La Dolfina toca cada vez más fuerte a las puertas de la historia más grande del polo

Nero, Mac Donough, Stirling y Cambiaso: seis años seguidos campeones de Palermo con La Dolfina
Nero, Mac Donough, Stirling y Cambiaso: seis años seguidos campeones de Palermo con La Dolfina Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo
Xavier Prieto Astigarraga
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17 de diciembre de 2018  • 00:42

Cuando hace tres años La Dolfina consiguió su tercera Triple Corona consecutiva, ingresó a un olimpo muy restringido. Dejó de lado el "usted" para referirse a los más grandes de la historia y empezó a tratarse de tú a tú con Coronel Suárez, con Hurlingham, con El Trébol y Venado Tuerto. Por cierto, a esa altura ya había superado en ciertas estadísticas a algunos de ellos, aunque en otras le faltaban todavía algunos logros para empardarlos. Van pasando los años y el club de Cañuelas sigue ahí, en la cúspide del presente, y cada vez más arriba en la mirada de todos los tiempos.

El 17-12 sobre Las Monjitas en la final del Campeonato Argentino Abierto fue fastuoso. El vencedor puso en la papelera de reciclaje los pronósticos que daban buenas posibilidades a la revelación de la temporada y, lejos de darle una chance real al equipo que aspiraba, con legitimidad, a una copa de la cual finalizó muy lejos, terminó volviendo a hablar con uno de su estatura. Con varios: de nuevo Suárez y Hurlingham, de nuevo los Harriott y los Heguy en el plano individual, fueron sus interlocutores. La Dolfina festeja en presente, pero al mismo tiempo le habla a la historia.

Y los monstruos del pasado ya comienzan a mirarlo con desconfianza, como creyendo que lo que parecía imposible, ser alcanzados en los números, pasa a ser factible para un club que goza del que varios rivales consideran "el mejor equipo de la historia". Doce conquistas del Abierto en total, ahora a apenas tres de Hurlingham, que hace tiempo parecía a años luz; sí sigue fuera de rango Suárez, con sus 25. Seis festejos sucesivos en Palermo, a la par de una seguidilla de Venado Tuerto (1944-1950, con el paréntesis de 1945, cuando no hubo certamen), y detrás de una serie de ocho (1974-1981) y otra de diez (1961-1970) de Suárez. Este monopolio 2013-2018 de Adolfo Cambiaso, David Stirling, Pablo Mac Donough y Juan Martín Nero era poco menos que impensado en una era en que los Pieres deberían haberle quitado más trofeos y quizás apareciera una tercera vía, como el propio Las Monjitas.

Adolfito rumbo a los palenques, iniciando un nuevo festejo
Adolfito rumbo a los palenques, iniciando un nuevo festejo Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo

¿Por qué parecían inviables semejante dominio, y sobre todo, esos números para la historia? Por estos tiempos modernos del polo, con más protagonistas en el alto nivel que hace cuatro y más décadas. Por las edades de los integrantes del cuarteto avasallante, que en 2018 bordean en promedio los 39 años, frente a formaciones al menos un lustro más jóvenes. ¿Y por qué ahora asoman nada descabellados registros? Porque los cuatro colosos no dan un resquicio como para pensar que lo mejor ya pasó.

Si había alguna incertidumbre sobre si mantenían a tope la motivación, algo sugerido días atrás por su propio director técnico, Milo Fernández Araujo, los fenómenos la alimentaron en los dos primeros chukkers de esta final, pero la despejaron, y con enorme autoridad, en el resto del encuentro. Si había alguna duda sobre su continuidad como cuarteto, la desterraron de plano con la enésima confirmación –mala noticia para el resto–. Y si cabía preguntarse cuánto les quedaba en el carretel con esas fechas de nacimiento en los documentos, pues uno en especial se ocupó de borrar a escobazos la incerteza. Justo el mayor, Cambiaso, a sus... 43 años.

Ya en la definición de 12 meses atrás había sido la figura, retrocediendo una década en su estilo de juego y, en medio de varios golpes y raspones, haciéndose cargo del ataque de su equipo en la segunda mitad de un partido que, de no tener ese Adolfito rejuvenecido, habría ganado Ellerstina (La Dolfina necesitó el golazo de oro con que resolvió el suplementario). ¿Último chispazo digno de premio al jugador más valioso de la final? Qué va. El Cambiaso magnífico de este domingo fue de ocho chukkers. Se despachó con 12 goles, y aunque siete fueron de penal, convirtió cuatro de 60 yardas –los más difíciles– altos, inatajables. Desde hacía rato no ejecutaba así el Nº 1. Ni hablar del primer tanto del partido, un lateral desde Dorrego con un remate de unas 100 yardas. Usualmente los saques como ese son tomados por el back; que se encargara el delantero habla de la confianza que se tenía.

Sin embargo, no todo La Dolfina estaba en esa sintonía en el inicio. Dejó jugar con espacio a Las Monjitas, que desbordaba de ganas y jugaba muy buen polo de pases, backhanders y tiros al arco. Como frente a Ellerstina siete días atrás, Guillermo Caset tuvo un comienzo descomunal, con goles y mano firme en penales cortos; el premio de máximo anotador del Abierto, con 47 tantos, a razón de 9,4 por partido, y con seis de ventaja sobre el propio Cambiaso fue un consuelo. Enorme Palermo por parte del número 3 de Las Monjitas, a sus 33 años.

Parecía que podía cumplir su obsesión de levantar The Championship Cup cuando el conjunto naranja se imponía por 6-3 en el tercer chukker de lo que hasta entonces era un partidazo de ida y vuelta. Pero Sapo deberá seguir esperando y trabajando para salir de esa corta lista de polistas de 10 de handicap que no figuran en la lista de campeones del Argentino. La Dolfina se conectó, llenó la batería de la estimulación y la concentración y ya no dejó zona sin ocupar, hombre sin marca. Si no estaba atrás Nero, cubría el fondo Mac Donough, pero todo lo de Las Monjitas debía ser luchado, cerrado, reintentado. Y a medida que el campeón aparecía cada vez más sólido (corrida de 6-0, primero, y parcial de 11-2 entre los períodos 3 y 6) y los jueces pitaban más faltas naranjas (17) que blancas (10) –discutido referato de los primerizos en finales José Ignacio Araya y Guillermo Villanueva, con muchas quejas de jugadores y público–, el retador quedando fuera de alcance. Al hambre le faltó focalización ante la adversidad y ya el séptimo chukker bajó el martillo: Palermo tenía nuevo campeón.

O viejo campeón. El mismo que se impuso en seis de los últimos siete años, que perdió un solo compromiso de sus 35 en el Campo Argentino de Polo (el desenlace de 2012) desde que se conformó esta alineación. Ese que vuelve poco menos que absurdas las proyecciones del alcance y la duración de su gloria.

La síntesis de la final

  • La Dolfina: Adolfo Cambiaso, 10; David Stirling, 10; Pablo Mac Donough, 10, y Juan Martín Nero, 10. Total: 40. DT: Milo Fernández Araujo.
  • Las Monjitas: Facundo Sola, 9; Hilario Ulloa, 10; Guillermo Caset, 10, y Santiago Toccalino, 8. Total: 37. DDTT: Eduardo y Marcos Heguy.
  • Progresión: La Dolfina, 2-3, 3-6, 6-6, 9-6, 11-8, 14-9, 15-10 y 17-12.
  • Goleadores de La Dolfina: Cambiaso, 12 (7 de penal); Stirling, 2, y Mac Donough, 3 (1 de penal). De Las Monjitas: Sola, 2 (1 de córner), y Caset, 10 (4 de penal).
  • Incidencias: en el 8º chukker fue amonestado Caset.
  • Jueces: José Ignacio Araya y Guillermo Villanueva (h.).
  • Árbitro: Martín Pascual.
  • Cancha: Nº 1 de Palermo.
  • Premio Gonzalo Heguy al jugador más valioso de la final: Cambiaso.
  • Goleador del torneo: Caset, con 45 tantos.
  • Premio Javier Novillo Astrada al espíritu deportivo: Nero.
  • Premio al mejor ejemplar de la final: Dolfina Cuartetera B09, de Cambiaso.
  • Jugador mejor montado de la final: Cambiaso.
  • Jugador mejor montado del torneo: Facundo Pieres (Ellerstina).

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