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Imagine que La Dolfina y Ellerstina están jugando el último minuto de la final de Palermo . Nada inusual. Igualan 12-12 y en la cancha 1 cuesta respirar, mientras los gritos dominan la escena. Tensión, sufrimiento. Imagine a Adolfo Cambiaso o a Facundo Pieres girando irreverentemente en sus 30 yardas frente al arco del tablero en vez de pegar backhander tablas, como mandan los libros y dicta la sensatez. Y en plena redondilla empiezan a pasar rivales, hasta quedar de frente con dirección a Avenida del Libertador. Tacazo largo, pasan al back rival y la yegua que vuela, dejando casi parada a la oposición. Rumbo a la gloria. Golazo que define el torneo más importante del mundo. Un gol que, hasta hoy, es casi imposible de equiparar. Por la genialidad, por lo que significó y porque decidió un campeonato. Goles espectaculares ha habido, y muchos, durante los últimos 30 años, y varios posiblemente los hayan convertido Adolfito y Facundo. Pero aquél, en la final de 1986, fue muy especial: le dio el primer título a Indios Chapaleufú y provocó la única derrota de un enorme equipo como La Espadaña en 7 participaciones en el Abierto, que conquistó en 6 oportunidades. Llegando a los 50 años, Marcos Heguy, el protagonista de ese capítulo memorable, el 13 de diciembre, junto con sus hermanos Gonzalo y Horacito, y con el Grandote Alex Garrahan como back, lo revive sin nostalgias. Casi que lo minimiza...
–¡Qué loco lo que hiciste ese día! Se cumplen 30 años. ¿Qué te sugiere a la distancia?
–¡Qué se yo! Terminé siendo protagonista por el gol ese raro, ridículo…
–¿Ridículo? ¿sí?
–Ridículo en el contexto, que se te ocurra hacer eso, que te salga. No tiene mucha lógica.
–Tenías que haber pegado un backhander...
–Yo no pegaba backhanders...
–¿Y qué te motivó inventar éso?
–A ver, tenía que salir de donde estaba y ver si podía salir para el otro lado. Fui decidiendo de a cachos… Y de repente empecé a ir para el otro lado… ¡y más ligero que todos!
–La Marsellesa era impresionante…
–¡Qué yegua! La podés comparar con alguna de las supersónicas de ahora, pero además te jugaba 3 chukkers enteros todos los partidos y no se cansaba nunca. Tenía algo más que el resto.
–No era la única que jugaba 3 chukkers.
–No, Gonzalo jugaba la Billonaria y Horacito la Bartola. Tres yeguas que venían jugando todos los partidos 2 chukkers enteros. ¡La Marsellesa jugó dos chukkers en el debut de Tortugas ese año! Y terminó jugando 3 las semifinales y final del Abierto.
–En el partido en sí, la primera repetición lo desestabilizó a La Espadaña porque lo obligó a cambiar la lista en el final.
–Las buenas las jugábamos en el 1°, 5° y 8°. En el 5° les metimos como seis goles y pasamos arriba. Y teníamos un chukker más con esos tres caballos. Los nuestros llegaron mejor al último.
–El equipo funcionaba bien: los garrotes de Garrahan y ustedes yendo para adelante.
–Sí. Ese título se dio así porque Horacito y Gonzalo ya jugaban más de la cuenta. Tenían 22 años, pero eran jugadores maduros. Armar un medio juego en ese momento no era fácil. Y por inoperancia para ocupar un puesto, inventé el de 1 moderno. Como no me salía jugar de delantero, jugaba como juegan hoy los N° 1. Hasta ese momento, nadie hacía eso: el 1 era 1, cada uno ocupaba su lugar. No lo inventé de genio: fue porque no me salía jugar de 1. Por eso podía pasar que metiera ese gol ridículo: porque yo tenía piedra libre.
–¿Te cambió en algo ese título?
–Me agarró muy joven…Tenía 19. Había terminado el colegio el año anterior. Había ido un rato a la Facultad y ya era campeón de Palermo. No me estaba ni dedicando al polo profesional.
–Siendo un poco el adelantado de los N° 1 de hoy podrías destacarte en este polo.
–¿En éste? No, no me divierte jugarlo y me divierte cada vez menos verlo. Para mi el polo está para hacer algo, hay que retocarlo.
–¿Qué harías?
–Lo que está arruinando al polo es cuando el que tiene la bocha, para y puede arrancar de vuelta. Todo eso genera lo que vemos: que choquen, que bloqueen. Empieza el trencito… Si al que para lo obligás a pegarle para pasarla, cambia todo. Ahí se mueren el trencito y la cortina: todos tienen que ir a buscar la pelota. A ése, el que la tiene, ya no vale la pena ni marcarlo. Básicamente que el que sujete esté obligado a pasar la bocha.
–¿Con eso solo solucionás todo?
–Bueno, después hay una estafa con el tema de los caballos mancos. Hay que aplicar el reglamento, que habla de “caballo manco”, y hoy el 99% de las veces que se va a cambiar caballo es porque están cansados, medio acalambraditos. Es un problema de la puesta a punto. Con esas dos cosas solucionás casi todo.
–¿Aquellos caballos de Chapaleufú ‘86 hubieran descansado hoy?
–Probablemente jugarían de a ratos: hoy nadie pone un caballo los 7 minutos. Antes, no jugar los 7 minutos un caballo era un fracaso. Un fracaso para vos, el petisero, tu organización. ¡Era una vergüenza! Si se te cansaba el caballo, eras el pelotudo más grande porque no te habías ocupado lo suficientemente bien de haber preparado un caballo para jugar 7 minutos.
–¿Hay una exageración con eso de cambiar?
–La complicidad de los referís en eso es perversa. Es perverso que los referís toquen silbato cuando el reglamento marca otra cosa. Tocan pito porque se le cansó a uno y los rivales dicen que “está bien, que cambien”. Lo hacen porque también les pasa a ellos y quieren cambiar. ¿Querés cambiar? Andá, cambiá, es tu problema. No le pidas al referí que te ayude a solucionar tu incapacidad. Ocupate vos solo.
–¿Estás clonando?
–No, no sé porqué no me gusta. Me gusta criar, las combinaciones. El clon es una repetición boba. Para un criador es bobo. Siempre me planteo: ¿cómo hago para combinar esto? Tengo mil opciones de padrillo, estás condiciones las quiero combinar con estas. Combinás y elegís. El clon parece bobo: repetís, repetís, dale otra. No me divierte como criador. Ahora, que funcionen o no funcionen es otra cosa. Evidentemente no son iguales, son distintos. La Cuartetera era muy buena. No sé si los clones son tan buenos como la original. Pero cuando tenés todo ese condimento genético, la versión mala también rinde. A los clones los vería con un poco más de benevolencia para el caso de un padrillo que se haya muerto. El clon me deja sin lo que me divierte, que es ponerme a pensar cómo saco un caballo mejor. En esto de combinar, te deja como anestesiado: no tenés que pensar más.
–La Dolfina arriba, Ellerstina ahí. Alegría que amenaza. El resto en la búsqueda de cómo mejorar. ¿Qué mirada tenés del polo en general?
–Hoy los únicos que compran son los de arriba. Entonces unos siguen subiendo y los otros pierden nivel. La brecha está gigantesca. La única tendencia es que se agrande la grieta. A los más chicos les cuesta más conseguir un laburo y caballos, los presupuestos se achican. No va a existir más un Chapaleufú que debute en Palermo y le gane a un Santa Ana campeón por 9 goles. ¡Si hoy, con Lía Salvo, le ganan a un equipo fuerte! Calculá lo que le falta al resto para ilusionarse


