Lolitos (los hermanos Castagnola). Ahora bien, sí quizá me tomó por sorpresa el hecho de que habíamos tenido dos temporadas buenas. El año pasado teníamos otros objetivos, como clasificarnos a una nueva final de Palermo, pero cuando jugás contra equipos muy bravos te puede pasar de no llegar. Terminar así esta etapa te provoca cosas, te duele un poco, pero puede suceder. Por algo pasa.

-Junto con Ulloa y con el Sapo Caset se fueron un año de Alegría para encarar con Las Monjitas un proyecto superior. Dos años después Hilario se fue a Ellerstina. ¿Toman esas decisiones como algo natural o te queda algún resquemor por pensar "pucha, por qué no seguimos un año más"?

-Me hubiese encantado seguir un año más con ese equipo de Las Monjitas. El equipo estaba muy sólido, era muy bueno. Pero le salió una muy buena oportunidad a Hilario y la tenía que aprovechar. Como cuando a mi me llamaron de Alegría y tuve que abandonar a Alfredo Cappella Barabucci y a los dos Toccalino en el equipo de Washington. Son elecciones, sueños que uno tiene, y por ahí tenés que dejar de lado otras cosas. Hilario dejó un equipo bueno también. Ellerstina es una organización muy fuerte desde hace años. Cuando uno es chico y le preguntan en qué equipo te gustaría jugar, dice Ellerstina. Así que lo entiendo.

Facundo Sola y Alfredo Capella Barabucci volverán a ser compañeros en 2020
Facundo Sola y Alfredo Capella Barabucci volverán a ser compañeros en 2020 Crédito: Daniel Jayo

-¿Cuánto te entusiasma el nuevo proyecto, con el Sapo Caset, Francisco Elizalde y Alfredo Cappella Barabucci? No tiene nombre el equipo todavía.

-Me encanta. Todavía no está el nombre, sí, pero me encanta el equipo. Tenemos una base fuerte. Con el Sapo venimos jugando juntos hace tres años. Lo veo a Fran Elizalde con una mentalidad impresionante, hace tres años que está muy sólido y se organizó muy bien en todo el mundo. Tiene rasgos parecidos a Hilario: anda a fondo, no levanta en ninguna. Y me gusta volver a jugar con Capella, que es amigo mío. Tiene grandes golpes y le sobran ganas y entusiasmo. Estoy muy contento con el proyecto. Lo veo muy divertido. Este último tiempo no la estoy pasando muy bien y cuando se terminó de confirmar el equipo, lo que más me gustó fue la onda que tiene y saber que la vamos a pasar muy bien.

-Les toca una zona dura en Palermo...

-¡Mierda, bravísima! Nos toca La Natividad y La Dolfina. Vamos a tener que prepararnos bien.

-¿Cómo ves esta temporada en sí, más allá de lo que estamos viviendo por el coronavirus?

-Todavía no podemos pensar demasiado. Los caballos tienen que seguir con sus rutinas, nosotros tenemos que organizarnos mejor, pero tampoco podés planear mucho, porque como está la gente, como está el mundo. Se están muriendo muchas personas por día. Uno está bien acá en el campo, pero hay gente que la está pasando muy mal. No podés ser egoísta y pensar en el polo. Es muy poca gente la que vive de ésto. Hay que ser consciente de la realidad del mundo. Esperar si hay que esperar, ayudar si hay que ayudar.

-¿Creés que podría no jugarse la Triple Corona?

-No, no creo que se llegue a ese extremo. Faltan cinco meses. Imaginate que ya están planeando jugar en Inglaterra porque dicen que ahi en junio se mejora todo. Para septiembre falta mucho. Por ahí la Triple Corona empieza en octubre y termina el 20 de diciembre. Pero no creo que haya problemas para jugar la temporada acá.

-¿Tenés que ir a Inglaterra ahora en junio?

-Sí. Si se juega voy.

-¿No te da temor?

-No, para nada. Se supone que si lo autorizan, es porque estarán dadas las condiciones. El polo puede desarrollar su programación sin peligro. Donde vamos estamos en el campo, al aire libre, no nos juntamos con nadie, somos los mismos de siempre. No es como el fútbol, que por ahí te mueve 50.000 personas, 100.000 personas. En el polo, decís no entra nadie y ya está: somos nosotros y los que laburan con nosotros. Es el deporte que menos contacto tiene.

El homenaje familiar en el campo a Rubén Sola, en diciembre pasado
El homenaje familiar en el campo a Rubén Sola, en diciembre pasado Crédito: @facu_sola

-Vuelvo a Rubén. Él ya había tenido un episodio cardíaco.

-Sí, le habían puesto unos stents un año antes, porque tenía tapada una arteria.

-Pero se seguía haciendo malasangre.

-Sí. Pero el loco la vivió impresionante, ¿eh? Sí, se murió a los 55, rependejo. Pero cuando vos pasabas un día con él, decías: "Este flaco la está viviendo impresionante". Por suerte nunca me quedé con nada adentro y en deuda con mi papá, siempre le agradecí por todo. Por cada momento, por lo que hizo por mi y por la familia. Pero él vivía para mi. Te juro que era así. Y nunca lo sentí como una carga. Era un loco tan lindo que no tengo palabras.

-¿El mayor legado que te deja cuál es?

-El laburo. Ser profesional y no aflojarle nunca. Perseverar. El flaco no se rendía jamás. Le encantaban los nuevos objetivos y me lo transmitió. Estar pendiente de los caballos. El amor a lo que hacemos nosotros, a la familia, a la unión. Unía a la familia, la hacía más feliz. Todo el día.

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