En el nombre del padre: Palermo le regaló a Facundo Sola una ovación individual de esas que rara vez entrega

Facundo Sola vivió una tarde especial en Palermo: luego de la muerte de su padre, jugó bien frente a Ellerstina y aunque no logró alcanzar la final fue aclamado por el público; en el pecho de su camiseta llevó las iniciales del nombre de Rubén.
Facundo Sola vivió una tarde especial en Palermo: luego de la muerte de su padre, jugó bien frente a Ellerstina y aunque no logró alcanzar la final fue aclamado por el público; en el pecho de su camiseta llevó las iniciales del nombre de Rubén. Crédito: Sergio Llamera
Xavier Prieto Astigarraga
(0)
9 de diciembre de 2019  • 09:00

Pocas veces en el Campo Argentino de Polo se aclama a un jugador en particular. Sucedió, por ejemplo, con Milo Fernández Araujo cuando se despidió de la Triple Corona, en 2006. Aquella vez, incentivado por su rival Bartolomé Castagnola, de La Dolfina, el tricampeón de Palermo por Indios Chapaleufú II hizo una suerte de vuelta olímpica, casco amarillo en mano y en alto, para saludar a las tribunas Dorrego y a las plateas.

Ocurrió este domingo, también. Por un motivo muy distinto: Facundo Sola había perdido a su padre, Rubén, una semana antes, por un paro cardíaco sufrido en el mismo predio, y no solamente salió a jugar allí en busca de la final del campeonato de polo más importante del mundo, sino que además fue uno de los dos mejores hombres de Las Monjitas en la caída por 11-10 a manos de Ellerstina. No se dio el objetivo deportivo, pero la emoción inundó al cordobés y al público en la cancha 1 de Palermo.

Sonó el último campanazo del partido, Facundo se saludó con los adversarios y su compañero Hilario Ulloa lo abrazó un largo rato. Y lo llevó a dar un paseo ante la hinchada de Las Monjitas, siempre a caballo, acompañados por Santiago Toccalino. Como Milo 13 años antes, Sola levantó el casco y galopó frente a aplausos y ovaciones. Su cara cambiaba a medida que lo invadían los sentimientos. Y él se señalaba el pecho: allí estaban escritas las iniciales del nombre de su padre, a quien una semana antes había acompañado en la ambulancia rumbo al sanatorio, con un panorama totalmente desalentador.

Esta vez era distinto. La pérdida empezaba a ser asimilada y los gritos brotaban desde las gradas. El delantero siguió, pasó por delante de la Dorrego central, giró y se fue hacia las plateas, brazo derecho en alto, índice al pecho, sonrisa, cuasi llanto, galope triunfal en la derrota, cariño anónimo desde miles de asientos. Pareció un homenaje al hombre de 55 años que lo había criado, y un agradecimiento por los innumerables mensajes de solidaridad y fuerza que había recibido en la semana.

Tantos, que hasta cambió de teléfono móvil -sin dejar de poseer el anterior, con una foto de Rubén como su avatar- para no desviarse de la meta deportiva: Facundo Sola quería volver a alcanzar la final de Palermo. Con el correr de las horas, el duelo fue dando paso al enfoque. En las reuniones con el resto del equipo, en las prácticas, por momentos el muchacho de 30 años quedaba como distraído, quizás con algún recuerdo ocupando la mente. Pero una vez que se conectaba, se embalaba.

Facundo Sola ante Pablo Pieres y la tribuna Dorrego central, que lo ovacionaría luego del partido.
Facundo Sola ante Pablo Pieres y la tribuna Dorrego central, que lo ovacionaría luego del partido. Crédito: Matias Callejo /AAP

En la presentación de los protagonistas del encuentro con Ellerstina ya fue el más aclamado. Nadie en Palermo, salvo extranjeros o improvisados, parecía desconocer lo que había pasado. Y Facu jugó bien. No tan involucrado en el fragor del desarrollo, pero cuando intervino, en general rindió. Marcó tres tantos de bocha viva -el mayor anotador, a la par de su tocayo Pieres-, y dos de ellos fueron golazos. "Para él debe de haber sido un partido difícil, una situación rara. Pero en la cancha se sintió bien al equipo. Estaba con ganas, como lo esperábamos. La gente lo alentó bastante y con respeto. Estuvo bueno", comentó Nicolás Pieres, su marcador durante la calurosa tarde palermitana.

Es cierto que aquellos buenos goles no le alcanzaron, a Facundo ni a Las Monjitas, y que la temporada se terminó para el conjunto y para su número 1. Pero luego del cimbronazo, la palmada de afecto masivo reconfortó. Esa imagen del abrazo con su hermana Rosario, recién bajado del caballo, será una postal agridulce de Palermo. Como aquella despedida de Milo, esta vuelta de honor de Facundo Sola se anota en las páginas más conmovedoras del Argentino Abierto sin necesidad de montarse al brillo de una gran victoria deportiva.

MÁS LEÍDAS DE Deportes

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.